La mayoría de las puertas de vivienda en España incorporan un sistema de tres puntos de anclaje —superior, central e inferior— que se cierran a la vez al girar la llave. Ese reparto de fuerza dificulta forzar la puerta con una palanca, pero los tres anclajes dependen de un mismo mecanismo: el que se acciona con la llave. Si el bombín de la cerradura central es vulnerable, abrirlo equivale a liberar los tres puntos simultáneamente.
Juan Cundíns, policía nacional y perito judicial en cerrajería forense, sostiene que buena parte de los robos en viviendas se producen porque los delincuentes detectan cilindros vulnerables antes de actuar.
«Cambiar el bombín es la medida de seguridad más eficaz para evitar robos», afirma Juan Cundíns, policía nacional y perito judicial en cerrajería forense.
El cilindro, la pieza donde se introduce la llave, concentra la mayoría de las técnicas de apertura: el bumping, que con una llave manipulada y golpes secos hace saltar los pitones en segundos sin dejar marcas; el ganzuado, que manipula los pitones con herramientas finas, a veces con el llamado truco del hilo de lana; el impresioning, que permite fabricar una copia de la llave en el propio lugar sin forzar nada; y la rotura o extracción directa del cilindro.
José Antonio Diéguez, portavoz de la Unión de Cerrajeros de Seguridad (UCES) en Andalucía, describe el método del hilo de lana como una técnica «muy limpia» cuya ejecución apenas lleva un minuto.
«No deja ninguna señal de que se haya manipulado la puerta o la cerradura», afirma José Antonio Diéguez, portavoz de UCES en Andalucía, sobre el método del hilo de lana.
Reforzar la cerradura central no suele exigir cambiar la puerta ni todo el mecanismo: basta con instalar un bombín de alta seguridad con protección antibumping, antiganzúa, antitaladro y antirrotura, junto a un escudo protector que cubra el cilindro. No existe, sin embargo, una certificación oficial antibumping; la referencia técnica es la norma europea UNE-EN 1303, que clasifica los cilindros según la seguridad de la llave —del grado uno al seis— y la resistencia al ataque —del cero al dos—. Los especialistas recomiendan exigir esa clasificación completa al vendedor antes de comprar.
Según los precios orientativos del comparador Selectra, un bombín básico cuesta entre 15 y 30 euros, uno de gama media con protección antibumping se sitúa entre 40 y 90 euros, y los modelos de alta seguridad van de 90 a más de 150 euros. Con instalación y escudo incluidos, el desembolso total suele rondar entre 150 y 400 euros. Reforzado el cilindro, añadir un cerrojo deja de ser un parche y pasa a ser una capa extra, siempre que cuente también con un cilindro de calidad.
El problema de fondo remite a la antigüedad del parque inmobiliario. Más del 80% de las viviendas del país se levantan en edificios construidos antes de 1990, según datos del INE citados por UCES, que calcula además que más del 80% de las cerraduras instaladas en las puertas principales ya no cumple los estándares de seguridad para los que fueron diseñadas.
