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AfD podría lograr su primer gobierno regional en Sajonia-Anhalt

Los sondeos otorgan a la formación entre el 42% y el 43% de los votos en las elecciones de este domingo, muy por delante de una CDU que ganó en 2021.

Por Redacción de El Hemiciclo· · Actualizado:
4 min de lectura
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Los electores de Sajonia-Anhalt, un estado del este de Alemania, acuden este domingo 6 de septiembre de 2026 a unas elecciones regionales que podrían situar por primera vez a Alternativa para Alemania (AfD) al frente del gobierno de un Land.

El resultado, si las urnas lo confirman, supondría la primera vez que AfD encabeza un ejecutivo regional en Alemania desde su fundación en 2013, y pondría a prueba de forma inédita el llamado Brandmauer o «cortafuegos», el compromiso informal pero reiterado por el resto de fuerzas políticas alemanas de no pactar ni gobernar con la formación. La cifra que apuntan los sondeos duplica con creces el 20,8% que AfD obtuvo en las regionales de 2021, cuando quedó segunda tras una CDU que gobernaba con comodidad. Cinco años después, los democristianos habrían perdido más de un tercio de su apoyo y la distancia entre ambos partidos, de apenas unos puntos entonces, se habría ampliado hasta cerca de veinte a favor de AfD.

Del euroescepticismo minoritario a la doctrina del cortafuegos

La idea del Brandmauer no nació con la fuerza electoral actual de AfD, sino cuando el partido era una formación minoritaria y esencialmente euroescéptica, muy distinta de la actual. Ya en 2014, un año después de su fundación, el entonces secretario general de la CSU, Andreas Scheuer, se refirió a la necesidad de un cortafuegos frente a la nueva formación. En 2018, el dirigente de Los Verdes Cem Özdemir reclamó públicamente «levantar un muro cortafuegos en dirección a AfD», y ese mismo año el congreso de la CDU en Hamburgo aprobó formalmente el rechazo a «coaliciones y formas similares de cooperación» tanto con AfD como con Die Linke, la izquierda poscomunista alemana.

La dirección democristiana ratificó ese compromiso en 2019. Friedrich Merz, actual presidente del partido, lo formuló de manera explícita en diciembre de 2021, al disponerse a asumir la presidencia de la CDU: «Conmigo habrá un Brandmauer frente a AfD», declaró entonces, en un momento en que la formación había obtenido el 10,3% en las elecciones federales de ese año y el resto de partidos conservaba margen suficiente para constituir mayorías sin ella, aunque su fuerza fuera ya mucho mayor en el Este.

Un precedente marcó especialmente la política alemana en relación con este asunto. En febrero de 2020, el liberal Thomas Kemmerich fue elegido ministro-presidente de Turingia con los votos combinados de FDP, CDU y AfD, en una maniobra parlamentaria que no implicaba un pacto formal con la formación pero que sí se sirvió de sus votos. La entonces canciller Angela Merkel calificó lo sucedido de «imperdonable» y exigió que la elección fuera «revertida». Kemmerich dimitió pocos días después, y aquel episodio dejó fijada una norma tácita, más estricta incluso que el acuerdo formal de la CDU: ningún candidato del resto de partidos debía acceder al poder gracias a los votos de AfD, ni siquiera sin coalición explícita de por medio.

El ascenso de AfD en los estados orientales de Alemania —antiguo territorio de la República Democrática Alemana— ha sido constante durante los últimos años. En septiembre de 2022 la formación se situaba ya como primera fuerza en intención de voto en el este del país, con cifras en torno al 27%. A finales de 2023, esa proporción rondaba un tercio del electorado oriental. El fenómeno ha ido acompañado de un debate político recurrente sobre una eventual ilegalización del partido, una vía contemplada en el ordenamiento jurídico alemán a través del Tribunal Constitucional Federal, pero que hasta la fecha no se ha materializado en una prohibición efectiva.

Ese crecimiento ha colocado a la CDU en una posición incómoda desde el punto de vista aritmético. Cuanto mayor es la fuerza electoral de AfD a su derecha, mayor es la dependencia de los democristianos de acuerdos con partidos situados a su izquierda —SPD, Verdes o, en algunos casos, Die Linke— para poder formar gobiernos regionales o mantener mayorías parlamentarias, lo que ha generado tensiones internas sobre la sostenibilidad a largo plazo del cordón sanitario.

Dentro de la propia CDU y de otras fuerzas del arco institucional conviven posiciones distintas sobre cómo abordar el fenómeno. Sectores del partido han defendido mantener sin fisuras el rechazo a cualquier tipo de colaboración, mientras otras voces han planteado dudas sobre la viabilidad de esa estrategia si AfD continúa creciendo en las urnas. Merz ha reiterado en distintas ocasiones su compromiso personal con el cortafuegos, aunque el resultado de Sajonia-Anhalt podría intensificar el debate dentro de su formación.

Por su parte, dirigentes de AfD, entre ellos su candidato en Sajonia-Anhalt, Ulrich Siegmund, aspiran abiertamente a convertirse en el primer jefe de gobierno regional de la formación y han denunciado lo que consideran una exclusión antidemocrática por parte del resto de partidos, argumentando que el cordón sanitario contradice la voluntad expresada en las urnas por una parte creciente del electorado. Esta interpretación es rechazada por las demás formaciones, que sostienen que el rechazo a pactar con AfD responde a diferencias programáticas e ideológicas de fondo, no a un veto arbitrario.

La normativa electoral alemana no impide por sí misma que un partido con mayoría relativa forme gobierno; el sistema parlamentario exige, sin embargo, una mayoría de investidura en el Landtag regional, lo que en la práctica obliga a AfD a depender de la disposición de otras fuerzas a pactar o al menos a abstenerse, algo que hasta ahora ningún partido ha estado dispuesto a hacer en ningún Land alemán. El precedente más cercano se produjo en el estado del Sarre, donde AfD logró imponerse en votos al resto de formaciones sin que ello se tradujera en un acceso al gobierno regional, dada la negativa del resto de partidos a pactar.

La situación en Sajonia-Anhalt podría diferir si la distancia en votos resultara tan amplia como apuntan los sondeos, lo que complicaría la aritmética para construir una alternativa de gobierno sin contar con AfD. A partir de esta jornada, la atención se centrará en dos plazos inmediatos: el recuento oficial, que en Alemania suele conocerse la misma noche electoral, y las negociaciones posteriores para la investidura del ministro-presidente regional, un proceso que en algunos Länder ha llegado a extenderse varias semanas cuando la aritmética parlamentaria resulta compleja. De confirmarse la ventaja de AfD, el Landtag de Sajonia-Anhalt deberá decidir en las semanas siguientes si el resto de partidos son capaces de articular una mayoría alternativa o si, por primera vez, el cordón sanitario cede ante la aritmética electoral.

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