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María Corina Machado recibe una ovación de cuatro minutos en la sede del PP mientras Sánchez rechaza reunirse con la Nobel de la Paz: Feijóo la proclama 'heroína de la libertad', Ayuso le concederá la Medalla de Oro de Madrid y Abascal exige el reconocimiento de González Urrutia como presidente legítimo

La líder opositora venezolana ha aterrizado en Madrid procedente de Roma, donde fue recibida por Giorgia Meloni en el Palazzo Chigi, y ha protagonizado una jornada de encuentros con los tres principales líderes de la derecha española que contrasta con el silencio institucional de Moncloa. El Gobierno justifica la ausencia de reunión alegando 'canales diplomáticos activos' con Caracas, mientras el PP anuncia que impulsará en el Congreso una declaración de apoyo al pueblo venezolano.

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid· · Actualizado:
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Cuatro minutos y diecisiete segundos. Esa fue la duración exacta de la ovación que los más de trescientos cargos del Partido Popular congregados en el atrio de la sede de Génova 13 dedicaron a María Corina Machado cuando cruzó la puerta principal a las 11:45 de la mañana del viernes, flanqueada por Alberto Núñez Feijóo y la secretaria general Cuca Gamarra, con la bandera venezolana colgada del balcón del segundo piso como un mensaje que no necesitaba subtítulos. La líder opositora venezolana, ganadora del Premio Nobel de la Paz 2025 por su resistencia pacífica frente al régimen de Nicolás Maduro, ha convertido su primera visita oficial a España en un terremoto diplomático que ha dividido al arco político con la limpieza de un bisturí: la derecha la recibe como heroína, la izquierda la esquiva como si quemara y el Gobierno de Pedro Sánchez, atrapado entre la presión de la calle y los compromisos adquiridos con Caracas a través de José Luis Rodríguez Zapatero como mediador oficioso, ha optado por la estrategia más incómoda de todas: el silencio.

El viaje de María Corina Machado a Europa ha seguido un itinerario cuidadosamente diseñado para maximizar el impacto mediático y diplomático. La primera escala fue Roma, donde la presidenta del Consejo italiano, Giorgia Meloni, la recibió el miércoles 16 con honores de jefa de Estado en una reunión de 90 minutos en el Palazzo Chigi que incluyó una declaración conjunta ante la prensa en la que Meloni calificó a Machado de 'ejemplo de coraje democrático para toda Europa' y anunció que Italia estudia sanciones adicionales contra funcionarios del régimen de Maduro. La segunda escala, Madrid, ha elevado la temperatura varios grados porque España, a diferencia de Italia, mantiene una relación diplomática activa con Venezuela a través del canal abierto por Zapatero y porque el Gobierno de Sánchez ha evitado deliberadamente cualquier gesto que pudiera interpretarse como un reconocimiento implícito de Edmundo González Urrutia como presidente legítimo, una posición que comparte con la mayoría de los países de la UE pero que contrasta con el reconocimiento explícito de Estados Unidos, Reino Unido y una decena de naciones latinoamericanas. La llegada de Machado al aeropuerto de Barajas el jueves por la noche, en un vuelo comercial procedente de Fiumicino, fue recibida por una delegación de Vox encabezada por el diputado Javier Ortega Smith y por un centenar de venezolanos residentes en Madrid que la esperaban con pancartas y banderas en la terminal 4.

La reunión con Feijóo en la sede del PP ha sido el acto central de la jornada y ha estado cargada de simbolismo político. El líder del Partido Popular recibió a Machado en su despacho del tercer piso durante 75 minutos en los que, según fuentes del partido, se abordaron tres bloques temáticos: la situación política en Venezuela tras las elecciones del 28 de julio de 2024 que Machado considera fraudulentas, el papel de España y de la UE en la presión diplomática sobre el régimen de Maduro, y las posibles iniciativas parlamentarias que el PP puede impulsar en el Congreso de los Diputados. Al término de la reunión, Feijóo y Machado comparecieron ante los medios en una rueda de prensa en la que el líder del PP pronunció algunas de las frases más duras que se han escuchado en Génova contra la política exterior del Gobierno de Sánchez: 'España debería ser el primer país europeo en reconocer a González Urrutia como presidente legítimo de Venezuela, y sin embargo somos el último en recibir a la mujer que ha arriesgado su vida por la libertad de su pueblo'. Machado, por su parte, agradeció la acogida con una emoción contenida y pronunció un discurso de 12 minutos en el que conectó la lucha venezolana con los valores fundacionales de la democracia española: 'España sabe lo que significa transitar de la dictadura a la libertad; por eso confío en que el pueblo español entiende mejor que nadie lo que vivimos'.

La concesión de la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid, anunciada por Isabel Díaz Ayuso a través de un comunicado oficial emitido a las 14:00, ha añadido una capa adicional de tensión institucional al episodio. La presidenta madrileña ha confirmado que el acto de entrega se celebrará el lunes 20 de abril en la Real Casa de Correos, sede de la Comunidad en la Puerta del Sol, con un formato solemne que incluirá discursos de Ayuso y de Machado, la presencia de representantes del exilio venezolano en España y una exhibición de documentos sobre la represión del régimen madurista. La oposición socialista en la Asamblea de Madrid ha reaccionado con virulencia: el portavoz del PSOE-M, Juan Lobato, ha acusado a Ayuso de 'instrumentalizar la causa venezolana para tapar sus propios escándalos domésticos' y ha anunciado que su grupo no asistirá al acto. Desde Más Madrid, Mónica García ha adoptado una posición más matizada, reconociendo el mérito de Machado pero lamentando que 'la visita se haya convertido en un arma arrojadiza de la derecha contra el Gobierno'. La Medalla de Oro, que anteriormente han recibido personalidades como Rafael Nadal, Plácido Domingo y los sanitarios de la pandemia, se convierte así en un instrumento de política exterior autonómica que desafía abiertamente la línea de Moncloa.

