El rey no tomó una decisión inmediata sobre si admite la dimisión o pide a De Wever que gestione los asuntos corrientes mientras se explora una salida. En su lugar convocó consultas por separado con los líderes de las cinco formaciones que sostenían el Ejecutivo, un procedimiento habitual en la monarquía belga cuando una crisis de gobierno amenaza con dejar al país sin Ejecutivo pleno.
La ruptura se produce meses después de que De Wever, líder de la Nueva Alianza Flamenca (N-VA), asumiera la jefatura del Gobierno en una coalición de cinco formaciones de perfil nacionalista flamenco, liberal y socialcristiano, que arrastraba fricciones ideológicas desde el principio. El reparto de ajustes fiscales y recortes de gasto, el escollo recurrente de la política belga, ha vuelto a resultar insalvable.
El mecanismo de consultas reales es una pieza central del sistema belga, donde el jefe del Estado conserva un papel activo en la formación y disolución de gobiernos, a diferencia de otras monarquías parlamentarias europeas de funciones más protocolarias. El rey puede nombrar un informador o un formateur que explore una recomposición de la coalición antes de convocar elecciones anticipadas, un trámite que en crisis previas se ha prolongado durante semanas o meses.
Bélgica tiene un largo historial de bloqueos institucionales. El país pasó 541 días sin Gobierno de pleno derecho entre 2010 y 2011, un récord mundial que ilustra hasta qué punto la fragmentación territorial y lingüística —con partidos distintos en Flandes y Valonia que no compiten entre sí en las urnas— convierte cada pacto presupuestario en una negociación de alta exposición.
La fractura presupuestaria golpea a una coalición que desde su formación había presentado el ajuste de las cuentas públicas como su principal mandato, en un país con una de las deudas públicas más elevadas de la zona euro. El fracaso en ese terreno concreto —el que había justificado la alianza entre fuerzas de distinto signo— deja a Bélgica ante la incertidumbre de si el Ejecutivo continuará en funciones o se abrirá paso a una recomposición del Gobierno.
La inestabilidad gubernamental no es exclusiva del caso belga: en España, episodios como las ayudas tras incidentes recientes han vuelto a situar la negociación entre socios en el centro del debate, como refleja el anuncio de ayudas y la advertencia sobre el pacto PP-Vox. Las coaliciones multipartidistas comparten la misma vulnerabilidad ante el reparto del gasto público.
La única confirmación disponible es la que hizo pública la casa real: que De Wever acudió al palacio y presentó su dimisión, y que el rey ha iniciado las conversaciones con los partidos de la coalición antes de resolver si la acepta.
