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Sánchez celebra la demolición de la Verja de Gibraltar tras el tratado UE-Reino Unido

El presidente del Gobierno, augura prosperidad para el Campo de Gibraltar tras el acuerdo que permite derribar la valla fronteriza desde este miércoles

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, celebró este miércoles 15 de julio de 2026 la firma del Tratado sobre Gibraltar entre la Comisión Europea y el Reino Unido, que habilita la demolición de la Verja fronteriza a partir de hoy, según informó otro medio. Sánchez afirmó que con este paso «hoy cae el último muro de la Europa continental» y vinculó el acuerdo a una futura etapa de prosperidad para el Campo de Gibraltar, una de las comarcas con mayores tasas de desempleo de España.

Un contencioso que se remonta a Utrecht

La Verja de Gibraltar no es una frontera cualquiera. Erigida por las autoridades británicas a comienzos del siglo XX y cerrada por completo entre 1969 y 1985 por orden del régimen franquista, ha sido durante décadas el símbolo de una disputa territorial que arranca del Tratado de Utrecht de 1713, cuando España cedió el Peñón a la Corona británica tras la Guerra de Sucesión. La reapertura de 1985, en plena negociación del ingreso de España en la Comunidad Económica Europea, marcó el precedente más directo de flexibilización fronteriza hasta el acuerdo alcanzado ahora.

Desde el referéndum del Brexit en 2016 —en el que Gibraltar votó mayoritariamente por permanecer en la UE— el Peñón quedó en una situación de excepcionalidad jurídica: fuera de la Unión, pero con un tránsito fronterizo intenso con España del que dependen miles de trabajadores transfronterizos, muchos residentes en La Línea de la Concepción, Algeciras o San Roque.

Qué establece el tratado según la fuente

Según la información, el tratado firmado entre la Comisión Europea y el Reino Unido habilita a partir de este miércoles la demolición física de la Verja, lo que en la práctica supondría la eliminación de los controles fronterizos tradicionales entre España y el Peñón. El texto cierra uno de los flecos pendientes del Brexit: el estatuto de Gibraltar quedó fuera del acuerdo comercial general entre la UE y el Reino Unido de 2020 y requirió negociaciones específicas posteriores.

El Hemiciclo no ha podido verificar de forma independiente el contenido íntegro del tratado ni los mecanismos concretos de control aduanero o migratorio que sustituirán a la actual Verja, extremos que previsiblemente se detallarán en los próximos días a través de la Moncloa, el Foreign Office británico y la Comisión Europea. La pieza se apoya en una única cabecera, lo que aconseja prudencia sobre el calendario y el alcance jurídico.

La retórica del presidente

La frase atribuida a Sánchez —"hoy cae el último muro de la Europa continental"— se inscribe en una tradición retórica que evoca la caída del Muro de Berlín en 1989 como metáfora de integración y fin de divisiones. El presidente vinculó explícitamente el hecho a una promesa de prosperidad para el Campo de Gibraltar, comarca que arrastra desde hace décadas tasas de paro superiores a la media andaluza y nacional, según las series históricas del INE y del Servicio Público de Empleo Estatal.

La brecha laboral no es menor: el Campo de Gibraltar figura de forma recurrente entre las comarcas con mayor desempleo del país, con miles de españoles empleados diariamente en el Peñón, según los registros históricos del SEPE. La normalización del tránsito es, por tanto, un asunto de subsistencia económica para la zona más allá de su carga simbólica.

Voces implicadas y réplica pendiente

Ni el Gobierno de Gibraltar, encabezado por el ministro principal Fabian Picardo, ni el Ejecutivo británico de Keir Starmer aparecen citados con declaraciones propias en la, por lo que su valoración oficial queda pendiente de confirmación. Tampoco consta una reacción formal de las fuerzas de la oposición en España ni de las autoridades andaluzas.

El Ministerio de Asuntos Exteriores español, dirigido por José Manuel Albares, ha sostenido en episodios anteriores de esta negociación que cualquier acuerdo sobre Gibraltar debía garantizar la fluidez del tránsito sin comprometer la integridad del control aduanero comunitario, una posición que previsiblemente reiterará en las próximas comparecencias oficiales.

El Estrecho, un enclave estratégico

La cuestión gibraltareña trasciende lo simbólico: el Peñón domina un punto estratégico del Estrecho de Gibraltar, paso marítimo por el que transita una parte sustancial del tráfico mercante entre el Mediterráneo y el Atlántico. Para España, la normalización fronteriza tiene una dimensión económica directa en el empleo transfronterizo; para el Reino Unido, la soberanía sobre Gibraltar ha sido históricamente una cuestión de prestigio geoestratégico y de control sobre una base militar con presencia naval permanente.

La Unión Europea ha actuado como negociadora en un proceso que combina cuestiones aduaneras, de movilidad de personas y de seguridad, en un contexto en el que Bruselas ha priorizado cerrar los flecos pendientes del Brexit para evitar fricciones prolongadas con Londres en otros ámbitos comerciales y diplomáticos.

Un caso sin equivalente en Schengen

El episodio recuerda, en clave menor, a la progresiva desaparición de controles en el espacio Schengen, en vigor desde mediados de los años noventa y del que España es parte. La diferencia sustancial es que Gibraltar no pertenece a la Unión Europea tras el Brexit, lo que obliga a fórmulas jurídicas ad hoc que no tienen equivalente directo en el resto del continente y que deben conciliar la condición de frontera exterior de la UE con la libre circulación deseada por España y el Peñón.

Los flecos que restan por aclarar

Quedan por confirmar aspectos centrales: el calendario preciso del desmantelamiento físico de la Verja, el régimen aduanero que regirá el paso de mercancías y si el acuerdo contempla la participación de Frontex o de las autoridades españolas en la gestión de ese tramo de frontera exterior comunitaria. La entrada en vigor de un tratado de esta naturaleza suele requerir además su ratificación por las partes, un trámite cuyos plazos no constan por el momento en el material disponible.

En los próximos días se esperan las comparecencias oficiales de la Moncloa, del Ejecutivo británico y de la Comisión Europea que permitirán contrastar los términos anunciados. Hasta entonces, el alcance real de la caída de la Verja —y el calendario de una demolición que Sánchez sitúa a partir de este miércoles— seguirá pendiente de verificación documental.

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