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La federación andaluza del PSOE aprueba por seis votos a dos solicitar un congreso federal extraordinario antes del 15 de julio: Cerdán fracasa en su misión y Sánchez convoca reunión de urgencia en Moncloa mientras el bloque crítico escala al 44%

La votación en la calle San Vicente de Sevilla ha durado apenas cuarenta minutos. Huelva, Cádiz, Córdoba, Málaga, Sevilla y Granada han respaldado el documento de Montero. Jaén y Almería se han abstenido. Asturias y Cantabria se han sumado al bloque crítico durante la tarde. Sánchez baraja convocar él mismo el congreso para septiembre o agotar los plazos estatutarios.

Por Redacción de El Hemiciclo· Sevilla / Madrid·
19 min de lectura
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A las seis y doce minutos de esta tarde, cuando el sol de mayo caía sobre los tejados de la calle San Vicente como un presagio de lo que estaba a punto de suceder, la federación andaluza del PSOE ha votado lo que los leales a Sánchez llevaban semanas intentando evitar: la solicitud formal de un congreso federal extraordinario antes del 15 de julio. Seis provincias a favor, dos abstenciones, ningún voto en contra. La aritmética de la rebelión ha sido tan limpia como demoledora.

La reunión ha comenzado a las cinco en punto de la tarde con una puntualidad que tenía algo de sentencia. Juan Espadas, que llevaba toda la mañana preparando el terreno con llamadas individuales a cada secretario provincial, ha abierto el acto con un discurso breve y seco, desprovisto de la retórica conciliadora que había caracterizado sus intervenciones en semanas anteriores. Tres frases han bastado para marcar el tono: el documento de Montero es la base del debate, la votación será nominal y pública, y el resultado se comunicará inmediatamente al comité federal. No ha mencionado a Sánchez ni una sola vez. No ha mencionado a Ferraz. Ha hablado de la militancia andaluza como si fuera la única audiencia que le importara, y probablemente lo era.

Santos Cerdán ha tomado la palabra en segundo lugar, tal y como estaba previsto en el orden del día que Espadas había configurado deliberadamente para que la intervención de Ferraz precediera al debate abierto. Durante veintidós minutos cronometrados por los periodistas apostados en el pasillo — la reunión era a puerta cerrada pero las filtraciones fluían con una fluidez que sugería intención —, el secretario de Organización ha desplegado el argumentario que traía preparado desde Madrid. Ha hablado de unidad. Ha hablado de responsabilidad. Ha hablado de la sentencia del Koldo que se leerá mañana a las diez de la mañana y del daño que un partido en guerra interna haría ante la opinión pública. Ha apelado a la historia del PSOE. Ha recordado que cada vez que el partido ha celebrado un congreso en caliente, el resultado ha sido una travesía del desierto de al menos ocho años.

Pero el argumento de Cerdán tenía un problema fundamental: llegaba tarde. Las seis federaciones que iban a votar a favor ya habían decidido su posición antes de que el primer AVE de la mañana llegara a Santa Justa. El documento de Montero, distribuido a las siete de la mañana por la propia federación andaluza, había actuado como un catalizador que cristalizó voluntades que llevaban semanas en estado líquido. Y la ponencia de Page, con su propuesta de primarias abiertas y auditoría de cuentas, había proporcionado a los críticos moderados una alternativa que no podía ser descartada como extremismo: era, en esencia, la propuesta de un barón socialista con mayoría absoluta en su comunidad, no la proclama de un advenedizo.

La votación, cuando ha llegado, ha sido rápida y sin dramatismo. Espadas ha pedido a cada secretario provincial que expresara su voto por orden alfabético. Almería: abstención. Cádiz: a favor. Córdoba: a favor. Granada: a favor. Huelva: a favor. Jaén: abstención. Málaga: a favor. Sevilla: a favor. Seis a dos. El salón ha recibido el resultado con un aplauso contenido, casi administrativo, como si los presentes fueran conscientes de que el verdadero impacto de lo que acababan de hacer no se mediría en aplausos sino en las horas que vendrían después.

