El respaldo de Ryanair a Casarrubios no es un episodio aislado, sino la última pieza de una ofensiva que la aerolínea despliega desde hace semanas contra Aena. Días antes de este posicionamiento, la compañía había exigido públicamente una rebaja de las tarifas aeroportuarias y había acusado al gestor español de comportarse como un monopolio que frena el crecimiento del tráfico aéreo en España El apoyo a un aeropuerto alternativo prolonga esa línea argumental: introducir un competidor donde hoy Ryanair identifica un actor único.
El proyecto de Casarrubios, años en tramitación
La iniciativa de Air City Madrid Sur plantea transformar terrenos situados entre Madrid y Toledo en un aeropuerto comercial complementario a Barajas, con una pista principal de 3.200 metros y otra secundaria de 1.500 metros orientada a la aviación ejecutiva y general. Según los promotores, la infraestructura podría alcanzar una capacidad de hasta diez millones de pasajeros en su primera década de funcionamiento. El proyecto, sin embargo, lleva años en tramitación administrativa y aún no cuenta con las autorizaciones necesarias para iniciar obras, por lo que su materialización, de producirse, no sería inminente.
La tesis de Ryanair: competencia y modelo low cost
Wilson defendió que la existencia de un segundo aeropuerto en el entorno madrileño generaría lo que denominó un «círculo virtuoso»: tasas más bajas, mayor tráfico y ampliación de la oferta de rutas. Como referencia, la aerolínea cita el aeropuerto de Bérgamo, en Italia, que pasó de gestionar un volumen reducido de operaciones a superar los 20 millones de pasajeros tras apostar por el modelo de bajo coste. El directivo señaló que a Ryanair «nos encantaría tomar parte» en el proyecto de Casarrubios, aunque puso una condición: que aeropuertos y compañías «sean sostenibles» y se apoyen en un modelo de negocio que genere ingresos más allá de las tasas aeroportuarias.
La respuesta de Aena: marco regulatorio y competitividad
Aena rechazó la tesis de que sus tarifas constituyan un freno al crecimiento del sector. El gestor sostiene que las tasas se fijan conforme al Documento de Regulación Aeroportuaria (DORA), el instrumento quinquenal que establece los ingresos máximos por pasajero que puede percibir la red de aeropuertos de interés general y que aprueba el Gobierno tras un proceso de consulta con las aerolíneas. La compañía defiende que sus tarifas continúan siendo competitivas frente a otros grandes aeropuertos europeos y subraya que las inversiones previstas para los próximos años buscan garantizar la capacidad y la calidad del servicio de toda la red, no solo de Barajas.
Cómo funciona el DORA
El DORA es la pieza clave del régimen tarifario aeroportuario español, en vigor desde la salida a bolsa parcial de Aena en 2015. Fija por quinquenios el ingreso máximo anual por pasajero que el gestor puede repercutir a las aerolíneas y condiciona además el plan de inversiones de la red. Es en su procedimiento de revisión donde las compañías, incluida Ryanair, pueden presentar alegaciones, de modo que la presión pública sobre las tasas suele intensificarse en las fases previas a cada nueva regulación.
El peso de Barajas en la red aeroportuaria
Madrid-Barajas es, junto con El Prat de Barcelona, uno de los dos grandes hubs de la red de Aena y una pieza central de los ingresos del gestor, que cotiza en el Ibex 35 y en el que el Estado, a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), mantiene una participación mayoritaria. Cualquier proyecto que introduzca competencia directa en el área de influencia de Barajas afectaría no solo al negocio aeroportuario, sino también a los ingresos que el Estado percibe como accionista, lo que añade una dimensión política al debate más allá de la disputa empresarial entre Ryanair y Aena.
Un pulso que se repite en Europa
La fricción entre Ryanair y los gestores aeroportuarios no es exclusiva de España. La aerolínea irlandesa mantiene tensiones similares con aeropuertos de otros países europeos, donde reclama tasas más bajas a cambio de comprometer aumentos de rutas y frecuencias. El caso de Bérgamo, que Wilson cita expresamente, ilustra el modelo que la compañía querría replicar en Madrid: convertir una infraestructura secundaria en un actor relevante del tráfico mediante tarifas reducidas y alto volumen de operaciones.
Antecedentes de aeropuertos alternativos en España
España acumula precedentes de infraestructuras concebidas para captar tráfico de bajo coste que no cuajaron. El caso más citado es el aeropuerto de Ciudad Real, inaugurado en 2008 con vocación de descongestionar Barajas y que cerró pocos años después tras quedar prácticamente sin operaciones, un ejemplo de las dificultades de sostener una alternativa aeroportuaria sin tráfico suficiente. Ese historial de infraestructuras infrautilizadas planea sobre cualquier nuevo proyecto en el entorno madrileño.
Qué falta para que Casarrubios sea una realidad
Antes de operar, el proyecto debería superar varias fases: la declaración de impacto ambiental, la calificación urbanística de los terrenos, la autorización de la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA) y la aprobación administrativa para una nueva infraestructura aeroportuaria. Según la información disponible, ninguno de estos trámites se encuentra en fase avanzada, lo que sitúa cualquier horizonte de apertura, de producirse, a medio o largo plazo.
Esta pieza se basa en una única fuente, otro medio, por lo que las declaraciones atribuidas a Eddie Wilson y el estado del proyecto deben tomarse con la cautela propia de una información no corroborada aún por otras cabeceras. El Hemiciclo seguirá el desarrollo del asunto a la espera de confirmación adicional y de reacciones oficiales de Aena y del Ministerio de Transportes.
Próximos pasos en la disputa
Está por ver si la presión de Ryanair se traduce en cambios en la próxima revisión del DORA o si el respaldo a Casarrubios queda como herramienta de negociación frente a Aena sin desarrollo posterior. Tanto el avance de los trámites del proyecto como la evolución de las tarifas de Barajas marcarán los próximos capítulos de una disputa que, previsiblemente, seguirá abierta en los meses venideros.


