La sustitución de pasajeros reales por sacos de patatas no respondió a un capricho, sino a una limitación práctica: emplear a decenas o cientos de voluntarios durante jornadas completas de pruebas resultaba lento y poco repetible. Los ingenieros necesitaban reproducir, de forma barata y constante, el efecto que la presencia física de los viajeros ejerce sobre la propagación de las señales inalámbricas en el interior de la aeronave.
La clave estaba en las propiedades dieléctricas del alimento. Según la publicación especializada Phys.org, la idea surgió cuando un miembro del equipo de Boeing encontró un artículo del Journal of Food Science dedicado a las propiedades dieléctricas de frutas y verduras. Aquel hallazgo llevó a los ingenieros a plantear las patatas como sustituto viable de las personas en los ensayos de radiofrecuencia.
Cuantos más pasajeros conectan a la vez ordenadores y teléfonos durante un vuelo, más cambia la distribución de la señal wifi por la cabina, lo que genera zonas con cobertura desigual. A esa dificultad se sumaba otra de mayor calado: garantizar que las emisiones de los dispositivos personales no interfirieran con los sistemas de navegación y comunicación de la aeronave, equipos considerados críticos para la seguridad del vuelo.
«Por este motivo, utilizar una cabina vacía no habría permitido obtener resultados suficientemente representativos de las condiciones reales de un vuelo. Los pasajeros constituyen una parte importante del entorno físico que influye en la distribución de la conectividad», aseguraron los especialistas citados en el comunicado de la compañía.
Los sacos de patatas ocuparon los asientos de un avión fuera de servicio en los laboratorios de evaluación de Boeing, reproduciendo de manera aproximada la masa y las propiedades de absorción del cuerpo humano. Con ese escenario montado, los ingenieros registraron la intensidad y el alcance de la señal en distintos puntos de la cabina para localizar las zonas con cobertura insuficiente o excesiva y aplicar después los ajustes necesarios en el sistema de conectividad.
El procedimiento no se limitó a las mediciones con patatas. Tras esa primera fase, los resultados se contrastaron en tierra con personas que simulaban ser pasajeros, lo que permitió comparar los datos obtenidos mediante los sustitutos vegetales y afinar el modelo estadístico empleado para interpretar la distribución de la señal a bordo.
Dennis Lewis, ingeniero de Boeing, explicó la importancia de conocer los niveles máximos de señal que podrían recibir los sistemas de navegación y comunicación, incluso cuando se utilizan cientos de ordenadores portátiles de forma simultánea durante un vuelo.
El método desarrollado a partir de aquel experimento permitió a Boeing reducir de forma considerable el tiempo necesario para calibrar los sistemas de conectividad en sus aeronaves, al sustituir ensayos prolongados con voluntarios por un procedimiento de medición más rápido y repetible, aplicable después a distintos modelos de avión antes de su entrada en servicio comercial.