El calendario legal ya marca el primer paso: desde el 1 de enero de 2027, la ley 27/2011 —aprobada durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero— elevará la edad ordinaria de jubilación a los 67 años para quienes no acrediten un mínimo de 38 años y seis meses cotizados. Quienes alcancen esa cotización podrán seguir retirándose a los 65 años cobrando el 100% de la pensión, en una fórmula que prima la carrera laboral larga frente a la edad cronológica.
Bernardos sitúa el problema de fondo en la combinación de tres factores: el aumento de la esperanza de vida, la baja natalidad y las elevadas tasas de paro que históricamente ha registrado España. A su juicio, ese cóctel obliga a introducir ajustes en el sistema, aunque insiste en que no se trata de un escenario sin salida.
«Es absolutamente viable. Lo único que hay que hacer son algunos ajustes, que ya sea a trabajadores o a jubilados, no les gustarán», afirmó Gonzalo Bernardos, economista y profesor de la Universidad de Barcelona, en una intervención en La Sexta.
El economista matizó que su propuesta no pasa por recortar las prestaciones ya reconocidas a los jubilados. «De ninguna de las maneras estoy de acuerdo en que se baje la pensión a los jubilados», señaló, distinguiendo entre ajustar la edad de acceso al sistema y reducir las cuantías de quienes ya perciben una pensión.
El modelo alemán como referencia
El profesor puso como ejemplo el sistema que Alemania aplicará a partir de 2032, cuando expire el actual esquema que lleva la edad de jubilación a los 67 años para los nacidos desde 1964. A partir de entonces y hasta 2041, la edad de retiro alemana quedará vinculada a la evolución de la esperanza de vida, con un incremento calculado en torno a medio año por cada década, hasta llegar a los 70 años en 2092. Esa senda prolonga el camino abierto por la propia ley 27/2011, que escalonó la edad española desde los 65 hasta los 67 años a lo largo de quince años.
«Deberíamos retrasar la edad de jubilación, ya que ha aumentado la esperanza de vida y en la mayoría de los países europeos también se está haciendo», afirmó Gonzalo Bernardos.
Bernardos también puso el foco en el otro extremo del debate: el de los trabajadores de mayor edad que, pese a las reformas, desearían abandonar antes su actividad laboral. «Hay personas de entre 55 y 57 años que están hartas de trabajar y quieren jubilarse, pero no es posible», afirmó, subrayando la tensión entre el deseo individual de retiro anticipado y la sostenibilidad financiera del sistema público de pensiones.
El debate sobre las pensiones coincide con las elecciones generales convocadas para el 29 de noviembre, con la cuestión instalada en la agenda política y posiciones enfrentadas sobre si vincular o no la jubilación a la esperanza de vida. La discusión científica sobre ese horizonte conecta con otros frentes de la investigación biomédica española, desde los ensayos oncológicos que el Gregorio Marañón desarrolla en cáncer colorrectal hasta el impacto del alargamiento de la vida sobre las cuentas públicas.
Bernardos reiteró su respaldo a esa fórmula apelando a la tendencia internacional. «Yo sí estoy de acuerdo, por la sencilla razón de que se vive más tiempo y, por tanto, en todos los países del mundo está aumentando la edad de jubilación, como mínimo en los principales», explicó el economista.