La mujer es Janina White, de 49 años, con doble nacionalidad británica y polaca y nacida en la antigua Unión Soviética. White niega cualquier vínculo con el Kremlin y sostiene que ha sido discriminada por su origen ruso. Nunca fue detenida y ninguna investigación ha demostrado que sea agente extranjera, aunque sí reconoció que durante una visita a San Petersburgo se reunió, sin saberlo, con un oficial de los servicios de inteligencia de Vladímir Putin, que le preguntó directamente por su relación con el militar español.
"Él nunca hablaba de trabajo en casa, teníamos esa regla", declaró Janina White al diario británico The Telegraph sobre su pareja, el oficial de la Armada.
El episodio ha devuelto a primera línea un informe elaborado el pasado mes de mayo por el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE), el cuerpo diplomático de la Unión Europea, que analiza de forma pormenorizada los riesgos geopolíticos de las aplicaciones de citas. El documento sostiene que plataformas como Tinder y sus equivalentes locales han pasado de ser una preocupación marginal para los analistas de inteligencia a convertirse en un canal documentado de actividades maliciosas contra personal militar y civil, empleado para reclutar activos, recopilar información estratégica y difundir propaganda.
El informe describe con crudeza el método atribuido a los servicios rusos.
"Los servicios rusos parecen utilizar las plataformas de citas como canales de reclutamiento, especialmente para detectar a personas que puedan estar aisladas, en situación de vulnerabilidad económica o que sean susceptibles de ser coaccionadas. La aplicación ofrece más que un canal de comunicación. Se convierte en un mecanismo de filtrado para encontrar objetivos a los que se pueda halagar, presionar, chantajear o pagar para que hagan el trabajo sucio de Rusia", según el informe del Servicio Europeo de Acción Exterior.
Fuentes diplomáticas consultadas por 20minutos explican que la eficacia de esta vía radica en su sencillez operativa: permite acceder a información sensible porque los usuarios «bajan la guardia» en un contexto que perciben como personal, y añade un componente de geolocalización que facilita encontrar objetivos en un radio de acción concreto sin necesidad de desplazamientos ni despliegues complejos. "Son los mejores en lo suyo", resumen esas fuentes sobre la capacidad rusa en este terreno, en referencia expresa a Moscú.
La invasión de Ucrania abrió la veda
La guerra iniciada por Rusia contra Ucrania en 2022 marcó, según el documento del SEAE, un punto de inflexión en la documentación de estas prácticas. El Ministerio de Defensa ucraniano y el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) publicaron entonces directrices oficiales que detallaban los patrones de reclutamiento atribuidos a Rusia, entre ellos el uso de cuentas femeninas falsas o la suplantación de autoridades para recopilar datos con los que chantajear, obtener información o asignar tareas de sabotaje. Patrones similares se han detectado también en Alemania y Polonia.
Kiev ha revertido parte de esa amenaza en su favor durante el conflicto, hasta el punto de que, en algunas incursiones en zonas del frente, los propios mandos militares rusos llegaron a pedir a sus soldados que no utilizaran ese tipo de aplicaciones, conscientes del riesgo de exposición que suponían para sus posiciones y comunicaciones.
El informe documenta además un uso de estas plataformas orientado específicamente a la desinformación. En 2018 un perfil falso de Tinder sirvió para organizar una campaña de desprestigio contra un alto cargo policial ucraniano mediante capturas de pantalla falsificadas, una operación que provocó indignación pública antes de que se demostrara que las acusaciones eran falsas y que la persona implicada había sido objeto de presión.
La captación de personal militar a través de vías personales no es nueva: durante la Guerra Fría, la República Democrática Alemana desplegó a los llamados «Romeo», agentes de la Stasi que seducían a secretarias y funcionarias con acceso a documentación sensible en Bonn, una operación dirigida por Markus Wolf que llegó a comprometer a decenas de trabajadoras de la administración de la RFA. El SEAE describe, en la práctica, una versión digitalizada y algorítmica de aquel método.
La conclusión del SEAE apunta más allá del propio funcionamiento de las aplicaciones: los datos personales compartidos en ellas constituyen materia prima directa para operaciones de inteligencia y manipulación. El documento cierra con una advertencia que evita señalar a la tecnología como origen del problema.
El caso español se suma a un contexto de tensión creciente entre la OTAN y Rusia en el que las operaciones de inteligencia han adoptado formas cada vez más cotidianas, lejos de la imagen clásica del espionaje, una fricción visible también en otros frentes como el que atraviesa Groenlandia tras el pacto de seguridad entre Dinamarca y Estados Unidos. La Alianza Atlántica mantiene desde hace años protocolos de seguridad para el personal con acceso a información clasificada, entre ellos la retirada de la acreditación aplicada al oficial español antes de su regreso a España en el verano de 2025.
"Las aplicaciones de citas representan una amenaza real a la seguridad nacional no por la tecnología en sí, sino por la vulnerabilidad, la confianza y la información geográfica que los actores hostiles pueden explotar", concluye el informe del Servicio Europeo de Acción Exterior.


