El valor taxonómico del hallazgo es considerable: no se trata de una nueva especie dentro de un género ya conocido, sino de un género completo hasta ahora no descrito, algo infrecuente en la zoología de mamíferos contemporánea. La creación de un género nuevo implica que el animal no encaja en ninguna de las categorías ya establecidas dentro de su familia, lo que obliga a los científicos a definir una rama taxonómica propia. Según la investigación del CONICET y el Museo Argentino de Ciencias Naturales, el roedor forma una rama evolutiva completamente independiente dentro del árbol genealógico de los mamíferos sudamericanos.
El animal, pese a su apodo popular de «rata gigante», es descrito por los propios investigadores como un ejemplar de tamaño mediano a grande dentro de los estándares de su familia, con un cuerpo robusto de entre 32 y 36 centímetros de longitud total. Su peso, sin embargo, resulta llamativamente bajo para sus dimensiones: entre 110 y 120 gramos en ejemplares adultos. Su lomo presenta un color gris parduzco, más oscuro en la zona dorsal, con un vientre de tono blanco cremoso separado por una línea de contraste marcada. La cola, larga y bicolor, oscura por arriba y clara por abajo, y una mancha clara de pelo detrás de las orejas completan una fisonomía que, según los investigadores, recuerda al rostro de «un viejito».
El roedor habita en exclusiva las laderas rocosas y los paredones escarpados de la Sierra de Guasapampa, dentro del Chaco Serrano cordobés. Su agilidad para moverse entre las piedras y esquivar a los depredadores le ha valido el apodo de «acróbata de las rocas». Su dieta se basa casi por completo en bromelias, plantas arbustivas y espinosas que crecen directamente sobre la roca y que le proporcionan tanto alimento como agua en un entorno seco donde otras fuentes de hidratación escasean.
El nombre científico elegido, Apnoctomys conicetorum, condensa la historia del hallazgo. La partícula «Apn» remite a la Administración de Parques Nacionales de Argentina, ya que el primer ejemplar se detectó dentro del Parque Nacional Traslasierra. «Octomys» conecta el género con la familia Octodontidae, cuyo nombre deriva de la peculiar forma de ocho que presenta el desgaste de sus molares, un rasgo diagnóstico en la clasificación de roedores. «Conicetorum» rinde homenaje al CONICET, el principal organismo público de investigación científica del país, y a los científicos que lideraron el estudio.
El proceso de confirmación se prolongó a lo largo de más de dos décadas, un plazo que ilustra la lentitud habitual de la taxonomía de campo cuando se trabaja con especies esquivas en hábitats de difícil acceso. Los primeros indicios no procedían del laboratorio, sino de relatos de pobladores locales que describían un roedor veloz viviendo entre las rocas, sumados a restos óseos hallados previamente en yacimientos arqueológicos y paleontológicos de la región. Esa combinación de indicios llevó a un equipo multidisciplinar de biólogos, arqueólogos y paleontólogos a organizar expediciones específicas en 2023, con escaladas de paredones y rastreo de refugios ocultos entre las grietas de la sierra.
La captura de ejemplares vivos se realizó mediante trampas especializadas, cebadas con alimento y colocadas junto a los senderos rocosos o cerca de las bromelias de las que se alimenta el animal, un método estándar en estudios de mastozoología de campo. Ya en laboratorio, los análisis morfológicos permitieron confirmar la forma singular del cráneo y el patrón de desgaste dental característico de la familia Octodontidae. El dato definitivo llegó, sin embargo, de la secuenciación de ADN: reveló que la línea evolutiva del animal se separó de la de su pariente más próximo, la rata vizcacha colorada, hace unos 4,2 millones de años, un aislamiento prolongado que mantuvo oculta la especie en Córdoba durante todo ese tiempo.
Argentina cuenta con una tradición consolidada en el estudio de roedores sudamericanos, un grupo taxonómico especialmente diverso en el continente y que incluye familias como los Octodontidae, los Ctenomyidae o los Caviidae. El país, a través del CONICET y de instituciones como el Museo Argentino de Ciencias Naturales «Bernardino Rivadavia», ha descrito nuevas especies en décadas anteriores, aunque la identificación de un género completo nuevo es un hecho considerablemente más infrecuente. En lo que va de siglo, la mayoría de las nuevas descripciones de fauna corresponden a insectos, anfibios o reptiles, más numerosos y de menor tamaño corporal, lo que subraya la excepcionalidad de un mamífero.
El propio proceso de descripción de una nueva especie o género exige, según los estándares de la taxonomía zoológica, el depósito de ejemplares tipo en colecciones de referencia y la publicación detallada de los criterios morfológicos y genéticos empleados en una revista científica revisada por pares. Esos pasos, junto con la posterior validación por parte de otros grupos de investigación especializados en mastozoología sudamericana, determinarán la aceptación definitiva de Apnoctomys conicetorum por parte de la comunidad científica internacional.
La Sierra de Guasapampa y el Parque Nacional Traslasierra, bajo la jurisdicción de la Administración de Parques Nacionales argentina, quedan así señalados como un enclave de biodiversidad todavía no completamente documentado. El hallazgo podría motivar nuevas expediciones y estudios de conservación centrados en el estado poblacional de la especie, cuya distribución restringida a un único macizo rocoso la convierte, a priori, en un candidato a evaluación de su grado de amenaza.

