El gremio planteó en el foro un objetivo de largo alcance: convertir a la porcicultura en el principal renglón del sector agropecuario nacional, por encima en dinamismo de actividades tradicionales como el café o la ganadería bovina, que durante décadas concentraron la atención de la política agraria colombiana. La apuesta se sostiene sobre tres pilares que Porkcolombia destacó en PorkAméricas: el crecimiento del consumo interno, la apertura de destinos de exportación y el combate a la ilegalidad.
La apertura de nuevos mercados internacionales aparece como el segundo eje de la estrategia. Colombia adelanta negociaciones de protocolos sanitarios para exportar carne de cerdo y sus derivados, un proceso liderado por el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) como autoridad sanitaria nacional, en coordinación con las carteras de comercio y agricultura. El propósito declarado por el gremio es ampliar el listado de destinos, en un terreno donde la trazabilidad y la certificación de plantas de beneficio son requisitos que exigen los países importadores.
La lucha contra la ilegalidad fue el tercer punto que Porkcolombia subrayó en el encuentro. El contrabando y el sacrificio clandestino de cerdos —el faenado por fuera de plantas certificadas por las autoridades sanitarias— representan, según el gremio, una competencia desleal para los productores formales y un riesgo de salud pública, al eludir los controles veterinarios exigidos por la normativa colombiana.
El marco parafiscal que financia al sector
El andamiaje regulatorio del sector porcícola en Colombia se apoya en la Ley 623 de 2000, que creó el Fondo Nacional de la Porcicultura y estableció la cuota de fomento porcino, un mecanismo parafiscal destinado a financiar investigación, promoción del consumo y programas sanitarios. Ese fondo, administrado por Porkcolombia bajo la vigilancia del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, ha sido el instrumento con el que el gremio ha impulsado la modernización de la cadena productiva. La sanidad animal y la certificación de establecimientos son competencia del ICA, que negocia y mantiene vigentes los protocolos ante gobiernos extranjeros, un trámite que suele tomar años antes de traducirse en embarques efectivos.
La comparación con otros renglones agropecuarios ayuda a dimensionar la ambición del gremio. El café, símbolo de la economía rural colombiana desde comienzos del siglo XX, ha enfrentado presiones por la volatilidad de los precios internacionales y por el relevo generacional en las fincas. La porcicultura, en contraste, se apoya en una estructura empresarial más integrada y en inversiones en tecnología, aunque el café mantiene un peso mayor en la generación de divisas por exportación.
El precedente gremial más cercano se encuentra en el sector avícola, agrupado en Fenavi, que en las últimas décadas posicionó a Colombia como productor relevante de pollo y huevo en la región mediante campañas de promoción del consumo y control sanitario reforzado. La porcicultura sigue un camino comparable, con la particularidad de apostar de manera más decidida por la exportación, un terreno donde la avicultura colombiana ha tenido menor protagonismo.
El evento PorkAméricas, que reúne a representantes de la industria porcina de varios países del continente, funciona como espacio de intercambio técnico y comercial para el sector en la región. La participación de Porkcolombia se enmarca en una estrategia de visibilidad internacional con la que el gremio busca posicionar al país frente a productores consolidados como Brasil, Estados Unidos y México, referentes mundiales en producción y exportación de carne de cerdo.
El reto de mediano plazo, según lo planteado por el sector, no es solo abrir mercados, sino sostener la trazabilidad sanitaria que exigen los países importadores, un proceso que requiere inversión continua en bioseguridad y certificación de plantas de beneficio. Sin esa base, los protocolos negociados difícilmente se convierten en exportaciones sostenidas en el tiempo.
La coyuntura macroeconómica también incide en las perspectivas. El Banco de la República conduce la política monetaria orientada a controlar la inflación, lo que afecta tanto el costo del crédito para los porcicultores como el poder de compra de los hogares, principal mercado de la producción nacional. Una expansión exportadora deberá sortear, además, la volatilidad de la tasa de cambio, que influye directamente en la competitividad de la carne colombiana frente a otros orígenes.
De cara a los próximos meses, el gremio no precisó plazos concretos para el cierre de nuevos acuerdos sanitarios ni cifras específicas de crecimiento esperado. La magnitud real de esta apuesta exportadora dependerá de los resultados que arrojen los próximos ciclos de negociación comercial y de las decisiones que adopten el Ministerio de Agricultura y el ICA en materia de protocolos internacionales.
