Sectores internos de Sumar consideran que las investigaciones judiciales que afectan al PSOE están evidenciando, con mayor nitidez que en etapas anteriores, la ausencia de un liderazgo reconocible en el partido minoritario de la coalición de Gobierno. La formación afronta esa coyuntura sin candidato definido para una eventual convocatoria electoral y sin haber consolidado una marca propia diferenciada, según fuentes del propio espacio político consultadas por este periódico.
La tesis interna: una oportunidad que se escapa
El argumento que circula entre estos sectores es que una crisis de envergadura protagonizada por el socio mayoritario —el PSOE— debería representar, en términos de competencia electoral, una ventana para el partido que comparte Ejecutivo pero aspira a diferenciarse. Sin embargo, las mismas fuentes sostienen que el vacío en la cúpula de Sumar impide capitalizar ese espacio o articular un discurso alternativo con suficiente autoridad pública ante el electorado.
Dos déficits estructurales que se retroalimentan
Sumar arrastra, según las fuentes consultadas, dos carencias que se amplifican mutuamente: la ausencia de una figura que encarne la dirección política de cara al electorado y la falta de una identidad electoral consolidada. Ninguna de las dos es nueva —ambas se hicieron patentes ya en el proceso de confluencia que dio origen a la formación en 2022— pero la presión que generan las causas judiciales sobre el PSOE las proyecta ahora con mayor visibilidad en el debate interno.
El contexto cuantitativo agrava el diagnóstico. En las elecciones generales del 23 de julio de 2023, Sumar obtuvo 3.014.006 votos y 31 escaños, según los resultados certificados por la Junta Electoral Central, frente a los 3.270.084 votos y 35 escaños que cosechó Unidas Podemos en abril de 2019. La tendencia contractiva del espacio a la izquierda del PSOE refuerza, para estos sectores internos, la urgencia de resolver la cuestión del liderazgo antes de que se convoque una nueva cita electoral.
La tensión estructural del socio minoritario en coalición
En el sistema parlamentario español, un partido que forma parte de un Gobierno de coalición sin ser la fuerza principal enfrenta una tensión permanente que el derecho constitucional no resuelve: debe sostener al Ejecutivo para mantener su presencia institucional —los Presupuestos Generales del Estado, los decretos-ley, las votaciones de confianza—, pero necesita diferenciarse para preservar o ampliar su base electoral. El marco de la coalición está regulado por el acuerdo de coalición suscrito en noviembre de 2023, cuya vigencia está ligada a la legislatura, y no contempla mecanismos formales de revisión del liderazgo del socio menor.
Esa tensión se agudiza cuando el socio mayoritario atraviesa dificultades reputacionales, porque la presión para tomar distancia aumenta al mismo tiempo que los costes institucionales de una ruptura. En política comparada, el caso de los Demócratas de Italia (1996-1998) dentro del primer Gobierno Prodi ilustra ese dilema: Rifondazione Comunista, socio externo y menor, tardó en definir su posición diferenciada y acabó provocando la caída del Ejecutivo sin haber construido una alternativa electoral sólida, lo que se tradujo en una pérdida neta de representación en las elecciones anticipadas de 1999.
Voces internas: diagnóstico sin ruptura formal
Las posiciones que emergen desde sectores de Sumar no constituyen, según lo recogido por este periódico, una ruptura formal ni una demanda pública de cambio inmediato en la dirección. Se trata, según las fuentes, de un diagnóstico que circula en el interior del partido. El hecho de que esas valoraciones trasciendan sugiere, no obstante, que la inquietud tiene suficiente extensión como para no ser marginal ni reducible a una corriente minoritaria.
Ni la dirección de Sumar ni el PSOE han realizado declaraciones públicas en respuesta directa a estas valoraciones internas en el momento de publicación de este artículo. La ausencia de réplica oficial no equivale a conformidad, pero sí indica que ninguna de las dos partes ha considerado oportuno trasladar el debate al espacio público de forma explícita.
Las causas judiciales como acelerador del debate
La acumulación de procedimientos judiciales que afectan a dirigentes o entornos del PSOE —cuya naturaleza y estado procesal exactos no han sido detallados por las fuentes consultadas— actúa, según esas mismas fuentes internas, como acelerador de un debate que ya existía antes en Sumar. En política comparada, las crisis del socio mayor en una coalición suelen forzar al partido menor a definirse con mayor rapidez de la que su propio calendario interno contempla, reduciendo el margen para una transición ordenada de liderazgo.
El precedente más próximo en la política española es el de Izquierda Unida durante los últimos años del segundo Gobierno González (1993-1996). IU, entonces socio parlamentario externo del PSOE, aprovechó la erosión del Ejecutivo socialista por los casos de corrupción para afianzar su perfil diferenciado bajo la dirección de Julio Anguita, lo que se tradujo en un crecimiento electoral hasta los 21 escaños en 1996. La diferencia relevante respecto a la situación actual es que IU no compartía Ejecutivo, lo que le otorgaba mayor libertad de movimiento para la crítica.
Plazos y riesgos si el liderazgo no se resuelve
Si Sumar no resuelve la cuestión del liderazgo y la definición de su marca electoral en un horizonte próximo, el riesgo que identifican estas fuentes internas es doble: quedar solapado por la agenda del PSOE en la narrativa pública y llegar a una eventual cita electoral —cuya convocatoria ordinaria correspondería a 2027, aunque la fragilidad parlamentaria del Gobierno hace imprevisible el calendario— sin el tiempo mínimo necesario para construir una oferta reconocible. La pregunta que queda abierta, según las mismas fuentes, es si la presión del momento actuará como detonante de ese proceso interno o si la inercia de la coalición seguirá aplazándolo hasta que el margen disponible se agote.