Mientras la votación se producía en Sevilla, desde dos puntos distantes de la geografía española llegaban adhesiones que amplificaban el terremoto. La federación de Asturias, que hasta ayer se había mantenido en una posición de neutralidad cautelosa, ha emitido a las 17:30 un comunicado firmado por su secretario general en el que se suma a la solicitud de congreso extraordinario y respalda los tres pilares de la propuesta de Page. Y a las 17:50, Cantabria — una federación pequeña pero simbólicamente importante porque fue de las últimas en sumarse al sanchismo en 2017 — ha hecho lo propio con un escueto tuit desde la cuenta oficial del partido que decía: «Es hora de escuchar a la militancia. Apoyamos el congreso federal antes del verano».

La suma de Asturias y Cantabria eleva el bloque crítico del 41% al 44% de la militancia total del PSOE. La cifra es importante porque supera con holgura el umbral estatutario del 33,3% necesario para forzar la convocatoria de un congreso extraordinario, pero también porque sitúa a los críticos a solo seis puntos de la mayoría simple del 50% más uno que necesitarían para ganar cualquier votación en el congreso.

En Moncloa, la reacción ha sido inmediata y reveladora. Pedro Sánchez, que ha pasado la tarde en una sucesión de llamadas telefónicas que fuentes de Presidencia describen como «la agenda más intensa que se recuerda desde la moción de censura de 2018», ha convocado una reunión de urgencia para las ocho de esta noche con Bolaños, Alegría y el propio Cerdán, que viajará de regreso en el AVE de las 19:30. La reunión tiene un único punto del orden del día: decidir la respuesta de la dirección del partido antes de que la sentencia del Koldo explote mañana a las diez de la mañana.

Las fuentes que conocen el estado de ánimo del presidente describen un Sánchez dividido entre la rabia y el pragmatismo. La rabia tiene nombre y apellidos: Espadas, al que Sánchez colocó personalmente como secretario general del PSOE-A en 2021 y que ahora lidera la rebelión con la eficiencia de quien conoce los resortes del aparato porque fue él mismo quien los engrasó. El pragmatismo tiene forma de calendario: si Sánchez acepta convocar él mismo el congreso para septiembre, adelantándose a la fecha límite del 15 de julio que exigen los críticos, puede intentar controlar las reglas del juego y garantizar que las primarias se celebren con un censo depurado y un calendario que le favorezca. Pero si resiste y fuerza los plazos, se arriesga a que el bloque crítico supere el 50% y convierta el congreso en un plebiscito que no puede ganar.

Lo que hace de esta tarde un momento sin precedentes en la historia del PSOE no es solo la votación de Sevilla — que, en sí misma, es un acto orgánico más —, sino su sincronización con el calendario judicial. Mañana a las diez de la mañana, cuando los delegados andaluces aún estén procesando lo que han decidido hoy, Marchena leerá un fallo que puede enviar a un exministro socialista a la cárcel durante veinticuatro años. La condena de Ábalos será la condena del PSOE de la última década, y los críticos lo saben: por eso han acelerado la solicitud de congreso para que la renovación del partido no sea una reacción a la sentencia sino una decisión previa, una señal de que el PSOE es capaz de regenerarse antes de que los tribunales lo obliguen.

En la sede del PSOE-A de la calle San Vicente, mientras los periodistas recogían sus cámaras y los delegados abandonaban el edificio con la expresión de quien acaba de participar en algo histórico sin estar del todo seguro de si es un funeral o un bautizo, Juan Espadas ha mantenido una última conversación telefónica en su despacho. Las fuentes que la conocen dicen que era con Emiliano García-Page. Duró siete minutos. Nadie sabe qué se dijeron, pero cuando Espadas ha colgado, sonreía. Era la primera sonrisa que le veían en semanas. A quince horas y media de la sentencia del Koldo, el PSOE ha cruzado un punto de no retorno. Y la noche, que promete ser la más larga de la legislatura, acaba de empezar.

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