La editora jefe de Science, Yevgenia Nusinovich, encabeza el artículo de análisis que introduce el número. En él sostiene que las diferencias biológicas relacionadas con el sexo rebasan lo reproductivo, en contra de lo que ha asumido buena parte de la investigación médica durante décadas.
"En general, cada vez está más claro que la salud de la mujer y las diferencias biológicas relacionadas con el sexo van mucho más allá de la reproducción y afectan a las personas a lo largo de toda su vida y en diferentes afecciones médicas", Yevgenia Nusinovich, editora jefe de Science.
Uno de los artículos de revisión, encabezado por investigadores de la Universidad de California en San Francisco, se concentra en los mecanismos del dolor crónico específicos de cada sexo. Desde hace décadas se sabe que las mujeres, en particular las más jóvenes, resultan afectadas "de manera desproporcionada por trastornos dolorosos", entre ellos el síndrome del intestino irritable, la endometriosis, las migrañas menstruales, la fibromialgia, la osteoartritis y el dolor neuropático.
La incorporación del sexo como variable biológica en las investigaciones, a partir de 2016, comenzó a transformar este campo al revelar vías específicas de cada sexo que inician, amplifican y resuelven el dolor. Los autores destacan que la estrecha relación entre las fluctuaciones de las hormonas ováricas y los síntomas es común a buena parte del dolor que experimentan las mujeres, en la que también intervienen la interacción inmunoneural, la microbiota intestinal y los circuitos analgésicos propios del organismo.
Pese a estos avances, persiste una brecha entre la carga que representa el dolor para las mujeres y los esfuerzos científicos dedicados a comprenderlo y tratarlo. Según los autores, las mujeres esperan "con ansia respuestas concretas" que ayuden a superar el habitual enfoque de que "todo está en tu cabeza" respecto a sus enfermedades y a acortar la espera entre la aparición de los síntomas y el diagnóstico.
Cromosomas X e Y y riesgo de cáncer
Otro de los artículos, también liderado por la Universidad de California en San Francisco, recopila evidencia creciente de que los cromosomas X e Y no solo determinan el sexo biológico, sino que influyen en el riesgo de padecer enfermedades —incluido el cáncer— de forma independiente a las hormonas. Durante mucho tiempo, las diferencias de salud entre hombres y mujeres se atribuyeron casi exclusivamente al estrógeno y la testosterona. Dan Theodorescu, investigador de la Universidad de Arizona y uno de los firmantes, señaló que esos cromosomas contienen instrucciones genéticas que determinan cómo envejecen las células y cómo se defiende el organismo frente a las principales enfermedades.
Un tercer artículo, encabezado por la Fundación de Investigación Médica de Oklahoma, aborda la investigación sobre la menopausia, históricamente infrafinanciada pese a su impacto en casi el 40% de la vida de una mujer. Sus autores plantean que ese campo debe pasar de una visión generalizada a un enfoque de medicina de precisión que considere las diferencias en síntomas, momento de aparición, genética y tratamientos hormonales, pues reducir la menopausia a un simple envejecimiento, afirman, "es un flaco favor para las mujeres".
El especial se inscribe en una corriente que gana terreno en la discusión científica regional sobre la visibilidad de las mujeres en la investigación, reflejada en Panamá en iniciativas como la Política Género-CTI 2040 que propone un directorio de científicas. Un cuarto texto de la revista examina el papel del sistema inmunitario en la preparación del cuerpo para el embarazo, uno de los periodos de remodelación fisiológica más prolongados de la vida adulta; nuevas investigaciones indican que ese sistema dirige activamente la reprogramación de los tejidos maternos de formas que podrían influir en la salud femenina mucho más allá de la gestación. El número cierra con evidencia de que los ovarios permanecerían biológicamente activos durante décadas después de la menopausia.