La semilla de la novela surgió del documental 'Venus: confesiones desnudas', en el que cien mujeres relatan sus experiencias sexuales. Fue el desequilibrio entre la cantidad y la calidad de esos encuentros narrados lo que empujó a Zas a retomar un manuscrito que había empezado y abandonado en 2020, y que terminó convirtiéndose en 'Los años secos'.
La autora aborda la sexualidad femenina desde un ángulo distinto al habitual en la ficción contemporánea, que tiende a leer el desinterés como consecuencia de un hecho dramático.
«Cuando pensamos en una mujer que rechaza el sexo siempre pensamos en un gran trauma», ha declarado Raquel Zas, autora de 'Los años secos'.
Frente a ese automatismo narrativo, Zas plantea que el desinterés sexual puede tener raíces más cotidianas y menos dramáticas: el cansancio, la rutina, la presión social o la dificultad para distinguir el propio deseo del que se ha aprendido a representar. Esa indagación atraviesa buena parte del libro, en el que la autora dice haber reflexionado sobre «cuánto de lo que consideramos deseo es propio», una pregunta que traslada a Clara a través de su regreso al pueblo natal y del reencuentro con su entorno familiar y de amistad.
La novela no se limita a la esfera sexual: Zas utiliza el viaje de su protagonista para explorar también las diferencias de clase social y cómo estas condicionan las decisiones vitales, un asunto sobre el que la autora ha abundado al señalar que la clase decide, en buena medida, el margen que cada persona tiene para permitirse no saber qué hacer con su vida.
El tratamiento de estos temas convive con un tono que la propia autora reivindica como marca de identidad: la retranca gallega, un humor seco y distanciado que atraviesa la narración incluso en sus pasajes más íntimos.
'Los años secos' se suma a un momento editorial en el que el deseo, el cuerpo y la sexualidad femenina ocupan un espacio creciente en la narrativa en español, una línea que comparte terreno temático con Belmonte y Landaluce, autores de 'Corazón de sílex', 'thriller' sobre sumisión química, que aborda desde el género negro otra cara del control sobre el cuerpo femenino.
El punto de partida documental, con el testimonio de cien mujeres sobre sus experiencias sexuales, fue decisivo para dotar de verosimilitud al personaje de Clara y alejarlo de los arquetipos con los que la ficción suele resolver el silencio sexual femenino.