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Abascal lanza la «nueva hoja de ruta» de Vox: moción de censura si Sánchez no convoca elecciones antes de Navidad y pacto programático con Moreno en Andalucía

El líder de Vox capitaliza los 21 escaños andaluces para exigir elecciones generales anticipadas. Ofrece a Moreno un acuerdo sobre inmigración, impuestos y educación. El PP descarta la moción pero no cierra la puerta al pacto andaluz. La oposición huele la sangre del PSOE.

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid·
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Abascal lanza la «nueva hoja de ruta» de Vox: moción de censura si Sánchez no convoca elecciones antes de Navidad y pacto programático con Moreno en Andalucía

A las 11:03 de la mañana, Santiago Abascal se plantó detrás del atril de la sala de prensa del Congreso con la sonrisa medida de quien sabe que la historia le ha regalado una oportunidad que no pensaba tener hace una semana. Los 21 escaños que Vox obtuvo en Andalucía el sábado — seis más que en 2022, récord histórico del partido en una comunidad que hasta hace cuatro años era territorio vedado para la derecha radical — le otorgan un capital político que piensa invertir con la agresividad de un especulador en mercado alcista.

La «nueva hoja de ruta» que Abascal ha presentado en 47 minutos de rueda de prensa se articula en tres ejes que combinan la estrategia parlamentaria con la presión mediática. El primer eje es la exigencia de elecciones generales anticipadas «antes de Navidad». El argumento es sencillo y eficaz: un Gobierno cuyo exministro espera sentencia condenatoria, cuya esposa del presidente va a juicio con jurado popular y cuyo partido ha perdido Andalucía por más de veinte puntos no tiene legitimidad moral para seguir gobernando. Abascal sabe que las elecciones anticipadas no dependen de su voluntad — solo Sánchez o una moción de censura constructiva pueden convocarlas —, pero el objetivo no es convocar sino imponer un relato que desgaste al Gobierno.

El segundo eje es el anuncio de que Vox «estudiará» una moción de censura si Sánchez no convoca elecciones «antes del otoño». El matiz entre «anunciar» y «estudiar» es deliberado: Abascal no tiene los 176 votos necesarios para que una moción prospere, y la cooperación del PP — que tendría que abstenerse o votar a favor — es imprescindible y, por ahora, improbable. Feijóo ha descartado repetidamente participar en una moción de censura que le vincularía a Vox, pero la presión de la base y de los barones del PP podría cambiar el cálculo si la sentencia de Koldo resulta especialmente dura.

El tercer eje es una oferta directa a Moreno: un «pacto programático para Andalucía» que incluiría tres líneas rojas de Vox — control reforzado de la inmigración irregular, bajada del tramo autonómico del IRPF en dos puntos y reforma del currículo educativo para «eliminar la ideología de género» de las aulas —, a cambio de las cuales Vox ofrecería apoyo parlamentario estable sin entrar en el Gobierno. La propuesta es inteligente porque evita el coste político de la coalición — Moreno ha repetido que no quiere socios de gobierno — mientras ofrece los beneficios de una mayoría cómoda.

La respuesta del PP ha sido un ejercicio de equilibrismo calculado. Cuca Gamarra, portavoz parlamentaria, ha declarado que «la moción de censura no está en nuestra agenda» pero ha evitado rechazar el pacto programático andaluz, limitándose a decir que «Moreno tomará sus propias decisiones con la madurez y la responsabilidad que le caracterizan». La ambigüedad es coherente con la estrategia de Feijóo: dejar que Vox haga el trabajo sucio de presionar al Gobierno mientras el PP se presenta como la alternativa seria y tranquila.

El resultado del 17-M ha reconfigurado el tablero parlamentario andaluz de una manera que favorece a Vox más de lo que las cifras sugieren. Con 55 escaños, Moreno tiene mayoría absoluta por un solo escaño — un margen tan frágil que cualquier enfermedad, cualquier viaje, cualquier crisis de conciencia de un diputado puede tumbar una votación. Los 21 escaños de Vox no son necesarios para gobernar pero son imprescindibles para legislar con comodidad, y Abascal lo sabe.

La estrategia de Vox tiene un modelo que funciona: la oposición cooperante que condiciona sin coalicionar. Es el modelo que Ciudadanos utilizó con éxito en la primera legislatura de Rajoy y que ERC ha perfeccionado con Sánchez. La diferencia es que Vox lo aplicaría desde la derecha y con una agenda ideológica mucho más definida, lo que obliga a Moreno a calcular si el beneficio aritmético compensa el coste reputacional de aprobar leyes con el apoyo de un partido que buena parte del electorado centrista considera extremo.

Moreno ha respondido a la oferta de Abascal con su silencio habitual. En las reuniones con los portavoces celebradas hoy en San Telmo, el presidente andaluz ha escuchado la propuesta del portavoz de Vox, Manuel Gavira, sin comprometerse a nada. Fuentes de la presidencia de la Junta confirman que Moreno «estudiará con detalle» la oferta pero que su preferencia sigue siendo «gobernar solo y pactar tema por tema». La fórmula le permite conservar la flexibilidad sin cerrar puertas — si mañana necesita a Vox para aprobar los presupuestos andaluces, podrá aceptar parte del pacto sin que parezca una coalición encubierta.

El PSOE, mientras tanto, observa el movimiento de Vox con una mezcla de alarma y alivio. La alarma viene de la posibilidad de que la moción de censura — aunque improbable — se convierta en un relato mediático que alimente la sensación de fin de ciclo. El alivio viene de que la propuesta de Abascal vincula a Feijóo con la extrema derecha, lo que el PSOE puede explotar en las próximas elecciones generales. La paradoja es que la misma moción de censura que podría tumbar al Gobierno serviría también como arma electoral contra el PP si este la apoyara.

Al cierre de esta edición, el Congreso permanece vacío pero la política española no descansa. La rueda de prensa de Abascal ha confirmado que Vox tiene una estrategia, tiene un objetivo y tiene un calendario. Lo que no tiene es certeza de que el PP le siga. Y sin el PP, la moción de censura es una performance parlamentaria sin consecuencias jurídicas pero con un poder comunicativo que no debe subestimarse. En la España de 2026, las batallas políticas se ganan más en las ruedas de prensa que en las votaciones — y Abascal, que construyó su carrera en las redes sociales antes que en el hemiciclo, lo sabe mejor que nadie.

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