El aumento progresivo de la edad de jubilación no es una novedad. Desde la reforma aprobada en 2011, España retrasa año a año el umbral de acceso a la pensión contributiva completa, siguiendo una senda que ya han transitado Alemania y Dinamarca, países que vinculan la edad de retiro a la esperanza de vida de su población. El objetivo declarado es ensanchar la base de cotizantes frente a un número creciente de perceptores.
La combinación de factores que presiona el sistema es conocida: una esperanza de vida al alza, una natalidad persistentemente baja, tasas de paro estructuralmente superiores a la media europea y una revalorización continuada de las pensiones conforme al IPC consolidada en la reforma de 2021. Esa ecuación es la que lleva años obligando al Gobierno a legislar ajustes sucesivos para intentar mantener el equilibrio entre ingresos y gasto del sistema.
La Ley 27/2011 marcó precisamente el punto de partida de ese recorrido. Su calendario, de aplicación gradual desde 2013, fija 2027 como el año en que la edad ordinaria alcanza su tope de 67 años para quienes no acrediten la carrera de cotización exigida. Quien sí reúna 38 años y seis meses conservará la posibilidad de retirarse a los 65. El diseño se concibió para absorber precisamente la llegada escalonada de los nacidos en los años sesenta y setenta.
Antonio López, profesor de matemáticas jubilado de 72 años, protagonizó unas declaraciones que se han hecho virales en los últimos días por la crudeza de su diagnóstico sobre la brecha generacional. López cobra 2.500 euros netos mensuales de pensión y, pese a su situación acomodada, no oculta su escepticismo sobre el futuro del sistema que le sostiene. En una entrevista en La Vanguardia contrastó la posición de los jubilados con la de los jóvenes.
«Los salarios son bajos; los puestos de trabajo, a no ser que seas una persona muy cualificada, son de baja calificación. Por lo tanto, los jóvenes cobran poco dinero, trabajan muchas horas y, si quieren comprar una vivienda, es muy caro. Nosotros, con nuestra edad, ya tenemos resuelto todo eso», Antonio López, profesor jubilado de 72 años.
López no se limitó a describir el contraste entre generaciones: planteó directamente la duda sobre la sostenibilidad futura del sistema público y apuntó hacia dos palancas, la recaudación y la inmigración como sostén demográfico de la Seguridad Social.
«Pienso que en unos años no habrá dinero para las pensiones si no cambian algunas cosas. Espero que cambien la manera de recaudar o que venga gente joven de otros países para que paguen impuestos», Antonio López, profesor jubilado de 72 años.
Un médico jubilado reclama subir impuestos
Las reflexiones de López no son un caso aislado. Juan José López, médico jubilado de 83 años, ofreció un análisis convergente sobre la comparación entre el poder adquisitivo de jóvenes y pensionistas, y apuntó a una solución que pasa por el lado de los ingresos del sistema antes que por el del gasto.
«Los jóvenes viven peor que los pensionistas porque los salarios son muy bajos y, aunque las pensiones también lo sean, todavía resultan más altas que lo que gana la gente joven», Juan José López, médico jubilado de 83 años.
Este segundo jubilado señaló además el obstáculo político que, a su juicio, impide abordar el problema de fondo: la resistencia social a una mayor presión fiscal en un país donde el debate sobre la financiación del Estado del bienestar lleva décadas pospuesto.
«En España hay que pedir más impuestos y la gente no está dispuesta a pagar», Juan José López, médico jubilado de 83 años.
Bernardos defiende la vía alemana
Gonzalo Bernardos, profesor de Economía de la Universidad de Barcelona, defendió en una intervención reciente en La Sexta que el sistema español de pensiones es viable a largo plazo, aunque condicionado a reformas que, advirtió, generarán rechazo tanto entre trabajadores como entre jubilados. Su propuesta central pasa por vincular la edad de jubilación a la esperanza de vida, siguiendo el modelo alemán.
«Es absolutamente viable. Lo único que hay que hacer son algunos ajustes, que ya sea a trabajadores o a jubilados, no les gustarán. Es un orgullo nuestro sistema de pensiones. No es un problema irresoluble, pero sí hay que hacer ajustes», Gonzalo Bernardos, profesor de Economía de la Universidad de Barcelona.
Bernardos sostuvo que la vinculación automática entre edad de jubilación y esperanza de vida es ya una tendencia consolidada en los países desarrollados, y que España no puede sustraerse a esa lógica sin comprometer la sostenibilidad del sistema. «Deberíamos retrasar la edad de jubilación, ya que ha aumentado la esperanza de vida y en la mayoría de los países europeos también se está haciendo», opinó, antes de añadir que «se vive más tiempo y, por tanto, en todos los países del mundo está aumentando la edad de jubilación, como mínimo en los principales».
El debate llega en un momento en que el consumo de los hogares españoles ya muestra signos de fatiga: el comercio minorista encadenó en septiembre su peor dato interanual desde 2022, con una caída del 1,6% que ilustra la presión sobre los presupuestos familiares, de jóvenes y jubilados, en un contexto de precios todavía elevados. Sobre ese trasfondo, la paga extra de los próximos días elevará de nuevo el gasto mensual de la Seguridad Social hacia su máximo histórico.