El trabajo, liderado por Pau de Soto (Universidad Autónoma de Barcelona) junto a Adam Pažout (Universidad de Aarhus, Dinamarca) y Tom Brughmans, no partió de cálculos aproximados sino de un cruce sistemático de fuentes. El equipo combinó documentos clásicos como el Itinerario de Antonino y la Tabla de Peutinger —registros que ya en época romana recopilaban los principales trayectos del imperio— con miliarios, informes arqueológicos e imágenes satelitales de teledetección para localizar sobre el terreno actual los trazados descritos en los textos antiguos.
La cifra total, digitalizada tramo a tramo hasta completar lo que sus autores presentan como el mapa más detallado elaborado hasta ahora sobre la red viaria imperial, equivale a rodear el planeta siete veces por el ecuador. El dato ilustra la escala de una infraestructura concebida con fines militares y administrativos que terminó articulando el comercio y la movilidad de un territorio extendido desde Britania hasta Mesopotamia. Los autores advierten de que el número real podría ser aún mayor, ya que el trabajo se limitó a las rutas con evidencia documental o arqueológica suficiente para trazarlas con garantías.
Los propios investigadores piden cautela sobre el alcance del cálculo: solo el 2,7% del trazado total cuenta con confirmación arqueológica directa, es decir, restos excavados, tramos visibles o dataciones seguras. El resto se reconstruye por comparación entre el relieve del terreno, los textos antiguos y la lógica de conexión entre ciudades, lo que convierte a Itiner-e en un mapa vivo que sus creadores prevén seguir ampliando conforme aparezcan nuevos hallazgos.
Hispania, una de las provincias mejor conectadas
El caso español destaca especialmente dentro del nuevo mapa. Frente a los cerca de 20.000 kilómetros que recogían los catálogos anteriores, el estudio eleva a más de 40.000 kilómetros la longitud de calzadas documentadas en territorio español, lo que confirma a Hispania como una de las provincias con mayor densidad viaria de todo el imperio. Buena parte de esa red se apoyaba en caminos anteriores a la conquista romana, reaprovechados y mejorados para conectar minas, puertos y núcleos urbanos como Tarraco, Emerita Augusta o Corduba.
La Vía Augusta, que recorría el litoral mediterráneo desde los Pirineos hasta Cádiz, sigue siendo el tramo más citado de esa ingeniería, aunque el nuevo mapa suma decenas de ramales secundarios apenas documentados hasta ahora. Según el estudio, buena parte de las autovías y carreteras nacionales actuales sigue el trazado dejado por los ingenieros romanos, sobre todo en Cataluña, Andalucía y el valle del Ebro, zonas donde la orografía apenas se ha modificado en dos milenios.
La durabilidad de estas infraestructuras tiene, según el estudio, una explicación técnica que Pau de Soto, investigador principal del proyecto, describe con detalle.
«Las hacían mediante capas de gravas cada vez más finas, con la capa de rodadura formada por una gravilla fina compactada», explica Pau de Soto, investigador principal de Itiner-e.
El diseño incluía además sistemas de drenaje pensados para resistir lluvias intensas sin deformar la superficie, una solución que explica por qué fragmentos de estas vías permanecen visibles, o incluso bajo el asfalto moderno, casi veinte siglos después de su construcción. La cultura vinculada al patrimonio arqueológico convive así con debates paralelos sobre su financiación, como el que recoge el reciente episodio de Veintiuno, que reivindicó que «la cultura o es subvencionada o no existe».
