El vicepresidente ejecutivo de Comercio de la Comisión Europea, Maroš Šefčovič, y el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, se reunieron en París sin lograr avances sustanciales en las negociaciones arancelarias que mantienen en tensión las relaciones comerciales entre ambas potencias. El encuentro, celebrado en la capital francesa, fue descrito por fuentes diplomáticas europeas como 'constructivo en las formas pero vacío en la sustancia'. La amenaza estadounidense de imponer un arancel del 25% sobre los automóviles europeos a partir del 1 de julio permanece vigente. La próxima cita está fijada para el 15 de mayo en Ginebra.
Sin avances en el fondo
La caracterización diplomática del encuentro —cordial en el trato, estéril en los resultados— revela la profundidad de las divergencias que separan a las dos partes. Bruselas tiene preparado un paquete de represalias arancelarias valorado en 95.000 millones de euros, listo para activarse si Washington no retira o suaviza sus amenazas. La existencia de ese arsenal negociador, pendiente de uso, define el clima en que se desarrollan las conversaciones: la Unión Europea negocia con la mano extendida pero el puño cerrado detrás de la espalda.
Por qué importa este impasse
El sector del automóvil es el punto de máxima exposición europea en este conflicto. Un arancel del 25% sobre los vehículos fabricados en Europa —industria que vertebra economías como la alemana, la francesa, la española o la italiana— tendría un impacto directo sobre la producción, el empleo y la cadena de suministro a uno y otro lado del Atlántico. Los plazos son ajustados: si el 1 de julio llega sin acuerdo, la amenaza deja de ser retórica. La reunión de Ginebra del 15 de mayo se convierte así en la siguiente fecha crítica del calendario negociador.
Macron coordina en el Elíseo
Antes o después de la reunión con Greer, Šefčovič fue recibido por el presidente francés, Emmanuel Macron, en el palacio del Elíseo. El objetivo del encuentro fue coordinar la posición francesa con la estrategia negociadora de la Comisión Europea. Macron y Šefčovič coincidieron en la necesidad de acelerar la diversificación comercial de la Unión Europea, lo que en la práctica significa reducir la dependencia del mercado estadounidense buscando socios alternativos. La implicación directa del jefe del Estado francés subraya la dimensión política que ha adquirido el contencioso, más allá de la esfera técnico-comercial.
Mercosur como palanca estratégica
En ese marco de diversificación emerge el acuerdo entre la Unión Europea y el bloque sudamericano Mercosur —integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay— como pieza central de la reorientación estratégica europea. El acuerdo, cuyas negociaciones se prolongaron durante más de dos décadas antes de alcanzar un principio político de entendimiento, representa el mayor tratado de libre comercio por volumen de población afectada en la historia de la UE. Su eventual ratificación y entrada en vigor abriría mercados de escala continental a los exportadores europeos, compensando parcialmente el impacto de eventuales barreras arancelarias en el mercado estadounidense. La crisis con Washington ha otorgado a este acuerdo una urgencia política que hasta hace poco no tenía.
El mecanismo de represalias europeo
Los 95.000 millones de euros en represalias arancelarias que Bruselas tiene listos no son un número arbitrario: reflejan el cálculo de las exportaciones estadounidenses hacia la UE que podrían ser gravadas en respuesta a las medidas de Washington. La Comisión Europea, institución a la que los tratados de la UE atribuyen en exclusiva la competencia en materia de política comercial común, ha elaborado esas listas con arreglo a los procedimientos internos que exigen la consulta con los Estados miembros y la evaluación del impacto sobre la industria y los consumidores europeos. La activación de ese mecanismo requeriría una decisión política formal de la Comisión y, dependiendo de los casos, del Consejo de la UE.
La postura unificada como condición de fuerza
La presión de Macron por una postura europea unificada apunta a una de las tensiones estructurales de la negociación: la Unión Europea negocia como bloque, pero sus veintisiete miembros tienen exposiciones comerciales y sensibilidades políticas distintas frente a Estados Unidos. Alemania, el mayor exportador de automóviles de la UE, tiene intereses específicos que no son idénticos a los de Francia o España. Cualquier fractura en la posición europea debilitaría su poder de negociación frente a Washington, que históricamente ha explorado acuerdos bilaterales cuando el frente multilateral se le presenta cerrado. La cohesión interna de la UE es, en este contexto, tan importante como los argumentos técnicos que se llevan a la mesa.
Ginebra, el próximo test
La elección de Ginebra como sede de la próxima ronda negociadora no es neutral. La ciudad suiza alberga la sede de la Organización Mundial del Comercio, institución cuyas normas y procedimientos de resolución de disputas constituyen el marco jurídico de referencia —aunque debilitado en los últimos años— para los conflictos arancelarios entre sus miembros. Que las partes se citen en ese entorno puede leerse como un recordatorio mutuo de que existen reglas internacionales que encuadran este tipo de diferencias, aunque la efectividad de los mecanismos de la OMC para resolver disputas entre grandes potencias ha estado en cuestión desde que su órgano de apelación quedó bloqueado. La reunión del 15 de mayo determinará si el diálogo puede avanzar antes de que los plazos conviertan las amenazas en hechos consumados.

