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Dos garzas reales crían por primera vez en el parque fluvial del Besós

El biólogo Xavi Larruy, que vigila las aves del cauce desde hace 25 años: «Ninguna pareja había hecho una puesta en un ambiente tan sumamente urbano».

Por Redacción de El Hemiciclo·
3 min de lectura
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Una pareja de garzas reales (Ardea cinerea) ha sacado adelante dos pollos en el parque fluvial del Besós, entre Santa Coloma de Gramenet y Sant Adrià de Besós, algo que no se había registrado nunca en este espacio. El nido apareció en abril en un árbol del propio cauce, a apenas 50 metros de la vía pública, y las crías echaron a volar en julio tras unos tres meses de incubación y crecimiento.

El hallazgo lo hizo el biólogo Xavi Larruy, que lleva más de 25 años siguiendo las aves del parque. Las crías se criaron entre mayo y julio en una zona muy transitada por corredores, ciclistas y vecinos con perro, a pocos metros de la desembocadura del río en el Mediterráneo, un escenario inédito para una especie que suele criar en colonias sobre árboles altos y alejados.

«Que yo sepa, ninguna pareja había hecho una puesta en un ambiente tan sumamente urbano, y ha salido bien», explicó el biólogo Xavi Larruy.

Paco Torres, aficionado que lleva dieciocho años fotografiando y dibujando las aves del tramo bajo del río, siguió el proceso de cerca. Los pollos, cuenta, mostraban querencia por el árbol del nido: resistieron los petardos de la verbena de Sant Joan, aunque en julio los perros que entraban al agua para refrescarse llegaron a espantarlos. Para él lo extraordinario es tener por fin una generación de garzas nacida en Sant Adrià.

«Es un hecho histórico. Nunca habían criado en el parque», resume Paco Torres, fotógrafo y observador de las aves del Besós.

La mejora del agua explica el nido

La garza real es la mayor de Europa, con hasta 90 centímetros de longitud y casi dos metros de envergadura, y se alimenta de peces, anfibios y pequeños animales acuáticos. Larruy atribuye su presencia a la recuperación del cauce: «En el Besós, la mejora del agua y, por lo tanto, que haya más alimento han sido capitales para esta especie», declaró al medio local El Periódico. Torres ha llegado a contar entre siete y ocho ejemplares en el tramo entre Sant Adrià y Santa Coloma, la mitad de ellos jóvenes.

El biólogo relaciona este crecimiento con la colonia de garzas que se expandió en Barcelona desde que el Zoo liberó una pareja, con asentamientos habituales en el parque de la Ciutadella y una tolerancia a la presencia humana superior a la media de la especie. Hasta ahora, los escasos casos de cría conocidos en la cuenca del Besós se habían dado río arriba, lejos del tramo urbano: el primero que trascendió fue en La Garriga, en 2021, en una balsa de acceso restringido del Vallès Oriental.

El contraste con el pasado reciente del río es marcado. A partir de los años sesenta, las fábricas instaladas en sus márgenes vertieron residuos directamente al cauce, que quedó gravemente contaminado durante la segunda mitad del siglo XX y se convirtió en un lugar maloliente que los vecinos evitaban. La recuperación arrancó a mediados de los noventa mediante un acuerdo entre municipios, con un proyecto de 37 millones de euros financiado en un 80% con fondos de cohesión europeos; el parque se abrió al público hace 26 años y hoy lo gestiona la Diputación de Barcelona.

El espacio ocupa 115 hectáreas a lo largo de los últimos nueve kilómetros del río, repartidas entre Barcelona, Montcada i Reixac, Sant Adrià de Besós y Santa Coloma de Gramenet, y recibe más de dos millones de visitantes al año. Torres ha catalogado 158 especies de aves en el parque, entre ellas cormoranes grandes que llegan con el otoño —el pasado invierno se contaron hasta 80 durmiendo en el mismo árbol que luego ocuparon las garzas—, garcillas bueyeras y garcetas comunes que forman dormideros nocturnos de hasta 200 ejemplares, y gaviotas que bajan al atardecer hacia el mar.

Larruy matiza que el éxito reproductivo no cierra el problema del río. Señala como amenazas activas los aliviaderos del alcantarillado que rebosan con la lluvia, la acumulación de residuos sólidos y las toallitas arrojadas por el váter, mientras Torres añade las obras, los lazos para cazar patos, la pesca furtiva y vertidos químicos puntuales de fábricas del Vallès que matan peces y ahuyentan a las aves. La diferencia con los años noventa, resume el biólogo, es que entonces el problema era la contaminación y ahora lo es la presión humana, una fragilidad que convive con episodios recientes de meteorología extrema como el temporal que dejó dos muertos en Cataluña.

«El Besós es un enfermo crónico, que está mejor que antes por la depuración de las aguas, pero es imposible que alguna vez se pueda decir que esté recuperado del todo», advierte el biólogo Xavi Larruy.

Larruy considera «muy probable» que otras parejas de garza real, garceta común, martinete o garcilla bueyera intenten criar la próxima primavera en los últimos metros del río.

Fuentes

  1. OKDiariookdiario.com

Material del que parte esta pieza. El texto es propio; los enlaces llevan al original.

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