La paciente sobrevivió a la intervención, técnicamente exitosa, pero salió del hospital en silla de ruedas, con dificultades para hablar y con gran parte de su memoria y su movilidad perdidas. Tenía la misma edad que el cirujano. «Su enfermedad se podía haber evitado», asegura Hernández Poveda, que reconoce que aquel caso cambió el rumbo de su carrera: dejó de centrarse únicamente en tratar enfermedades para dedicarse a prevenirlas.
El propio neurocirujano se sometió después a pruebas para descartar que él mismo tuviera un aneurisma similar. No lo tenía, pero la experiencia, dice, fue «la chispa» que le llevó a fundar su primera clínica, Age Reversal, en Mallorca, un proyecto que arrancó sin financiación bancaria hasta que preparó un plan de negocio con ayuda de inteligencia artificial. Desde entonces la firma se ha expandido a Barcelona y Madrid, y ha inaugurado una colaboración con el Hospital Memorial Publio Cordón.
El protocolo que describe combina en una única jornada analíticas avanzadas, estudios de imagen y evaluaciones cardiovasculares y funcionales. Con esos resultados, el equipo médico elabora lo que denomina un protocolo personalizado y abre una fase de seguimiento continuado. El objetivo, explica, no es solo alargar la vida sino mantener la independencia cognitiva y física durante más años.
Entre las herramientas que emplea figura la inteligencia artificial aplicada al análisis de imágenes cerebrales, con la que busca signos de atrofia o encogimiento asociados al alzhéimer. También analiza la proteína amiloide, la toxicidad neuronal y las variantes del gen ApoE, que según explica «te da una probabilidad, no una sentencia». Entre las medidas que propone para reducir ese riesgo cita el ejercicio físico, la dieta mediterránea combinada con la llamada dieta MIND y una adecuada higiene del sueño.
La promesa sobre la enfermedad cardiovascular
Hernández Poveda plantea una afirmación categórica sobre la principal causa de muerte a escala global. La enfermedad cardiovascular es, según los datos de la Organización Mundial de la Salud, la primera causa de mortalidad en el mundo, con cerca de 18 millones de fallecimientos anuales.
«Puedo asegurar al cien por cien que un paciente que entra con nosotros con 30 años, sin daño establecido previo, nunca va a tener un infarto. En cambio, si tiene 50 o 70 años y un daño establecido, no puedes hacer las mismas promesas», José Hernández Poveda, neurocirujano y fundador de Age Reversal.
El médico matiza que la eficacia de la prevención depende del momento en que se interviene: funciona mejor, insiste, cuando el daño todavía no se ha producido. Su enfoque incluye además el concepto de edad biológica, que combina la medición de la capacidad cardiopulmonar, la composición corporal, la inflamación crónica, el volumen cerebral, el daño epigenético y el microbioma para estimar el funcionamiento real del organismo, más allá de la edad que figura en el documento de identidad. Afirmaciones sobre riesgos ocultos que otros especialistas también manejan: un cardiólogo advierte de que tener el colesterol controlado no siempre significa tener controlado el riesgo genético.
Sobre la motivación de sus pacientes, Hernández Poveda apunta a un cambio de prioridades frente a la mera imagen exterior:
«Muchos pacientes quieren rejuvenecer de dentro hacia fuera. Mejorar los marcadores de inflamación y metabolismo, la masa muscular., cambia tu piel, te ves mejor y con más energía», José Hernández Poveda, neurocirujano y fundador de Age Reversal.
El especialista defiende que la información que recoge en las pruebas solo tiene sentido si conduce a una acción concreta, y resume así el principio que rige su práctica clínica: «No medimos nada que no podamos intentar mejorar».