La revaluación del peso frente al dólar es uno de los fenómenos económicos que más atención ha concentrado entre los gremios empresariales colombianos en lo que va del año. La caída del tipo de cambio, que según Corficolombiana ubica a la divisa estadounidense en su menor nivel desde abril de 2019, tiene un efecto asimétrico: mientras algunos hogares y empresas ganan poder de compra, otros —en particular los exportadores— ven reducidos sus ingresos en pesos sin que sus costos internos disminuyan al mismo ritmo. La firma atribuye buena parte de la apreciación a factores idiosincráticos, propios de la coyuntura nacional, y en particular al aumento de la confianza asociado al cambio político, aunque no detalla los mecanismos de transmisión de esa confianza hacia el mercado cambiario.
Un alivio a medias para los hogares
Para los hogares que perciben ingresos en pesos, la fortaleza de la moneda local se traduce en mayor poder adquisitivo frente a bienes importados. Corficolombiana calcula que la masa salarial medida en dólares creció 41 % a mayo de 2026, lo que amplía la capacidad de compra de productos del exterior. La tasa representativa del mercado (TRM) implícita en las importaciones de bienes cayó 12,4 % anual entre enero y mayo, mientras que el índice de precios de las importaciones retrocedió 5,1 % anual durante el primer semestre. El estudio señala que ese menor costo beneficia tanto a los consumidores como a las empresas que emplean insumos del exterior, reduciendo gradualmente sus costos y trasladando parte del alivio a la inflación.
No obstante, el propio análisis matiza su alcance. Solo el 7,8 % de la canasta del Índice de Precios al Consumidor —el indicador que mide la inflación en Colombia y que elabora el DANE— responde directamente al tipo de cambio, y ese efecto tarda alrededor de seis meses en materializarse en los precios finales. Bajo esas estimaciones, la apreciación observada en el último año habría aliviado la inflación total en apenas 20 puntos básicos, una cifra marginal frente a las presiones de origen interno que identifica el documento: indexación de contratos, costos laborales elevados y una demanda interna sólida. Por eso, sostiene la firma, la fortaleza del peso «difícilmente constituirá, por sí sola, una fuente estructural de desinflación».
Ese matiz cobra relevancia porque el Banco de la República mantiene como mandato constitucional el control de la inflación, con una meta de largo plazo del 3 %. La autoridad monetaria, independiente del gobierno nacional desde la Constitución de 1991, no ha intervenido de manera directa en el actual episodio de apreciación, según lo describe el propio estudio, lo que sugiere que estaría observando el fenómeno sin activar mecanismos de intervención cambiaria hasta el momento.
Remesas menguadas y exportadores golpeados
Entre quienes reciben ingresos en dólares, el golpe ha sido más directo. Los ingresos por remesas, medidos en pesos, cayeron 9,1 % anual en el primer semestre de 2026, al pasar de $26,9 billones a $24,4 billones, según las cifras del estudio. El descenso afecta particularmente a los hogares que dependen de los envíos de familiares en el exterior, un flujo que en las últimas décadas se ha convertido en un componente relevante de los ingresos de miles de familias colombianas, sobre todo en regiones con alta migración hacia EE. UU. y España.
El sector más perjudicado, sin embargo, es el exportador, que dejó de percibir cerca de $12,2 billones por la apreciación del peso entre enero y mayo de este año. El mecanismo es directo: cada dólar que ingresa por ventas al exterior se convierte en menos pesos, mientras que los costos de producción —salarios, insumos locales, arriendos— se mantienen en moneda nacional y, en muchos casos, siguen subiendo. Corficolombiana advierte que este choque cambiario se suma a otros dos factores que presionan al sector transable: el incremento de los costos laborales y los nuevos aranceles impuestos por Estados Unidos, «nuestro principal socio comercial», configurando un entorno «cada vez más desafiante para el sector transable».
A pesar del golpe, el saldo neto del comercio exterior habría sido favorable hasta ahora, impulsado por el buen desempeño de los productos minero-energéticos —petróleo y carbón, principalmente—, que representan una porción sustancial de las exportaciones y que se cotizan en dólares en los mercados internacionales. El estudio explica que, dado que las importaciones superan a las exportaciones, el menor costo en pesos de los bienes traídos del exterior generó un ahorro todavía mayor que la pérdida de los exportadores: unos $15,6 billones. El resultado es que el efecto neto sobre el comercio exterior fue positivo en el periodo analizado, aunque la firma advierte que una apreciación persistente «podría traducirse en una pérdida gradual de competitividad para el resto del aparato exportador» más allá del sector minero-energético.
El comportamiento de la tasa de cambio ha sido, históricamente, un termómetro sensible de la confianza de los inversionistas en la economía colombiana. Episodios previos de fuerte volatilidad cambiaria, como los registrados durante la caída de los precios del petróleo en 2014 y 2015 o en los meses posteriores a la pandemia en 2020, marcaron cambios profundos en la estructura de costos de sectores exportadores e importadores por igual, con efectos que tardaron varios trimestres en estabilizarse.
De cara a los próximos meses, la sostenibilidad de la apreciación del peso dependerá, según anticipa Corficolombiana, de que se mantenga la confianza de los mercados en el rumbo económico del país, un factor que por su naturaleza resulta difícil de proyectar con certeza en el corto plazo. La eventual persistencia de la revaluación pondría de nuevo sobre la mesa la discusión gremial en torno a la competitividad del sector transable no minero-energético frente al gobierno nacional y el Congreso.
