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Milei reactiva el reclamo por Malvinas tras señales de Trump sobre la soberanía

El mandatario argentino afirmó por cadena nacional: “Las Malvinas son argentinas, por historia y por derecho”, mientras Londres promete “ser implacable” en defender a los isleños.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Retrato de Milei
Foto: Cancillería Argentina, CC BY 2.0

El presidente argentino, Javier Milei, elevó este mes la tensión con Reino Unido por la soberanía de las Malvinas/Falklands, 44 años después de la guerra de 1982, tras insinuaciones del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre una posible revisión de la postura neutral de Washington. Milei anunció además sanciones económicas contra las petroleras que operan en el archipiélago, en un giro que analistas atribuyen tanto al cálculo político interno como a intereses geopolíticos en el Atlántico Sur.

El episodio que reabrió el debate se remonta a julio, cuando futbolistas de la selección argentina exhibieron una pancarta sobre las Malvinas al vencer a Inglaterra en la semifinal del Mundial. La Casa Blanca enmarcó entonces el gesto dentro de la libertad de expresión, un guiño que, según analistas consultados por la cadena BBC, anticipaba lo que vendría después, aunque nada indica que ese incidente pusiera por sí solo al archipiélago de nuevo en el escenario geopolítico.

Semanas más tarde, Trump avivó la disputa al sugerir que Estados Unidos podría revisar su tradicional neutralidad sobre la soberanía. "Siempre reviso todas las posturas", respondió el mandatario cuando la BBC le preguntó directamente por el tema en una rueda de prensa hace más de dos semanas. El comentario, ambiguo, se sumó a otro posterior en el que insinuó al medio británico GB News que no respaldaría a Reino Unido en un eventual conflicto con Argentina por las islas, debido a lo que percibe como una falta de apoyo de Londres en la guerra con Irán.

Esas señales bastaron para que Milei reactivara un reclamo que en los últimos años había mantenido en un tono moderado. El mandatario anunció sanciones a las empresas que exploten petróleo en las islas y apuntó en particular contra el proyecto Sea Lion, de extracción offshore ubicado unos 220 kilómetros al norte del archipiélago. A las grandes petroleras internacionales con intereses en Argentina les advirtió que "tendrán que elegir" entre operar allí o en las Malvinas.

"Las Malvinas son argentinas, por historia y por derecho", afirmó Javier Milei, presidente de Argentina, en un mensaje por cadena nacional este mes.

La principal firma involucrada en Sea Lion es Navitas, de capitales israelíes, contra la cual el gobierno argentino presentó la semana pasada una denuncia penal. El episodio no parece, sin embargo, haber debilitado la alianza de Milei con el gobierno de Benjamín Netanyahu: el ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, pidió en la red social X que su país "reconozca públicamente que las Malvinas son territorio argentino ocupado", en momentos en que Londres se aprestaba a anunciar sanciones a los asentamientos israelíes en Cisjordania que considera ilegales.

Reino Unido respondió con firmeza. El primer ministro británico, Andy Burnham, reiteró la semana pasada ante el Parlamento el compromiso de Londres con el derecho de los isleños a decidir su estatus político.

"Seremos implacables en defender eso", sostuvo Andy Burnham, primer ministro británico, la semana pasada ante el Parlamento.

Cálculo político interno de Milei

Para Henry Ziemer, investigador del programa Américas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) de Washington, el endurecimiento responde en buena medida a una necesidad doméstica. Con índices de aprobación en baja y dificultades económicas, el reclamo por las Malvinas ofrece al mandatario "una forma de demostrar fortaleza" y "afirmarse en el escenario internacional", según explicó a la BBC. La causa de las islas ha funcionado históricamente en Argentina como un elemento de cohesión que trasciende divisiones partidarias.

Ziemer advierte que el fenómeno no se agota en la política interna argentina. El investigador vincula el renovado protagonismo del archipiélago a un interés creciente por el Atlántico Sur como región estratégica, en un momento en que la Antártida —tradicionalmente reservada a la investigación científica— empieza a atraer intereses de mayor peso geopolítico, incluida la construcción de estaciones por parte de China. "No deberíamos minimizar la creciente importancia del Atlántico Sur en un sentido más amplio", sostuvo.

A ello se suman rumores sobre una eventual explotación futura de recursos naturales y la posibilidad de un mayor tránsito comercial por el Atlántico Sur si persisten los problemas de nivel de agua que ha enfrentado el Canal de Panamá, administrado por la ACP. En ese escenario, Milei ha reforzado también su apuesta militar en la región: el mandatario sostuvo que su gobierno construirá una base naval integrada en Tierra del Fuego, en el extremo austral del país, próxima al paso hacia la Antártida.

El precedente de la guerra de 1982

El conflicto armado que en 1982 enfrentó a Argentina y Reino Unido por el control de las Malvinas surgió también de un cruce de intereses nacionales y geopolíticos. La dictadura militar argentina de entonces buscaba recuperar apoyo popular en medio de una crisis económica al enviar tropas para retomar el archipiélago. El gobierno británico de Margaret Thatcher, con sus propios desafíos económicos y políticos, respondió desplegando una fuerza naval de gran envergadura.

En plena Guerra Fría, Estados Unidos intentó mediar antes de optar por respaldar con inteligencia y logística a su aliado europeo en la OTAN, en detrimento de la junta militar argentina, que hasta entonces había sido su socia anticomunista en Sudamérica. Tras 74 días de combates y la muerte de 649 militares argentinos, 255 militares británicos y tres isleños, Reino Unido retomó el control del archipiélago, que ejerce de manera continua desde 1833. Desde entonces, Washington ha evitado fijar una postura oficial sobre la soberanía, aunque reconoce la administración británica.

Es precisamente esa postura la que Trump sugirió que podría variar, en medio de sus diferencias con Londres en otros frentes, como el que atraviesa por el respaldo del mandatario a la reunificación de Irlanda, otro asunto que ha tensado la relación entre Washington y el gobierno británico en los últimos meses.

Ningún experto citado por la BBC ha señalado que exista, por ahora, un cambio formal en la política exterior estadounidense respecto a la soberanía de las Malvinas. Las declaraciones de Trump permanecen en el terreno de la ambigüedad, sin que se conozca un pronunciamiento oficial que las respalde o las desmienta.

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