«La disuasión europea tiene que estar más en nuestras manos», afirmó Albares ante los asistentes, en una intervención centrada en el refuerzo militar del continente. El ministro situó esa autonomía estratégica como condición para que la Unión Europea pueda actuar con margen propio en escenarios de tensión internacional, sin depender en exclusiva de alianzas externas.
La idea de una defensa común europea arrastra décadas de intentos fallidos: la Comunidad Europea de Defensa, proyectada en 1952 para crear un ejército integrado, naufragó dos años después al rechazarla la Asamblea Nacional francesa. Desde entonces, la seguridad del continente ha descansado sobre la OTAN, cuyo artículo 5 vincula a Estados Unidos a la defensa de los socios europeos.
Pedro Sánchez tomó la palabra después para abordar las consecuencias del accidente ferroviario de Urda, sobre el que anunció nuevas ayudas para los afectados. El jefe del Ejecutivo reconoció que la prioridad del Gobierno pasa por «recuperar la confianza quebrada en la alta velocidad cuanto antes y cueste lo que cueste», una cuestión que ha tensionado a los controladores de Adif tras Urda, según ha denunciado el sindicato Csif.
En el plano geopolítico, Sánchez reclamó una Europa «más fuerte» y «más unida» frente al avance de fuerzas políticas que, a su juicio, representan un riesgo para el proyecto comunitario. El presidente advirtió contra quienes, en sus palabras, «tienen la involución como proyecto político», en referencia al crecimiento de opciones de ultraderecha en distintos países europeos.
«Europa necesita ser más fuerte. Necesita estar más unida», defendió Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, en su intervención en el foro.
El president de la Generalitat, Salvador Illa, que intervino antes que Albares y Sánchez, elevó el tono al referirse a la Administración estadounidense. «Es mala, quiere destruir Europa y hay que hacerle frente», sostuvo Illa, en respuesta a una pregunta sobre cómo podría la Unión Europea estrechar lazos con América Latina bajo la presidencia de Donald Trump.
Illa consideró que una mayor influencia europea en América Latina podría ser interpretada por Washington como una injerencia en su área tradicional. El president planteó que el mundo atraviesa una transición entre el orden surgido tras la Segunda Guerra Mundial y uno nuevo que todavía no ha terminado de configurarse, un escenario en el que, defendió, Europa y América Latina deberían «reforzar las relaciones» en el terreno político.

