El estudio lo encabeza Ulrich Salzmann, catedrático de Paleoecología y Paleoclimatología en la Universidad de Northumbria (Reino Unido), con la participación del geólogo marino Johann P. Klages, del AWI, y de dos especialistas en madera del Instituto Thünen de Hamburgo. Según los análisis, no se trataba de grandes incendios devastadores sino de fuegos de superficie, frecuentes y de baja intensidad, que alcanzaban entre 370 y 400 grados Celsius, lejos de los episodios de alta temperatura.
El testigo extraído contiene una capa de lignito de unos cinco centímetros situada sobre al menos tres metros de arcilla rica en carbono, donde aparecen partículas de carbón vegetal de tamaño microscópico y otras de más de 125 micrómetros. Su concentración aumenta progresivamente hacia las capas superiores, en paralelo al incremento de hidrocarburos asociados a la quema de biomasa, lo que llevó al equipo a concluir que los incendios se hicieron más frecuentes con el paso del tiempo sin ganar intensidad.
La identificación del combustible vegetal recayó en Immo Heinz, especialista en identificación de maderas de coníferas del Instituto Thünen, y en el técnico Sergej Kaschuro, que examinaron los fragmentos carbonizados con microscopio digital y microscopio electrónico de barrido.
«Fue difícil obtener una imagen útil al microscopio a partir de partículas tan diminutas. Pero cuando se consiguió, supe muy rápido de qué madera se trataba», relató Immo Heinz, especialista en identificación de maderas del Instituto Thünen.
Los restos corresponden a coníferas de la familia de las podocarpáceas, emparentadas con el actual pino huon (Lagarostrobos franklinii) y el pino plateado (Manoao colensoi), especies que hoy crecen en hábitats turbosos del Pacífico. Los análisis geoquímicos confirmaron que estas coníferas constituían el principal combustible de aquel fuego prehistórico.
La baja temperatura de la combustión permitiría descartar el origen volcánico, ya que el vulcanismo conocido más próximo a mediados del Cretácico se localiza en los montes Jones, a unos 400 kilómetros del yacimiento. Los autores apuntan en su lugar a un régimen de incendios estacionales, favorecido por los niveles elevados de oxígeno atmosférico de la época y por los fuertes contrastes térmicos entre estaciones; aunque, como ocurre en los bosques de coníferas de latitudes altas actuales, donde los rayos son la principal fuente de ignición, el estudio no llega a identificar el desencadenante concreto de aquel fuego.
El registro de polen recuperado en el sondeo documenta además un cambio de paisaje: la parte inferior está dominada por un bosque pantanoso de ribera, mientras que en la superior las esporas del musgo Sphagnum superan el 36% del total, señal del tránsito hacia una turbera. Los investigadores sostienen que la quema recurrente frenó el crecimiento arbóreo y favoreció a los helechos, impulsando ese proceso. La formación resultante superaría en unos 35 millones de años a la turbera fósil de musgo más antigua conocida hasta ahora, datada hace 55 millones de años en la cuenca de lignito de Helmstedt, en Alemania.
«Nuestro estudio, a escala geológica, demuestra que el fuego es un factor intrínseco de los ecosistemas de humedales de altas latitudes», escriben los investigadores en el artículo publicado en Communications Earth & Environment.
El hallazgo se suma a una selva templada de tierras bajas descrita en 2020 en la revista Nature por el mismo equipo, con Klages como primer autor, que documentó a 82 grados sur una red intacta de raíces fósiles de tres metros de largo de la misma época. En la misma línea que otros trabajos de la sección, como el que explica cómo los puentes en las copas de los árboles ayudan a la fauna arbórea en Perú y Costa Rica, estos registros documentan la dinámica de ecosistemas forestales. Según el Instituto Thünen, las turberas actuales enfrentan un riesgo creciente de incendio ante el cambio climático previsto, lo que otorga a estos registros del pasado remoto un valor añadido para entender cómo responden estos ecosistemas a condiciones meteorológicas extremas.
