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Un cardiólogo alerta de que el colesterol normal no descarta un riesgo genético oculto

«Se pueden tener unos niveles de colesterol adecuados y, sin embargo, presentar una Lp(a) elevada. Es más frecuente de lo que parece», señala el doctor Armando Oterino, del Hospital Quirónsalud Cácere

Por Redacción de El Hemiciclo·
3 min de lectura
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Una persona con el colesterol en niveles adecuados y sin factores de riesgo evidentes puede, aun así, tener predisposición genética a sufrir una enfermedad cardiovascular. La clave, según el doctor Armando Oterino, cardiólogo del Hospital Quirónsalud Cáceres, está en la lipoproteína(a), o Lp(a), una partícula que gana peso en las consultas de cardiología y cuyos niveles dependen casi por completo de la herencia genética.

"La investigación científica ha demostrado una relación entre niveles elevados de Lp(a) y un mayor riesgo cardiovascular, motivo por el cual se está prestando cada vez más atención a esta partícula", explica Oterino. El especialista precisa que esa relación es prácticamente continua: cuanto mayor es la concentración, mayor es el riesgo, sin que exista un umbral por debajo del cual pueda considerarse nulo.

"En niveles muy elevados, el riesgo cardiovascular es alto, lo cual no se asocia solo a infartos, sino también a ictus, enfermedad arterial periférica y, de forma particular, a la estenosis de la válvula aórtica", advierte el cardiólogo. La afectación de la válvula aórtica distingue a la Lp(a) de otros marcadores, al implicar un mecanismo que va más allá de la obstrucción arterial clásica.

El facultativo subraya que unos niveles de colesterol aparentemente correctos no garantizan que la Lp(a) también lo esté. "Es más frecuente de lo que parece", destaca, en referencia a los pacientes con perfiles lipídicos convencionales normales pero con esta partícula elevada, un vacío de información que las revisiones rutinarias no siempre cubren.

La lipoproteína(a) tiene una particularidad que la separa del colesterol LDL: sus niveles están determinados genéticamente entre un 80% y un 90%, y apenas reciben influencia de la alimentación o el estilo de vida. "Al ser un rasgo hereditario, los antecedentes familiares son la pista clínica más importante", explica Oterino, lo que convierte el historial familiar en la principal señal de alarma para plantear la prueba.

Por ese motivo, el cardiólogo recomienda medir la Lp(a) al menos una vez en la vida, sobre todo en personas con antecedentes de cardiopatía isquémica precoz —antes de los 55 años en varones y de los 65 en mujeres—, en quienes han sufrido un episodio cardiovascular sin factores de riesgo clásicos que lo justifiquen, en pacientes con hipercolesterolemia familiar y en aquellos con riesgo intermedio según las calculadoras habituales. También aconseja la prueba a los familiares de primer grado de una persona en la que ya se haya detectado el valor elevado.

La determinación se realiza mediante un análisis de sangre convencional. "Debido a que los niveles están determinados fundamentalmente por la genética y permanecen relativamente estables desde la infancia, una única medición durante la edad adulta puede ser suficiente en la mayoría de los casos", detalla Oterino, lo que simplifica su incorporación a los protocolos de cribado cardiovascular.

Sin fármaco específico aprobado todavía

A día de hoy no existe ningún tratamiento farmacológico aprobado de forma específica para reducir la Lp(a) con un beneficio clínico demostrado. Ante esa limitación, el abordaje se centra en reforzar el control de los factores de riesgo que sí admiten intervención. "El manejo actual se centra en intensificar el control de todo lo demás que sí es modificable", señala el cardiólogo, en referencia al colesterol LDL, la tensión arterial, el tabaquismo, el peso, la glucemia y el perímetro abdominal. La distinción entre marcadores genéticos y factores modificables es la línea que la cardiología preventiva viene afinando con instrumentos cada vez más precisos, como reflejan otros avances recientes en medición biomédica y científica.

"Existen diferentes tratamientos específicamente dirigidos contra la Lp(a) que se encuentran actualmente en fases avanzadas de investigación, aunque todavía están pendientes de los resultados definitivos que permitan determinar su utilidad clínica", subraya el doctor Armando Oterino, cardiólogo del Hospital Quirónsalud Cáceres.

"Una lipoproteína(a) elevada es una información que, bien utilizada, ayudará a afinar el riesgo cardiovascular real y a cuidar mejor de nuestro corazón", concluye Oterino.

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