Según el funcionario israelí consultado por la agencia francesa, ambas partes acordaron que no se llevará a cabo ningún redespliegue militar ni proceso de reconstrucción en la Franja de Gaza antes de que Hamás complete su desarme. La primera etapa de ese proceso consistiría en pedirle al grupo islamista que entregue sus armas para su desmantelamiento bajo la supervisión de un general estadounidense, una fórmula que Netanyahu reclamó tras rechazar públicamente una propuesta anterior de la llamada Junta de Paz.
Esa propuesta previa, presentada por el organismo creado por Trump para coordinar la reconstrucción de Gaza, planteaba que Hamás entregara su arsenal a un comité palestino todavía sin conformar. Netanyahu la objetó al considerar que dejaba en manos poco definidas un proceso que Israel exige bajo control internacional verificable, en línea con la postura que su gobierno ha mantenido desde el inicio de las negociaciones de alto al fuego.
Kushner llegó a Jerusalén acompañado por otros integrantes de la Junta de Paz, entre ellos el ex primer ministro británico Tony Blair. Un día antes había sostenido un encuentro con una delegación de Hamás en territorio egipcio, un gesto inusual dado que EE. UU. mantiene formalmente al grupo en su lista de organizaciones terroristas. Durante ese encuentro, el grupo palestino se comprometió públicamente con el plan de paz y con la entrega de sus armas, compromiso que Trump elogió pero que en Israel fue recibido con escepticismo.
Fuentes cercanas a las conversaciones en Egipto indicaron que el enviado estadounidense insistió ante los representantes de Hamás en la necesidad de un desarme total y en que el grupo quede excluido de cualquier papel en el futuro gobierno de Gaza. Un alto mando de Hamás, por su parte, dijo que el movimiento trasladó a Kushner su compromiso con el plan estadounidense y su deseo de que se ejerciera presión sobre Netanyahu para avanzar en las siguientes fases.
El presidente israelí, Isaac Herzog, sostuvo un encuentro paralelo con Kushner y con Nickolay Mladenov, representante de la Junta de Paz, para discutir el avance de las siguientes etapas del plan de Trump para el enclave palestino. Según trascendió, Herzog subrayó que el plan prioriza los intereses de seguridad de Israel, en una señal de que Jerusalén busca fijar sus condiciones antes de avanzar en el proceso de desmilitarización.
Del alto al fuego de octubre al desarme supervisado
El trasfondo de estas conversaciones remite al conflicto que se intensificó tras el ataque de Hamás contra Israel del 7 de octubre de 2023 y a la posterior ofensiva militar israelí sobre Gaza. La administración Trump ya había encargado a fuerzas estadounidenses y de otros países la supervisión del alto al fuego alcanzado en octubre, un pacto que redujo —pero no puso fin— a los ataques israelíes en el territorio palestino, y cuyo estatus político de fondo sobre Gaza y el futuro de Hamás como actor armado quedó sin resolver.
La exigencia de un desarme supervisado por un general estadounidense guarda cierto paralelismo con procesos de desmovilización de grupos armados en otros contextos, incluido el aplicado en Colombia tras el Acuerdo de Paz de 2016 entre el gobierno y las antiguas FARC, cuando una misión de la ONU certificó la entrega de armamento como condición previa a la reincorporación política del grupo. La comparación tiene límites evidentes: a diferencia del caso colombiano, no existe todavía un mecanismo definido de verificación multilateral para Gaza, y las partes discrepan sobre quién debe custodiar las armas entregadas.
La reunión de este lunes evidencia el punto de fricción central del proceso. La Junta de Paz había propuesto que Hamás entregara su arsenal a un comité palestino aún sin formar, fórmula que Netanyahu rechazó públicamente; el reclamo israelí de que sea un mando militar de EE. UU. quien supervise el desmantelamiento reconfigura ese esquema y traslada la responsabilidad a Washington, garante del acuerdo original junto con Egipto y Catar.
La ausencia de una versión conjunta deja abierta la posibilidad de que persistan diferencias no resueltas sobre el calendario y los mecanismos concretos del desarme.
El proceso entra ahora en una fase que definirá si Hamás cumple con la entrega de armamento en los plazos que Washington busca fijar, y si Israel acepta avanzar hacia el redespliegue militar y la reconstrucción de Gaza una vez verificado ese desarme. La supervisión de un general estadounidense, de concretarse, marcaría un antecedente de presencia militar directa de Washington en el terreno palestino, un paso que requeriría coordinación adicional con Egipto y Catar como garantes del acuerdo alcanzado en octubre.
