Una baja que no es la primera ni, previsiblemente, la última
La dimisión de Moreno no constituye un episodio aislado. Desde que Sumar formalizó su constitución como partido en 2023 —tras absorber los restos de Podemos en la órbita de Yolanda Díaz y aglutinar fuerzas menores de la izquierda plural—, el partido ha registrado una sucesión de salidas de cuadros medios y altos que sus portavoces han atribuido sistemáticamente a decisiones personales. Sin embargo, la acumulación de casos dibuja un patrón que los analistas del espacio político interpretan como síntoma de tensión interna no resuelta.
Entre los precedentes más llamativos figura la salida de varios responsables territoriales durante 2024, así como el distanciamiento progresivo de algunas de las plataformas que confluyeron en la candidatura de las elecciones generales de julio de 2023. Aquella coalición obtuvo algo más de 3,2 millones de votos y 31 escaños según los datos del Ministerio del Interior, un resultado por debajo de las expectativas generadas durante la campaña y que marcó el inicio de un debate interno sobre el modelo organizativo.
El cargo que deja vacante Moreno y su peso real en la estructura
La Secretaría de Organización es, en cualquier formación política, el nervio del funcionamiento cotidiano: gestiona el censo de afiliados, coordina los órganos territoriales, supervisa los procesos internos de elección y articula la comunicación entre la dirección nacional y las estructuras autonómicas. En Sumar, donde la arquitectura orgánica nunca terminó de consolidarse tras la fusión de varias corrientes con culturas políticas distintas, ese rol adquiría una relevancia aún mayor. La salida de quien lo ocupaba deja una laguna difícil de cubrir en el corto plazo sin señalar hacia adentro.
Según los estatutos de Sumar, aprobados en su primer congreso, la sustitución de cargos de la ejecutiva corresponde al Consejo de Coordinación, que puede designar un sustituto provisional hasta que el siguiente congreso o asamblea de delegados ratifique el nombramiento definitivo. No hay, por tanto, un vacío legal, pero sí un coste político: cada sustitución provisional alimenta la narrativa de inestabilidad que los adversarios del partido —tanto en la derecha como en el propio espacio de la izquierda— explotan con eficacia.
El PSOE y la 'operación Rufián': qué hay detrás del movimiento socialista
El contexto en el que se produce la dimisión de Moreno no es neutral. En paralelo, el PSOE viene explorando desde hace semanas la viabilidad de construir una alternativa electoral a Sumar de cara a unas hipotéticas elecciones generales anticipadas o, en todo caso, a los comicios de 2027. El nombre de Gabriel Rufián, portavoz de Esquerra Republicana en el Congreso, ha aparecido en conversaciones informales dentro del socialismo como posible cabeza de lista de una nueva coalición de izquierdas que integrase a sectores hoy fragmentados entre Sumar, Comuns y otras formaciones.
Rufián alimentó ese debate al declarar públicamente que estaría dispuesto a encabezar una candidatura si ello contribuyera a 'unir a la izquierda', aunque matizó que esa decisión no dependía solo de él ni de su partido. Desde ERC, la posición oficial es de cautela: la formación republicana atraviesa su propio proceso de redefinición estratégica tras el acuerdo de investidura con el PSOE y el desgaste sufrido en las últimas elecciones autonómicas catalanas de mayo de 2024, donde Esquerra cedió la hegemonía del independentismo a Junts y sufrió su peor resultado en años.
Sumar responde: entre la negación y el silencio
Fuentes cercanas a la ejecutiva insistieron en que la salida 'no tiene lectura política' y que la organización 'sigue funcionando con normalidad'. Esa respuesta, calcada de las que siguieron a dimisiones anteriores, no satisface a los críticos internos.
Desde sectores minoritarios dentro de Sumar —algunos vinculados a las corrientes que confluyeron desde Izquierda Unida o desde espacios ecosocialistas— se lleva tiempo reclamando un congreso extraordinario que permita debatir el rumbo del partido con más participación de la base. La convocatoria de ese congreso no está prevista en el calendario orgánico inmediato, lo que añade fricción a una estructura que necesitaría, precisamente, oxígeno interno para retener cuadros.
Un patrón con precedentes en la izquierda española
La historia de la izquierda española desde la Transición ofrece varios precedentes de formaciones que sufrieron fugas de cuadros como señal temprana de crisis orgánica antes de una recomposición más profunda. El PCE vivió entre 1981 y 1986 una hemorragia de dirigentes —entre ellos Santiago Carrillo, que acabó fundando el Partido de Acción Socialista— que antecedió a la fundación de Izquierda Unida en 1986. Más recientemente, Podemos experimentó entre 2019 y 2021 la salida de figuras como Íñigo Errejón —que terminó fundando Más País— o Carolina Bescansa, en un proceso que fragmentó el espacio a la izquierda del PSOE y que aún no ha cicatrizado del todo.
Ese historial importa porque ilustra un mecanismo bien conocido en ciencia política: cuando los cuadros intermedios —quienes sostienen la maquinaria orgánica— perciben que el proyecto no tiene salida electoral o que el liderazgo no los integra en las decisiones, la salida individual precede a la fractura colectiva. No se afirma aquí que Sumar vaya necesariamente por ese camino, pero los indicadores disponibles justifican la pregunta.
Qué viene ahora: plazos, hitos y presiones acumuladas
El calendario político inmediato añade presión. El Gobierno de coalición PSOE-Sumar debe superar en los próximos meses varios trámites parlamentarios sensibles —Presupuestos Generales del Estado, renovación de organismos constitucionales, agenda legislativa en materias de vivienda y trabajo— que requieren una mayoría ajustada y, por tanto, una Sumar cohesionada y con capacidad de negociación. Una formación con problemas orgánicos internos tiene menor margen para sostener pulsos con el socio mayoritario del Gobierno.
A más largo plazo, si la 'operación Rufián' cuaja o si el PSOE decide apostar de forma explícita por una reconfiguración del espacio a su izquierda, Sumar se enfrentaría a una competencia electoral que le disputaría su electorado natural sin los recursos de incumbencia que aún posee —ministerios, visibilidad institucional, acceso a medios—. Ese escenario no está cerrado ni es inevitable, pero cada dimisión de un cuadro orgánico reduce la capacidad de la formación para responder con agilidad a ese desafío.
La próxima prueba de fuego llegará en las elecciones autonómicas y municipales que se celebren en el horizonte de 2026-2027, donde Sumar deberá demostrar que mantiene estructura territorial suficiente para competir. Sin secretaria de Organización y con una lista de bajas acumuladas, ese test llega en el peor momento posible para la formación de Yolanda Díaz.


