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Todas las federaciones provinciales del PSOE andaluz respaldan el congreso federal mientras Ferraz envía emisarios a Sevilla y Sánchez se recluye en Moncloa sin agenda pública

Montero se reúne a puerta cerrada con dirigentes de las ocho provincias y obtiene un respaldo unánime que eleva la presión sobre Ferraz. Cerdán y Lastra viajan a Sevilla para negociar un aplazamiento que Espadas rechaza de plano. Page anuncia desde Toledo una ponencia alternativa para el congreso. Ximo Puig se suma al bloque crítico, que alcanza ya el 38% de la militancia.

Por Redacción de El Hemiciclo· Sevilla / Madrid / Toledo·
16 min de lectura
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La sede del PSOE-A en el número 8 de la calle San Vicente de Sevilla no estaba preparada para lo que ha ocurrido esta tarde. A las 11:00 de la mañana, cuando María Jesús Montero cruzó la puerta lateral del edificio flanqueada por los secretarios provinciales de Huelva y Cádiz, los tres únicos periodistas que esperaban en la acera pensaron que se trataba de una reunión rutinaria de coordinación post-electoral. A las 14:30, cuando la reunión terminó y el portavoz del PSOE-A leyó un comunicado de veinte líneas ante cuarenta cámaras, el escenario había cambiado por completo: las ocho federaciones provinciales del PSOE andaluz respaldaban unánimemente la convocatoria de un congreso federal extraordinario antes de septiembre.

El dato es demoledor para Ferraz no por lo que dice, sino por lo que implica. La federación andaluza del PSOE representa el 22% de la militancia total del partido a nivel nacional. Es la mayor federación territorial, la que aporta más delegados al comité federal y la que, históricamente, ha funcionado como barómetro de la salud interna del socialismo español. Cuando Andalucía se mueve, el PSOE tiembla — una regla no escrita que se cumplió en 2016, cuando la rebelión de Susana Díaz contra Sánchez tuvo precisamente en Sevilla su epicentro, y que amenaza con cumplirse de nuevo en 2026 con los papeles invertidos: ahora es Sánchez quien se defiende y es una andaluza — Montero — quien lidera la ofensiva.

La reunión de esta mañana ha seguido un guion que revela una planificación mucho más sofisticada de lo que sugería el comunicado espontáneo de Montero anoche a las 23:45. Los secretarios provinciales han llegado escalonadamente entre las 10:30 y las 11:00, evitando la foto de grupo que hubiera alertado a los medios antes de tiempo. Montero ha abierto la sesión con un discurso de cuarenta minutos en el que, según los asistentes que han hablado con este medio, ha combinado la autocrítica por la derrota del 17-M con un análisis quirúrgico de las razones estructurales del hundimiento: «No hemos perdido Andalucía por un mal candidato o una mala campaña; hemos perdido porque el partido ha dejado de escuchar a los ciudadanos y porque la acumulación de frentes judiciales ha erosionado la credibilidad del proyecto socialista desde dentro».

La frase que ha provocado más revuelo en la sala — y que ya circula por los grupos de WhatsApp de las federaciones de toda España — es la que Montero ha pronunciado al cerrar su intervención: «Si el partido no se renueva voluntariamente, lo renovarán los electores de forma involuntaria, y esa renovación será mucho más dolorosa». La referencia es inequívoca: las elecciones municipales de 2027 están a trece meses y, si el PSOE llega a ellas sin haber procesado la derrota andaluza, la debacle podría extenderse a los ayuntamientos de toda España. Los secretarios provinciales han captado el mensaje y han votado la resolución de apoyo al congreso federal por aclamación, sin necesidad de voto formal.

La reacción de Ferraz ha sido la de un organismo que reconoce la gravedad de la herida pero aún confía en poder cauterizarla antes de que se infecte. A las 12:45, apenas noventa minutos después de iniciada la reunión de Sevilla, Santos Cerdán ha comunicado a las federaciones que viajará a la capital andaluza esta misma tarde acompañado de Adriana Lastra, con el mandato de negociar un aplazamiento de la reunión del comité de la federación andaluza prevista para mañana miércoles. La estrategia de Ferraz es clara: ganar tiempo para que la sentencia del caso Koldo — prevista para el jueves — absorba la atención mediática y desplace la crisis interna a un segundo plano. Si la sentencia es moderada, Sánchez podrá argumentar que el PSOE no necesita un congreso para renovarse sino simplemente tiempo para absorber los golpes judiciales. Si es severa, la crisis interna se multiplicará, pero al menos Ferraz habrá ganado 48 horas para preparar su respuesta.

