A mediados del siglo XX, Redonda era apenas un peñasco árido. Generaciones de cabras invasoras habían consumido casi toda su vegetación y las ratas llegadas con la minería del guano diezmaban a las aves y reptiles nativos. Los primeros europeos arribaron en 1493, cuando la isla aún conservaba una vegetación abundante que la colonización terminaría por arrasar.
Colonos introdujeron las primeras cabras hace unos 300 años y, en el siglo XIX, los mineros que explotaban el guano abandonaron a los animales que quedaban. Sin depredadores naturales, la población se multiplicó y devoró casi toda la vegetación hasta agotar su propio alimento. Las ratas, por su parte, se convirtieron en depredadoras de reptiles y huevos de aves, y la pérdida de cobertura vegetal dejó expuestos el suelo y las rocas, que se deslizaron hacia el mar y dañaron los arrecifes de coral que rodean la isla.
El programa de restauración arrancó en 2016 liderado por el Grupo de Concienciación Ambiental (EAG), el Departamento de Medioambiente de Antigua y Barbuda y la organización Fauna & Flora, según la BBC. Las cabras fueron capturadas y trasladadas en helicóptero hasta el territorio continental, donde agricultores interesados en su resistencia a la sequía se hicieron cargo de los ejemplares.
Para eliminar a las ratas, los equipos emplearon cebos con distintos sabores, desde mantequilla de maní hasta chocolate, lanzados desde helicópteros y colocados a mano en los acantilados. En julio de 2018, Redonda quedó declarada oficialmente libre de cabras y ratas.
Los resultados, según cifras de Fauna & Flora, muestran un aumento de la biomasa vegetal superior al 2.000% y un incremento del número de especies de plantas, que pasó de 17 a 88. Quince especies de aves terrestres regresaron a la isla, la población de lagartos endémicos se multiplicó por más de cuatro y la del dragón de tierra de Redonda, un reptil en peligro crítico, se multiplicó por 13 desde 2017. Los lagartos arbóreos se multiplicaron por ocho, y regresaron a anidar aves marinas como los piqueros pardos, de los que Redonda alberga el 1% de la población mundial.
«Es un contraste enorme respecto a la primera vez que vi Redonda, en 2016», señaló Shanna Challenger, coordinadora del programa de restauración por parte del EAG.
La declaración de 2023 responde también al compromiso de Antigua y Barbuda de conservar al menos el 30% de sus áreas terrestres, de aguas continentales, costeras y marinas, en el marco del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, adoptado en diciembre de 2022. La reserva alberga al menos 30 especies amenazadas o casi amenazadas a nivel mundial.
«El Departamento de Medioambiente está muy orgulloso de nuestra parte en la restauración de Redonda, la tercera isla de Antigua y Barbuda», afirmó Helena Jeffery Brown, coordinadora técnica del Departamento de Medioambiente y miembro fundadora del Programa de Restauración de Redonda.
Fauna & Flora y sus socios ya han participado en la restauración de una treintena de islas del Caribe, y en Redonda el trabajo continúa con medidas de bioseguridad para evitar nuevas invasiones, monitoreo de las especies nativas y planes para reintroducir animales como iguanas y mochuelos excavadores. Jenny Daltry, directora de la Alianza Caribeña de Fauna & Flora y Re:wild, calificó a Redonda como un modelo para la restauración de otras islas del Caribe y planteó que la reserva podría convertirse en un destino de turismo sostenible en los próximos años, aunque advirtió que la eliminación de especies invasoras «fue clave para la recuperación de Redonda, pero esa no es toda la historia».


