El informe no describe una organización única ni un delito concreto sujeto a instrucción judicial, sino un conjunto de prácticas que el Consejo Nacional para la Prevención del Delito de Suecia (Brå) viene documentando desde 2022: sanciones económicas impuestas al margen de cualquier juzgado, cobradas mediante métodos ilegales, por conflictos que van desde ofensas verbales hasta agresiones. En ocasiones, según recoge el documento, se exige a terceros ajenos a la disputa que contribuyan a esas indemnizaciones, y el dinero puede terminar en manos de un representante familiar en lugar de llegar a quien sufrió el daño original.
Las consecuencias más graves, señala el informe, afectan a mujeres y menores en casos de violencia doméstica, separaciones o custodias resueltas por estas vías paralelas. Al carecer de las garantías procesales y los recursos de la justicia ordinaria, estos procedimientos informales dejan a la víctima sin posibilidad de apelación; si los hechos no llegan a conocerse, ni la policía puede investigarlos ni los servicios sociales activar protección alguna.
El segundo mecanismo que detalla la investigación afecta directamente al funcionamiento del Estado. Según la valoración policial incorporada al texto, determinadas redes familiares identifican y cultivan relaciones con personas que tienen acceso a organismos públicos, buscando información privilegiada, decisiones favorables o protección para sus actividades. Un estudio independiente de Brå publicado en 2024 localizó colaboradores de este tipo en administraciones, juzgados, banca y otros sectores, implicados en filtraciones, pagos indebidos y en dar apariencia legal a negocios criminales.
Brå distingue varias categorías: personas manipuladas sin saberlo, captadas ya en el puesto de trabajo, colaboradores que cobran por sus servicios y otras colocadas de forma deliberada desde el principio. El organismo advierte de que, una vez comprometidas, estas personas pueden quedar expuestas a amenazas de ser denunciadas ante su propio empleador si dejan de prestar ayuda, de modo que un primer favor aislado se convierte en un mecanismo de control permanente.
La presión no siempre requiere una amenaza explícita: el informe recoge testimonios de Gotemburgo sobre trabajadores municipales que dejaron de imponer límites o de denunciar incidentes en instalaciones públicas por el mero conocimiento de la capacidad violenta de una red determinada. Brå subraya que estos colaboradores son poco frecuentes en el conjunto de los centros de trabajo suecos, aunque un solo acceso indebido puede comprometer decisiones que afectan a un número elevado de personas.
Los límites del propio diagnóstico oficial
La investigación reconoce no haber podido establecer la extensión total del fenómeno, una limitación que impide presentarlo como una captura generalizada de las instituciones suecas, aunque no resta gravedad a los mecanismos descritos. El Gobierno sueco caracteriza estas estructuras por normas colectivistas y patriarcales, baja confianza en las instituciones y dificultades para aceptar el contrato social vigente, con sistemas propios de vivienda, pagos, educación e información que en determinados casos confluyen con actividad delictiva que amenaza el funcionamiento ordinario del Estado.
La preocupación por la generación más joven ha motivado un nuevo encargo a Brå para estudiar las condiciones de vida de los menores que crecen en el entorno de estas redes familiares, con participación de organismos policiales, sociales, educativos y de protección infantil; sus conclusiones deberán entregarse antes del 25 de abril de 2028. Suecia mantiene en paralelo otra pesquisa, la abierta sobre un presunto fraude electoral urdido por redes somalíes para favorecer a un candidato de izquierda que obtuvo un escaño de forma inesperada.
Las recomendaciones del informe SOU 2026:53 permanecen sometidas a consulta pública, el trámite por el que instituciones, partidos y organizaciones sociales pueden presentar observaciones antes de que el Ejecutivo decida qué medidas legislativas impulsar.