Espadas ha rechazado el aplazamiento con una frase que ha encendido las alarmas en la tercera planta de Ferraz: «La reunión se celebrará mañana miércoles a las 17:00 con o sin la presencia de Ferraz. Los militantes andaluces tienen derecho a ser escuchados y no vamos a pedirles que esperen para no incomodar a nadie». La negativa de Espadas no es solo una cuestión de principio — es una demostración de fuerza que señala que el secretario general del PSOE-A ya no se considera subordinado a las instrucciones de Cerdán. La relación entre ambos, que nunca fue fluida, se ha roto definitivamente con la amenaza de expedientes disciplinarios que Cerdán lanzó esta mañana a las 07:15.

Desde Toledo, Emiliano García-Page ha añadido una capa estratégica al movimiento. El presidente de Castilla-La Mancha ha anunciado a las 16:00 que presentará una «ponencia programática alternativa» para el congreso federal en la que propondrá «un giro de 180 grados en la política territorial del PSOE, un compromiso inequívoco con la regeneración democrática y un calendario vinculante de primarias abiertas para todos los cargos orgánicos del partido». La ponencia de Page no es solo un documento político — es una candidatura velada a la secretaría general o, al menos, una advertencia de que el bloque crítico no se conformará con un congreso cosmético sino que exigirá cambios profundos en la dirección del partido.

La incorporación de Ximo Puig al bloque crítico, confirmada a las 15:30 mediante un comunicado desde Valencia, ha elevado el porcentaje de militancia que respalda el congreso del 35% al 38%, tres puntos por encima del umbral estatutario necesario para forzar una convocatoria extraordinaria. Puig, que perdió la presidencia de la Generalitat Valenciana en 2023 y que desde entonces ha mantenido un perfil bajo, ha redactado un comunicado medido pero inequívoco: «El PSOE necesita escucharse a sí mismo antes de poder volver a hablar con los ciudadanos. Un congreso federal no es una amenaza sino una oportunidad, y los que lo retrasan son los que verdaderamente ponen en riesgo la unidad del partido».

En Moncloa, el silencio es la única estrategia disponible. Sánchez ha cancelado su agenda vespertina — que incluía una reunión con el comisario europeo de Economía y un acto sobre digitalización en Ifema — y se ha recluido en el Palacio de la Moncloa con Félix Bolaños y Pilar Alegría. Según fuentes de Presidencia, el presidente está evaluando tres escenarios: primero, aceptar el congreso federal y negociar las condiciones para que no se convierta en un juicio al liderazgo; segundo, resistir la presión y forzar a los críticos a cumplir los plazos estatutarios, que exigen al menos sesenta días entre la convocatoria formal y la celebración del congreso, lo que lo empujaría a finales de julio; tercero, adelantarse y convocar él mismo el congreso en sus propios términos, una jugada arriesgada que le permitiría controlar el relato pero que reconocería implícitamente que la presión de los barones ha funcionado.

Mientras los despachos de Ferraz y Moncloa arden, en Sevilla las luces de la sede del PSOE-A siguen encendidas. Montero tiene prevista una cena de trabajo con Espadas y los ocho secretarios provinciales para preparar la reunión de mañana. El orden del día ya está cerrado: análisis electoral del 17-M, renovación de la ejecutiva andaluza y posición formal de la federación sobre el congreso federal. El tercer punto es el que decidirá si la crisis del PSOE se resuelve con un congreso ordenado antes del verano o si se arrastra hasta el otoño, contaminando cada decisión del Gobierno con el ruido de las luchas internas. Esta noche, en la calle San Vicente de Sevilla, la respuesta a esa pregunta ya no es una incógnita: el congreso se celebrará. La única pregunta que queda es cuándo y bajo qué condiciones.

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