Trump describió el episodio con detalle ante sus seguidores: "Vamos a regresar de Irán, esos hermosos barcos pasarán por Cuba. Haremos que uno de ellos se detenga a unos 45 metros de la costa. Levantarán las manos; y luego vamos a enviar a Marco Rubio para terminar el trabajo". El mandatario republicano habló en plena recta final de la campaña de las elecciones de mitad de mandato, en un momento en el que la política exterior de Washington suma frentes abiertos como el que atraviesa Israel, que cerró Cisjordania tras un tiroteo en Hebrón.
Trump calificó a Rubio de "un gran tipo" capaz de "resolver" el asunto. El secretario de Estado, de origen cubano, fue más allá en sus redes sociales al vaticinar un posible cambio de régimen en la isla y reiterar su apoyo a "quienes buscan generar un cambio positivo" en Cuba.
"Ahora es el momento. La decepción de promesas fallidas, la corrupción y las vidas privilegiadas de solo unos pocos; aprovechen esta oportunidad para crear el cambio que desean a través de una asociación discreta con la CIA", escribió Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos.
La respuesta del Gobierno cubano llegó por boca de su ministro de Exteriores, que rechazó cualquier amenaza estadounidense sobre la soberanía de la isla y apeló a la geografía del litoral caribeño para construir su réplica.
"Rechazamos toda amenaza sobre ambiciones de EEUU hacia Cuba. En nuestras costas hay bellas playas, pero también diente de perro, inhóspito para quienes llegan con fines hostiles y ansias de dominación. Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí", declaró Bruno Rodríguez, ministro de Exteriores de Cuba.
El cruce de declaraciones se produce días después de que las autoridades estadounidenses emitieran, el lunes, una orden de detención contra el expresidente cubano Raúl Castro por "conspiración para cometer asesinato". La acusación lo señala como responsable del derribo, en 1996, de dos avionetas civiles de la organización de exiliados Hermanos al Rescate en aguas internacionales, un suceso en el que murieron tres ciudadanos estadounidenses y un residente en Estados Unidos.
El embargo económico de Estados Unidos sobre Cuba, vigente desde 1962, enmarca ambas posiciones: mientras Washington ha intensificado su retórica sobre un posible cambio político en la isla, La Habana ha convertido el bloqueo en el eje de su defensa diplomática ante organismos internacionales. La Asamblea General de la ONU ha condenado esa medida en votaciones casi anuales desde 1992, con un respaldo mayoritario sostenido de los Estados miembros frente a los votos en contra de Estados Unidos e Israel.
El anuncio de Trump no fijó una fecha para el viaje de Rubio a la región ni detalló los términos del acuerdo que, según el presidente, buscaría cerrar su secretario de Estado con las autoridades o sectores internos cubanos.
