Grönroos, investigadora sobre la relación entre naturaleza y salud en el Instituto Finlandés de Medio Ambiente, explicó que el efecto es perceptible aunque las manos luzcan limpias a simple vista.
"A simple vista las manos parecían limpias, pero el cambio fue enorme", afirmó Mira Grönroos, ecóloga del Instituto Finlandés de Medio Ambiente.
La idea de sumar bacterias a la piel puede no resultar atractiva, pero cuando conviven en una mezcla rica se mantienen mutuamente bajo control y protegen frente a bacterias patógenas más nocivas. Grönroos precisó, no obstante, que en su experimento la piel recuperó rápidamente su estado microbiano previo una vez concluido el contacto, señal de que la exposición ocasional durante un paseo no basta: sería necesario un contacto más prolongado o frecuente con elementos naturales para alterar de manera significativa la composición microbiana del organismo.
La hipótesis se pone a prueba de forma sistemática en el proyecto de investigación Vahvistu, que involucra a 43 guarderías en Finlandia, entre ellas Aurinkolinna, en el centro del país. Allí los niños pasan al menos un par de horas diarias jugando al aire libre entre arbustos, árboles y charcos de barro, en patios transformados con fondos públicos: se sustituyó la grava por virutas de madera, se ampliaron las zonas de arena y se integraron senderos de madera entre los abedules y pinos existentes.
El estudio previo de Marja Roslund
El proyecto se apoya en un estudio de dos años dirigido por la científica ambiental Marja Roslund, quien entre 2016 y 2017 introdujo suelo forestal, turba y cajones de cultivo en el patio de una guardería para medir su impacto en la piel, la saliva y las bacterias intestinales de los niños tras 28 días de juego regular, con una segunda medición un año después. Los resultados mostraron una mayor diversidad microbiana cutánea en los niños que jugaron sobre suelo forestal frente a quienes lo hicieron en un patio pavimentado.
Roslund resumió el hallazgo central con una analogía que compara el equilibrio microbiano con un sistema político. Para la científica, la abundancia de microorganismos beneficiosos deja menos espacio a los patógenos potencialmente nocivos.
"La enfermedad es como un dictador, mientras que una piel sana es como una democracia", declaró Marja Roslund, científica ambiental.
Roslund también expuso a un grupo de niños a arena enriquecida con tierra de alta diversidad microbiana y a otro grupo a arena de aspecto idéntico pero con menor diversidad de microbios. El primer grupo no solo registró mayor diversidad bacteriana en la piel, sino también cambios en las citocinas, los marcadores inmunológicos presentes en la sangre, asociados a una mejor capacidad de inmunorregulación: la aptitud del organismo para responder a amenazas sin activarse en exceso.
Estos hallazgos respaldan lo que los investigadores denominan la "hipótesis de la biodiversidad", la idea de que el aire, las plantas y el suelo que rodean a una persona desde la infancia moldean la composición de su sistema inmunológico. La línea conecta con otras miradas culturales al vínculo entre naturaleza y salud, como el que aborda el ciclo de la violencia doméstica en el cine desde otro ángulo del bienestar. El proyecto Vahvistu continúa el seguimiento de los niños de las 43 guarderías finlandesas durante tres años, mediante el análisis periódico de muestras de piel, saliva, heces, sangre y cabello, para determinar el alcance real de estos cambios en la salud infantil a largo plazo.