Sobrepasado en las últimas semanas por las protestas, la falta de respuestas, la crisis de deuda y la debilidad de su propio mandato, Macron intenta recuperar la iniciativa con un endurecimiento del orden público. El salto hacia la prohibición de concentraciones en determinadas ciudades y el blindaje policial de espacios públicos rompe con la gestión reactiva que el Gobierno había seguido hasta ahora ante las movilizaciones.
La respuesta de sindicatos y de juristas de corte progresista ha sido inmediata. Ambos colectivos han advertido del daño que la restricción del derecho de manifestación puede causar sobre el Estado de derecho, en un país donde ese derecho figura entre los pilares de la tradición republicana y ha sido invocado en episodios tan dispares como Mayo del 68 o las protestas de los chalecos amarillos, iniciadas en 2018.
El propio Macron reconoció públicamente la existencia de errores de cálculo en la gestión de las jornadas más tensas, una admisión poco habitual en un presidente que durante buena parte de su mandato ha evitado asumir errores ante la opinión pública.
"Fallos de previsión y efectos sorpresa", reconoció Emmanuel Macron, presidente de la República Francesa, en referencia a la jornada de protestas del 17 de octubre.
La crisis que atraviesa el Elíseo no se limita al orden público. Francia arrastra desde hace meses una crisis de deuda que ha erosionado el margen presupuestario del Gobierno, mientras la debilidad de la mayoría parlamentaria de Macron limita su capacidad para impulsar reformas sin negociación constante con la oposición y con sectores de su propia coalición.
La gira presidencial por el golfo Pérsico, de tres días, dejó además un giro en el relato oficial: Macron acusó a Donald Trump y a Benjamín Netanyahu de azuzar las protestas en Francia con fines electorales, según la información publicada. Es un elemento de tensión diplomática que el Elíseo no había utilizado en público hasta ahora y que traslada a una interferencia exterior un malestar que hasta entonces se había leído en clave estrictamente interna.
El pulso entre el Elíseo y las calles francesas coincide con otras crisis internacionales en la agenda, como el terremoto de magnitud 7 que ha dejado al menos 16 muertos en el Tíbet, sin que ambos episodios guarden relación más allá de la coincidencia temporal.
El Gobierno francés no ha precisado durante cuánto tiempo se mantendrá la prohibición de manifestaciones ni en qué ciudades se aplicará el blindaje policial anunciado.