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Alaska relata en varios pódcast su infancia entre México y España

La cantante, referente de la movida madrileña, ha rememorado el desarraigo de su llegada a España en 1973 y una relación con la comida que arrastra desde niña

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Olvido Gara, conocida artísticamente como Alaska (Ciudad de México, 1963), ha repasado en distintas entrevistas y pódcast su infancia entre México y España, un periodo que, según la propia artista, marcó tanto su trayectoria musical como su relación con la comida. La cantante, figura de referencia de la movida madrileña desde finales de los años setenta, tenía diez años cuando su familia regresó a España en 1973 por decisión de su padre, de origen asturiano.

Alaska nació en la capital mexicana en 1963 y vivió allí sus primeros años, en un contexto que su padre consideró oportuno abandonar cuando la situación política en España, todavía bajo el franquismo tardío, se había calmado, según relató la cantante en el pódcast 'El camino a casa', conducido por Albert Espinosa. «El año anterior a venirnos vino de vacaciones. Estuvo un par de meses por España y vio que no le pasaba nada. Y entonces tomó la decisión de volver», explicó Alaska sobre la decisión paterna, tomada en 1973.

La artista ha descrito ese traslado como una experiencia «muy disruptiva» en su infancia, aunque con el paso de los años lo interpreta como un punto de inflexión que aceleró su madurez personal y artística. «Me trajeron a un país donde la educación era diferente, luego mis padres se separaron. Pero, si no hubiera pasado eso, a los 14 años yo no hubiera estado ya en un grupo de música», reconoció, en alusión a su temprana incorporación a Kaka de Luxe como guitarrista, germen de lo que después sería su carrera al frente de Alaska y los Pegamoides, Alaska y Dinarama y, más adelante, Fangoria.

Uno de los aspectos de aquella etapa que la propia Alaska ha detallado en el pódcast 'A solas con', presentado por Vicky Martín Berrocal, es el choque que supuso para ella la gastronomía española al llegar al colegio. La cantante explicó que en su hogar mexicano no existía una disciplina alimentaria estricta: «Yo comía solo chuminadas y porquerías, no me obligaron a comer en casa», recordó sobre sus primeros años en México.

Ese contraste se hizo más evidente cuando empezó a comer en el comedor escolar español, donde tuvo que enfrentarse a platos que nunca había probado. «Cuando llegué al colegio en España y me ponían la comida, yo lloraba porque no había probado una merluza y me moría del asco», relató la artista, que también recordó su rechazo inicial a las legumbres: «La primera vez que me pusieron unas lentejas no me las podía comer».

Estos episodios, que la cantante enmarca como parte de su adaptación a una cultura alimentaria distinta, han derivado con los años en una relación con la comida que Alaska ha calificado de «adicción». Según ha explicado, esa dificultad la llevó a iniciar dietas de control desde los 12 años, una práctica que sostiene haber mantenido durante buena parte de su vida adulta. «Soy adicta a las patatas, la pasta, a los hidratos de carbono. Todo lo que sea hidratos me hace feliz y cuanto más hidrato y más grasa, más feliz. No tengo una relación normal con ello, tengo que hacer un esfuerzo por no comer las porquerías», afirmó en el espacio conducido por Martín Berrocal.

La cantante ha insistido en que su forma de mantener el control pasa por delegar las decisiones sobre su alimentación en pautas externas más que en la autogestión. «Si lo hago así, como bien. Si tengo un papel que me dice lo que tengo que comer, lo hago porque soy muy obediente. Si me dejas, yo compro una barra de pan y ya he comido», explicó, en una descripción que sitúa su relación con la comida en el terreno del hábito estructurado.

De Kaka de Luxe a Fangoria

La trayectoria de Alaska es indisociable de la efervescencia cultural que vivió Madrid entre finales de los años setenta y los ochenta. Su debut adolescente en 1978 la sitúa cerca de medio siglo de carrera, un recorrido que arranca en Kaka de Luxe y desemboca en Fangoria, proyecto que mantiene junto a Nacho Canut. La movida madrileña, coincidente con la Transición y los primeros años de democracia tras la aprobación de la Constitución de 1978, supuso para una generación de artistas —entre ellos la propia Alaska o Pedro Almodóvar— una vía de expresión tras décadas de rigidez cultural bajo el franquismo, un momento que documentales, libros y exposiciones han abordado como uno de los de mayor creatividad de la democracia española reciente.

El caso de Alaska no es aislado en la historia cultural española: la llegada a España de artistas y familias procedentes de México y otros países latinoamericanos formó parte de un flujo migratorio en ambas direcciones durante el siglo XX, marcado tanto por el exilio republicano de posguerra como por retornos posteriores. El relato de desarraigo escolar por el acento, que la cantante ha situado en el origen de su búsqueda de expresión más allá de los estudios, conecta con experiencias biográficas comunes a esa generación de retornados.

Estas confesiones se enmarcan en una serie de apariciones de la artista en formatos de entrevista extensa y pódcast, un tipo de espacio que en los últimos años se ha consolidado como vía preferente para que figuras públicas de trayectoria larga compartan detalles biográficos que rara vez emergen en la televisión convencional. Alaska ha utilizado estos formatos para reconstruir un relato personal que combina la crónica de la movida con reflexiones sobre identidad y hábitos de vida.

La cantante, casada con Mario Vaquerizo, mantiene en la actualidad una actividad pública que combina la música, la televisión y la producción de contenidos en pódcast, un terreno donde este tipo de relatos biográficos alcanza gran difusión. Más allá de estas confesiones sobre su infancia y su relación con la comida, no constan por el momento declaraciones de la artista sobre nuevos proyectos musicales vinculados a esta etapa de entrevistas.

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