El diagnóstico compartido por las cinco firmas rompe con la lógica habitual de las citas electorales: ni siquiera un vuelco en el control del Congreso alteraría de forma inmediata el rumbo fiscal de Washington. J. Safra Sarasin Sustainable AM sostiene que, cualquiera que sea el resultado, el efecto sobre el ciclo económico, la Reserva Federal y los bonos del Tesoro sería relativamente limitado. Wellington Management va más allá al afirmar que las tendencias estructurales de la economía estadounidense sobrevivirán al resultado electoral, sea cual sea.
Generali AM, Safra Sarasin y Edmond de Rothschild coinciden en señalar el Congreso dividido como el desenlace más probable de los comicios. Generali apunta específicamente a una recuperación demócrata de la Cámara de Representantes por una mayoría estrecha. TwentyFour AM, en cambio, trabaja con la hipótesis de una victoria demócrata en ambas cámaras y centra buena parte de su análisis en las consecuencias que ese escenario tendría sobre la guerra de Irán, un factor que considera determinante para la renta fija. Wellington evita pronosticar un ganador y prefiere centrar el foco en lo que permanecerá invariable pase lo que pase en las urnas.
La firma recuerda además que incluso una eventual mayoría demócrata tendría dificultades para modificar con rapidez la política exterior diseñada por la Administración Trump, dado el peso de las atribuciones ejecutivas en esa materia y la inercia de los compromisos ya adoptados en el terreno diplomático y militar.
El déficit no bajará del 6% del PIB
El punto de consenso más robusto entre las cinco gestoras es que ninguna espera una consolidación fiscal significativa en Estados Unidos, al margen de quién gobierne. Safra Sarasin considera improbable cualquier corrección relevante de las cuentas públicas en los tres grandes escenarios que maneja. Generali AM sitúa el déficit de 2026 en torno al 6% del PIB, una cifra que mantendría a Estados Unidos muy por encima de los niveles previos a la pandemia, y advierte del riesgo de un enfrentamiento político en torno al techo de deuda, el mecanismo legal que limita el endeudamiento federal. Edmond de Rothschild coincide en anticipar un nuevo episodio de tensión presupuestaria en 2027.
Ese techo de deuda, fijado por el Congreso y que debe elevarse periódicamente mediante votación, se ha convertido en un instrumento de presión política recurrente entre ambos partidos desde hace más de una década. En el verano de 2011 la pugna entre la Casa Blanca de Barack Obama y la mayoría republicana de la Cámara llevó a Standard & Poor's a retirar por primera vez la máxima calificación crediticia a la deuda soberana estadounidense, y en 2023 un nuevo pulso volvió a rozar el impago técnico antes de un acuerdo de última hora.
Las cinco gestoras coinciden también en que la política monetaria de la Reserva Federal no quedará directamente determinada por el resultado electoral, aunque las elecciones sí pueden modificar las expectativas sobre la independencia del banco central y sobre futuros nombramientos en su cúpula. Safra Sarasin considera que el efecto electoral sobre los tipos de interés será limitado en un primer momento y que las rentabilidades de la deuda seguirán dependiendo fundamentalmente del ciclo económico y de las decisiones del organismo presidido por Jerome Powell.
Jerarquía de escenarios para los bonos
Ese consenso convive con una discrepancia notable sobre el comportamiento futuro de los bonos del Tesoro. Safra Sarasin establece una jerarquía de escenarios: una victoria republicana en ambas cámaras generaría mayor presión alcista sobre los rendimientos; un Congreso dividido tendría un efecto más neutral; y una victoria demócrata total sería, paradójicamente, el escenario relativamente más favorable para los bonos. Edmond de Rothschild coincide en esa lectura general, con subida de rendimientos en caso de continuidad republicana, estabilidad con Congreso dividido y una caída inicial de los tipos si ganaran los demócratas.
TwentyFour AM introduce, no obstante, una variable que podría desbaratar ese análisis: la guerra de Irán y la situación del estrecho de Ormuz, paso marítimo por el que transita una parte sustancial del petróleo mundial. Según esta firma, el comportamiento de los Treasuries podría depender mucho más del desenlace del conflicto en Oriente Próximo y de la inflación energética derivada de él que del propio resultado electoral estadounidense.
Tampoco existe consenso sobre el impacto en Wall Street. Safra Sarasin identifica un patrón histórico favorable para la renta variable tras las elecciones de medio mandato y sostiene que el bloqueo institucional no ha sido necesariamente negativo para las bolsas en ciclos anteriores. Edmond de Rothschild, en cambio, espera reacciones distintas según el escenario final: subida del S&P 500 si los republicanos mantienen el control, una posible caída inicial en caso de victoria demócrata y avances más limitados si el Congreso queda dividido. La idea compartida es que no conviene extrapolar de forma mecánica el resultado electoral al comportamiento bursátil.
El dólar tampoco cuenta con una dirección consensuada entre los analistas. Safra Sarasin contempla una posible debilidad de la divisa en el escenario de Congreso dividido, frente a un comportamiento distinto en los otros dos supuestos, lo que refleja la dificultad de anticipar el efecto cambiario de unas elecciones cuyo resultado aún no se conoce.
Wellington Management identifica un terreno en el que el consenso estratégico trasciende la pugna electoral: la competencia con China, la inteligencia artificial, los minerales críticos, la capacidad industrial, la defensa, la ciberseguridad, la seguridad energética y las cadenas de suministro. Son, según la gestora, tendencias estructurales que seguirán marcando la agenda de Washington con independencia de qué partido controle el Capitolio, aunque cada formación pueda aplicarlas con matices distintos en política comercial o en el trato a Pekín.
Ese trasfondo de rivalidad estratégica conecta con otros focos de tensión internacional que corren en paralelo al proceso electoral estadounidense, en una semana marcada también por las alertas de un posible lanzamiento de misil balístico norcoreano que Corea del Sur y Japón vigilan desde este sábado, episodio que ilustra hasta qué punto la seguridad en el Indo-Pacífico seguirá condicionando la agenda exterior de la próxima Administración, sea cual sea su color político.
Generali AM y Edmond de Rothschild sitúan en 2027, una vez constituido el nuevo Congreso surgido de las urnas, el próximo episodio de tensión presupuestaria en torno al techo de deuda y la trayectoria del déficit.