Santiago Abascal ha sido el tercer líder de la derecha española en reunirse con Machado, y el que ha llevado la retórica más lejos. El presidente de Vox la recibió en la sede del partido en la calle Bambú a las 17:30, en un encuentro de 45 minutos al que asistieron también el secretario general Jorge Buxadé y la portavoz parlamentaria Pepa Millán. Al término de la reunión, Abascal compareció en solitario —Machado ya se había trasladado a una cena privada con la comunidad venezolana— para exigir al Gobierno el reconocimiento inmediato de González Urrutia como presidente legítimo de Venezuela, la ruptura de relaciones diplomáticas con el régimen de Maduro, la expulsión del embajador venezolano en Madrid y la apertura de una investigación sobre los presuntos vínculos financieros entre el PSOE y el chavismo que Vox lleva años denunciando sin que hasta ahora hayan sido acreditados judicialmente. Las peticiones de Abascal, maximalistas por diseño, han sido descartadas tanto por el Gobierno como por el propio PP, pero han servido para situar a Vox en el flanco más duro de la acogida a Machado y para recordar que la política venezolana sigue siendo una de las pocas cuestiones en las que la derecha española presenta un frente relativamente unido.

El silencio de Moncloa ante la visita de Machado ha sido, paradójicamente, el elemento que más ruido mediático ha generado. Fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores han justificado la ausencia de reunión con argumentos técnicos —'España mantiene canales diplomáticos activos con todas las partes del conflicto venezolano y una reunión con Machado podría comprometer esas vías de comunicación'— pero en los pasillos del ministerio se reconoce que la decisión tiene un componente político innegable: Sánchez no quiere dar a Feijóo y Ayuso la satisfacción de una foto que pueda compararse con la que él mismo evitó protagonizar. El precedente más cercano es la visita de Juan Guaidó a Madrid en enero de 2020, cuando el entonces presidente del Gobierno interino autoproclamado fue recibido por la ministra de Exteriores Arancha González Laya en un encuentro discreto en el Palacio de Santa Cruz que generó una crisis diplomática con Caracas que tardó meses en resolverse.

La dimensión europea de la visita de Machado añade una capa de complejidad que trasciende la política doméstica española. La líder opositora venezolana ha sido recibida en las últimas semanas por mandatarios y líderes parlamentarios de una decena de países europeos en una gira que sus asesores describen como 'la ofensiva diplomática más importante desde las elecciones del 28-J'. El hecho de que Meloni, líder de la derecha italiana y presidenta del Consejo, la haya recibido con honores en Roma envía un mensaje inequívoco sobre el posicionamiento del ala conservadora europea respecto a Venezuela. En el Parlamento Europeo, la resolución aprobada en septiembre de 2024 que reconoce a González Urrutia como presidente electo de Venezuela fue impulsada por el PPE con el apoyo de Renew y los Conservadores y Reformistas, mientras que los socialistas y demócratas se abstuvieron mayoritariamente. España, como miembro clave de ese grupo socialista europeo, se encuentra en una posición cada vez más incómoda: sus socios de partido en el PE se abstuvieron, Meloni recibe a Machado con honores, Von der Leyen ha sido cuidadosamente neutral y el Alto Representante Kaja Kallas ha evitado pronunciarse sobre la gira de Machado por Europa. La visita a Madrid ha puesto de manifiesto que la cuestión venezolana ha dejado de ser un asunto de política exterior para convertirse en un termómetro de las tensiones ideológicas dentro de la UE.

La comunidad venezolana en España, estimada en más de 400.000 personas según los últimos datos del INE, ha vivido la visita de Machado con una intensidad emocional que ha desbordado los cauces institucionales. Desde el jueves por la noche, decenas de venezolanos se congregaron de forma espontánea frente al hotel donde se aloja Machado en el centro de Madrid, cantando el himno nacional venezolano y desplegando pancartas con mensajes como 'María Corina, tú sí eres mi presidenta' y 'España, no mires para otro lado'. Las asociaciones de venezolanos residentes en Madrid, Barcelona, Valencia y Málaga han organizado actos de apoyo simultáneos para el sábado y el domingo, y las redes sociales han amplificado el evento con un alcance que los analistas de comunicación cifran en más de 15 millones de impresiones solo en las primeras 12 horas. Para una comunidad que ha visto cómo sus expectativas de cambio político se frustraban una y otra vez —desde la crisis de Guaidó hasta las elecciones del 28-J—, la presencia física de Machado en suelo español representa algo más que una visita diplomática: es la materialización de una esperanza que muchos creían extinguida.

El impacto político interno de la visita se medirá en los próximos días a través de varios indicadores: la declaración institucional que el PP ha anunciado que presentará en el Congreso la semana que viene, la reacción formal de Moncloa si la presión mediática se mantiene, y el posible efecto en las encuestas de un episodio que ha permitido a la derecha española presentar una imagen de unidad y liderazgo moral frente a un Gobierno que parece paralizado entre la prudencia diplomática y el cálculo político. Machado abandonará Madrid el domingo por la tarde con rumbo a Bruselas, donde tiene previstas reuniones con el presidente del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, y con la comisaria de Igualdad, Helena Dalli. La pregunta que queda flotando en el aire político madrileño es si la visita de la Nobel de la Paz habrá sido un episodio pasajero o si marcará un antes y un después en la política española respecto a Venezuela: un tema que parecía dormido y que la presencia de Machado ha devuelto al centro del tablero con una fuerza que ni sus aliados ni sus adversarios habían anticipado.

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