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Un experto vincula la crisis migratoria de Ceuta a una estrategia marroquí de «zona gris»

Samuel Morales, teniente coronel en excedencia, sostiene que la entrada y salida de decenas de miles de personas en agosto no fue espontánea, sino una presión calculada de Rabat

Por Redacción de El Hemiciclo·
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El teniente coronel de Infantería de Marina en excedencia Samuel Morales ha planteado que la crisis migratoria registrada en Ceuta a comienzos de agosto de 2026 —cuando, según sus cifras, alrededor de 70.000 personas cruzaron la frontera y cerca de 50.000 regresaron a Marruecos en apenas 48 horas— respondería a una estrategia deliberada de presión conocida como «zona gris», y no a un movimiento espontáneo de población.

La cifra que maneja el analista resulta llamativa por sí sola. Ceuta cuenta con una población de unas 80.000 personas, según los datos que él mismo cita, y habría recibido en un plazo muy corto un volumen próximo al de sus propios residentes, para después ver cómo la inmensa mayoría abandonaba la ciudad autónoma en menos de dos días. «Eso, en mi opinión, no parece un movimiento espontáneo», afirmó Morales, que descarta que decenas de miles de personas tomen «simultáneamente la decisión de entrar y, dos días después, simultáneamente la decisión de marcharse». Para él, esa sincronía en la entrada y en la salida es el principal indicio de un fenómeno inducido desde el lado marroquí de la frontera.

El experto sostiene además que existiría una correlación temporal entre las crisis migratorias en las fronteras de Ceuta y Melilla y episodios previos de tensión política entre Rabat y Madrid. «En el 85% de los incidentes migratorios que he estudiado, en los dos meses anteriores había habido una crisis», señaló, y añadió que en el resto probablemente también la hubo, aunque «de esas que se producen por debajo de la mesa». Es decir, gestionadas por canales discretos entre ambos gobiernos.

Entre las hipótesis que maneja para explicar el momento elegido, Morales cita la publicación de una investigación sobre el uso del programa espía Pegasus por los servicios de inteligencia marroquíes y el viaje del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a Argelia, país con el que Marruecos mantiene una disputa histórica en torno al Sáhara Occidental y con el que España tensó sus relaciones en 2022 al alinearse con la posición marroquí sobre ese territorio. «No creo que un país pueda condicionar dónde viaja el presidente de otro, pero los acuerdos sí pueden generar tensiones», matizó, sin decantarse por ninguna de las hipótesis.

Una segunda conjetura, expuesta por el propio Morales también con reservas, vincula la crisis con la organización del Mundial de fútbol de 2030, que Marruecos coorganizará junto a España y Portugal. Rabat estaría realizando «una inversión enorme» de cara a la cita y quiere «proyectarse como un país con una dimensión internacional mayor», según el analista, para quien la elección de Casablanca como sede de la final tendría «una enorme importancia simbólica», comparable a lo que Rusia hizo con Sochi en los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014. La posterior declaración de Sánchez, tras la final del Mundial de 2026 disputado en Norteamérica, sobre la posibilidad de que la final de 2030 se celebre en Madrid, «pudo ser un elemento de fricción», sostuvo, aunque insistió en que se trata de una conjetura.

Qué es la estrategia de zona gris

El concepto central de su análisis es el de «estrategia de zona gris», una categoría empleada en los estudios de seguridad para describir acciones que persiguen objetivos estratégicos «por debajo del umbral del conflicto» y que, por definición, «solo se puede dar en periodos de paz». Morales la compara con la técnica del «salami slicing»: «Lo que tú haces es ir cortando el salami poquito a poco, muy finito, y al final te lo has comido». Cada acción aislada no basta para justificar una respuesta contundente, pero la suma de todas termina alterando el statu quo.

Como ejemplo, el experto menciona la instalación de plataformas en aguas de soberanía disputada: «Yo te pongo una plataforma en aguas territoriales españolas y tú dices: ‘No voy a ir a la guerra por una plataforma’. Pero has perdido», resumió, porque «en el fondo, lo que hace es cambiar la delimitación de las aguas territoriales». En esa misma lógica encuadra las reclamaciones marroquíes sobre el llamado Monte Tropic, la inclusión de Canarias en discusiones sobre delimitación de aguas y la presión económica sobre el tránsito comercial en Ceuta y Melilla, cuyas aduanas comerciales terrestres permanecen cerradas desde 2018.

El analista diferencia esta noción de la de «guerra híbrida», un concepto más amplio que combina «métodos ortodoxos, militares, y métodos no ortodoxos» y que, a diferencia de la zona gris, se despliega «ya muy cerca del conflicto». Según Morales, Marruecos «no está todavía en la guerra híbrida»: subraya que no hay constancia de que Rabat esté intentando emplear a las mafias o redes de tráfico de personas como instrumento deliberado de presión, lo que situaría la actual controversia en el terreno de la zona gris. Para el experto, la clave del análisis es identificar el objetivo estratégico: «Si no se entiende la estrategia, no se puede contrarrestar lo que te están haciendo».

El marco jurídico que regula estas materias remite a los acuerdos bilaterales hispano-marroquíes de cooperación migratoria y al reglamento europeo que rige la actuación de Frontex en la zona. La disputa sobre la soberanía de Ceuta y Melilla, ciudades autónomas españolas desde 1995 y reclamadas históricamente por Marruecos, constituye el telón de fondo permanente de estas tensiones. El precedente más directo es la crisis de Ceuta de mayo de 2021, cuando unas 8.000 personas cruzaron la frontera en circunstancias similares tras la acogida en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali; más atrás, la crisis del islote de Perejil en 2002 se resolvió mediante mediación diplomática estadounidense.

El Ministerio de Asuntos Exteriores español no ha atribuido de forma oficial la crisis migratoria de agosto a una instrucción directa de las autoridades marroquíes. El Gobierno de Rabat, por su parte, ha reiterado en distintas ocasiones que el control de sus fronteras responde a criterios de gestión migratoria soberana y a la cooperación con la Unión Europea en la contención de flujos hacia el continente. Ninguna de las dos partes ha ofrecido una explicación pública detallada y conjunta sobre las causas del episodio registrado en Ceuta.

La relación bilateral entre Madrid y Rabat, marcada por ciclos alternos de cooperación y tensión desde la independencia de Marruecos en 1956, depende en buena medida de intereses económicos mutuos: España es uno de los principales socios comerciales de Marruecos y ambos países cooperan estrechamente en el control migratorio hacia Europa, un ámbito en el que Rabat ha demostrado capacidad para modular la intensidad de esa colaboración en función del estado de las relaciones políticas.

De cara a los próximos meses, el desarrollo de los preparativos conjuntos del Mundial de 2030, la definición final de la sede de la gran final y la evolución de la posición española sobre el Sáhara Occidental figuran entre los asuntos que, según el análisis de Morales, podrían seguir marcando el pulso de la relación bilateral. Entender la lógica de conjunto de las acciones marroquíes, concluye el experto, resulta imprescindible para que España pueda articular una respuesta diplomática y de seguridad coherente.

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