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Medellín busca convertir su tradición musical en industria formal y empleo

Directivos de la Filarmónica de Medellín y Metroparques debatieron en un foro sobre cómo profesionalizar la cadena de valor de la música en la ciudad.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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María Catalina Prieto Vásquez, directora ejecutiva de la Orquesta Filarmónica de Medellín, y Cristian Daniel Cartagena, gerente de Metroparques, expusieron en un foro sobre Medellín y Antioquia las claves para consolidar la música como motor económico local.

Prieto planteó que la relación de Medellín con la industria musical no es un fenómeno de los últimos años, sino un rasgo estructural que se remonta a principios de siglo, cuando las grandes orquestas grababan en la ciudad, las principales disqueras tenían sede allí y los artistas del país acudían a la capital antioqueña. "La música siempre ha estado en el ADN de la ciudad", afirmó la directora ejecutiva de la Filarmónica durante su intervención en el foro.

La directiva sostuvo que el reto actual no es crear una vocación musical inexistente, sino profesionalizar una cadena de valor que ya opera de manera informal en buena parte de sus eslabones. Según explicó, oficios como tramoyista, luminotécnico, gestor cultural, sonidista o stage manager rara vez se enseñan en la educación institucional formal, sino que se aprenden en la práctica. "Esto representa una gran oportunidad para los jóvenes que no desean cursar una carrera universitaria formal", destacó, al plantear esa vía como alternativa laboral.

De importar ritmos a exportar talento

Cartagena coincidió con ese diagnóstico y añadió una lectura sobre la identidad musical de la ciudad: Medellín, dijo, ha sido históricamente una plaza que importa ritmos y géneros extranjeros, les imprime un sello propio y logra proyectarlos con fuerza. Esa dinámica, señaló, explica tanto el auge de la música tropical, la salsa, el vallenato y el tango en décadas pasadas como el fenómeno más reciente de la música urbana.

Sobre el impacto del reguetón en la proyección internacional de la ciudad, Cartagena situó su despegue en la década de 2000, en paralelo con la expansión de internet 2.0, YouTube y las redes sociales. Esa coincidencia tecnológica, explicó, permitió a los artistas jóvenes de entonces grabar y difundir canciones y videos de manera directa, "una ventaja de acceso a múltiples públicos que no tuvieron los artistas de música tropical, salsa, vallenato o tango en décadas anteriores".

El gerente de Metroparques destacó tres iniciativas como pilares de la formalización de la industria: la Red de Músicas de Medellín, la formación profesional universitaria en el área y Medellín Music Lab, un programa de la alcaldía de Medellín orientado a fortalecer el talento local desde los 13 años. Según Cartagena, ese programa no se limita a la formación de cantantes, sino que capacita también a managers, encargados de booking, gestión de redes sociales, producción audiovisual, mercadeo y producción en general.

Prieto, por su parte, insistió en que la sostenibilidad de un proyecto cultural de largo aliento como la Filarmónica exige constancia y capacidad de adaptación diaria. "Se requiere resistencia, un poquito de gastritis y constancia diaria", dijo, en una descripción coloquial del desgaste que implica sostener una institución cultural pública en el tiempo.

La directiva explicó que la relevancia de la orquesta ha dependido de su capacidad de tejer vínculos con las comunas de la ciudad, articularse con la red de escuelas de música y colaborar con artistas de otros géneros, desde música urbana y tropical hasta versiones filarmónicas de metal. Esa estrategia de apertura, según Prieto, ha sido determinante para ampliar y rejuvenecer al público de la institución.

En ese sentido, Prieto cuestionó el concepto tradicional de "formación de públicos", que a su juicio parte de una premisa equivocada: que la audiencia no sabe lo que quiere. Para la directora, el público sí tiene criterio propio, y el reto de las instituciones culturales consiste en saber leer esas intenciones y responder a ellas. Como evidencia de ese giro, citó una cifra interna de la orquesta: en los últimos nueve años, la edad promedio de los asistentes bajó de 62 a 34 años, un cambio que enmarcó como resultado directo de la apertura a nuevos géneros y formatos de programación.

Prieto cerró su intervención con una reflexión sobre el alcance social de la música más allá del entretenimiento, al sostener que "sirve para mucho más que entretener", en referencia a su papel en la construcción de tejido comunitario en barrios y comunas de la ciudad, un argumento que conecta con el trabajo de la red de escuelas de música que la orquesta acompaña.

Sobre los desafíos pendientes, Cartagena señaló que el crecimiento futuro de la industria musical y audiovisual de Medellín dependerá de que el sector público y el privado sigan trabajando de manera mancomunada. Ninguno de los panelistas ofreció cifras de empleo o de aporte económico agregado del sector cultural a la ciudad, y situaron la discusión en el terreno de la planificación institucional de mediano plazo.

La apuesta por las industrias creativas tiene antecedentes en la propia transformación de Medellín durante las últimas dos décadas, cuando la ciudad ligó su reposicionamiento a la inversión pública en cultura, educación y espacio público en las comunas, un modelo que dio impulso a fenómenos como la música urbana que hoy exporta la ciudad. El panel se enmarcó en el foro Semana por Colombia dedicado a Medellín y Antioquia, un espacio de discusión sobre desarrollo económico regional en el que la música y las industrias creativas se plantearon como un frente adicional de generación de empleo.

La discusión sobre la profesionalización del sector cultural se produce en un momento en que distintas ciudades de América Latina compiten por posicionarse como polos de la industria musical y del entretenimiento, atrayendo inversión, festivales y producciones audiovisuales. En ese contexto regional, la experiencia de programas como Medellín Music Lab podría convertirse en un referente de política pública cultural para otras alcaldías del país que buscan replicar modelos de formación e incubación de talento.

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