El nombramiento se produce tras un ciclo de Bielsa marcado por resultados adversos. La selección charrúa sufrió en la edición de 2026, disputada en Norteamérica, su segunda eliminación consecutiva en fase de grupos, un desempeño que quedará entre los más pobres de la historia mundialista de un país bicampeón del mundo, con los títulos de 1930 y 1950.
Según el material difundido, bajo la conducción del entrenador argentino figuras como Federico Valverde en el mediocampo, Darwin Núñez en la ofensiva y el arquero Fernando Muslera no rindieron al nivel esperado durante el certamen. El propio Forlán, al ser presentado, reconoció que el equipo llegó con dificultades previas: «Ya veníamos con problemas internos», señaló el nuevo técnico en referencia al ambiente que rodeó a la selección antes del Mundial.
La AUF confirmó que Forlán dirigirá los amistosos que Uruguay dispute en septiembre y octubre de este año, además de los previstos para marzo de 2027. No se precisó todavía si el interinato se extenderá hasta las eliminatorias sudamericanas rumbo a 2030 ni cuál será el cuerpo técnico que lo acompañe.
Un ídolo con escaso recorrido en los banquillos
La trayectoria de Forlán como entrenador contrasta con la dimensión de su carrera como futbolista. Colgó los botines en 2019, a los 40 años, y debutó como técnico en la temporada 2020 con Peñarol de Montevideo, uno de los clubes más populares de Uruguay, cargo que dejó apenas once partidos después por malos resultados. Su segunda experiencia se dio en 2021, cuando dirigió durante doce partidos a Atenas de San Carlos, de la segunda división del fútbol uruguayo.
Con ese recorrido acotado como estratega, la designación genera a la par expectativa e incertidumbre en una afición que idolatra su carrera goleadora, pero cuenta con escasas referencias para decodificar su perfil de entrenador. Iniciada en Independiente de Argentina, esa carrera lo convirtió en una de las figuras centrales de la generación que devolvió a Uruguay a la élite tras décadas de ostracismo.
Bajo la dirección de Óscar Tabárez, y junto a Luis Suárez y Edinson Cavani, Forlán integró un tridente ofensivo que llevó a la Celeste al cuarto puesto en el Mundial de Sudáfrica 2010, uno de los mejores resultados del país desde la conquista del título de 1950 en el Maracaná. Ese ciclo tuvo su punto más alto en la Copa América de 2011, disputada en Argentina, donde Forlán anotó los dos goles de la final y guio a Uruguay a su decimoquinta corona continental, la cifra más alta entre las selecciones del subcontinente.
Reconocido por su trato cordial y su lejanía de la polémica, Forlán encarna un perfil distinto al de Bielsa, recordado por su estilo exigente y poco convencional en la gestión de plantillas. Su designación se enmarca en un patrón habitual del fútbol sudamericano, donde las federaciones recurren con frecuencia a exfiguras para pilotar procesos de transición pese a su limitada experiencia en el banquillo.
El primer examen de este ciclo llegará en septiembre, con los amistosos anunciados por la federación. Esos compromisos, sumados a los de octubre y a los de marzo de 2027, funcionarán como termómetro inicial antes de que la AUF defina si el proyecto se consolida de cara a las eliminatorias sudamericanas rumbo al Mundial 2030, certamen cuyo partido inaugural albergará Uruguay.
