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Almudena Cid sitúa Vitoria como su refugio emocional en verano

La exgimnasta, retirada en 2008 tras cuatro finales olímpicas consecutivas, reivindica su ciudad natal y el mar como espacios de desconexión.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Almudena Cid (Vitoria-Gasteiz, 1980), exgimnasta rítmica y una de las figuras más reconocidas del deporte español de las últimas tres décadas, ha explicado que su verano ideal pasa por volver a Vitoria, reencontrarse con sus padres y «sentir el verde» de su tierra natal.

Nacida en Vitoria en 1980, Cid comenzó a practicar gimnasia rítmica a los siete años en el club Arabatxo. Con solo 14 años ingresó en la selección nacional, un hito precoz que anticipaba una trayectoria que la llevaría a competir en cuatro Juegos Olímpicos consecutivos —un registro que, según su propio historial, ninguna otra gimnasta rítmica ha igualado hasta la fecha—, además de acumular ocho títulos de campeona de España absoluta.

Su impronta no se limitó a los resultados. Cid desarrolló un elemento de rotación propio, registrado en el código de puntuación internacional bajo el nombre de Cid Tostado, un detalle técnico que ilustra hasta qué punto su aportación trascendió lo competitivo para dejar huella en la reglamentación del deporte. En una disciplina tradicionalmente dominada por la escuela técnica de los países del Este, la gimnasta vitoriana se distinguió por una expresividad artística que la convirtió en referente para varias generaciones de practicantes en España.

Tras colgar el maillot en 2008, Cid afrontó el tránsito que experimentan numerosos deportistas de élite al finalizar su carrera competitiva: la búsqueda de una identidad y un propósito fuera del tapiz. Se formó en arte dramático y dio el salto a la interpretación, con papeles en series como El regalo de Silvia, Frágiles y Rabia, así como en distintas producciones teatrales. Ese proceso de reinvención profesional es habitual entre exdeportistas olímpicos españoles, aunque pocos lo han documentado con la misma exposición pública.

La faceta literaria ha sido otro de los pilares de su trayectoria posterior al deporte. Cid es autora de la saga de literatura infantil y juvenil Olympia, inspirada en su propia experiencia como gimnasta de élite, con la que ha buscado transmitir a las nuevas generaciones valores como el esfuerzo, el empoderamiento y el compañerismo, en línea con la función divulgativa que suelen asumir los deportistas retirados a través de proyectos educativos o editoriales.

Su vínculo con el deporte de alto rendimiento no se ha roto pese a la retirada de la competición activa. Cid ha ejercido como comentarista experta para Radiotelevisión Española (RTVE) en citas olímpicas de primer nivel, entre ellas los Juegos de Tokio —celebrados en 2021 por la pandemia— y los de París 2024, aportando el análisis técnico que solo puede ofrecer quien ha competido en ese nivel durante más de una década.

Una separación mediática y un proceso de reconstrucción

En el plano personal, Cid mantuvo durante más de una década una de las relaciones más seguidas por la prensa española tras contraer matrimonio en 2010 con el presentador Christian Gálvez. La pareja, muy popular por la proyección televisiva de ambos, puso fin a su matrimonio a finales de 2021 de forma repentina, en una separación que tuvo notable repercusión pública dado el perfil mediático de los dos protagonistas.

La ruptura marcó un punto de inflexión personal que la propia Cid ha relatado sin ambages en su libro autobiográfico Caminar sin ruido, donde describe el proceso de reconstrucción de su autoestima tras la crisis existencial que le provocó el fin de su matrimonio. La decisión de exponer públicamente ese proceso, poco habitual entre figuras de su notoriedad, la ha situado también como referente en la normalización de hablar abiertamente sobre salud emocional tras una separación mediática.

En ese contexto es donde cobra sentido su reciente reivindicación de Vitoria como espacio de recarga emocional. Según ha explicado, el reencuentro con sus padres y con el paisaje vasco —«sentir el verde», en sus palabras— funciona como un ancla frente al ritmo de vida que ha llevado durante más de veinte años en Madrid, ciudad a la que se trasladó por las exigencias de su carrera deportiva primero y televisiva después.

La gimnasta ha añadido matices sobre otras formas de desconexión estival, en particular su relación con el mar. «El mar para mí es la libertad absoluta. En el agua no hay reglas, no hay juzgados ni notas. Nadar en el mar o estar sobre la tabla me conecta con el presente y me quita todo el ruido que llevo en la cabeza», ha confesado, una idea que contrasta con el rigor evaluador que marcó buena parte de su vida profesional, dos décadas sometida al escrutinio de los jueces de gimnasia rítmica en competiciones internacionales.

El caso de Cid se inscribe en una tradición ya asentada de deportistas olímpicos españoles que, tras la retirada, han encontrado en la escritura, la interpretación o el análisis deportivo una segunda vía profesional. Ese tránsito no siempre es sencillo, y el relato público de las dificultades —como el que ha hecho Cid tanto de su adaptación postdeportiva como de su separación— se ha convertido en un elemento habitual del discurso de figuras del deporte español contemporáneo.

A día de hoy, con 46 años, Almudena Cid combina su actividad como comentarista, escritora y actriz con la reivindicación pública de sus raíces vascas, una identidad que, según sus propias palabras, sigue siendo el punto de referencia emocional al que regresa cada verano, más de dos décadas después de haber dejado Vitoria para desarrollar la carrera que la convirtió en una de las gimnastas más reconocidas de la historia reciente del deporte español.

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