Las comisiones de investigación no requieren mayorías cualificadas ni la aprobación del Senado, lo que las convierte en la vía más inmediata para fiscalizar al Ejecutivo. Entre los asuntos que se barajarían figuran las finanzas del presidente, un terreno ya explorado durante su primer mandato, cuando la Cámara reclamó sin éxito definitivo sus declaraciones fiscales ante los tribunales. Si logran la mayoría, los demócratas podrían nombrar presidentes de comisión con capacidad de citar a testigos y reclamar documentación.
El procedimiento de impeachment, recogido en el artículo I de la Constitución estadounidense, exige una mayoría simple en la Cámara de Representantes para la acusación y una mayoría de dos tercios en el Senado para la destitución efectiva. Esa doble exigencia explica por qué, incluso con una victoria demócrata en la Cámara, un tercer proceso tendría escaso recorrido mientras el Senado permanezca bajo control republicano, una circunstancia que estos comicios, en los que solo se renueva un tercio de la cámara alta, difícilmente alterarían.
La estrategia se apoyaría en el precedente de la Cámara entre 2019 y 2021, cuando la mayoría liderada por Nancy Pelosi impulsó el primer impeachment contra Trump por la llamada a Ucrania y, en enero de 2021, el segundo, tras el asalto al Capitolio del 6 de enero. Ninguno prosperó en el Senado, donde se requieren dos tercios para la condena, pero ambos dejaron un marco procedimental que serviría ahora de referencia para un eventual tercer intento.
Rumores de fraude antes del martes
El clima previo a la votación está marcado por la circulación de mensajes del entorno trumpista que cuestionan de antemano la limpieza del proceso electoral, en un contexto de riesgo de pérdida del Congreso para el Partido Republicano. La dinámica recuerda a la de los comicios presidenciales de 2020, cuando denuncias de fraude sin respaldo judicial alimentaron la crisis que desembocó en el asalto al Capitolio.
El resultado de las legislativas de este martes determinará si los demócratas disponen de la mayoría necesaria para activar formalmente estas comisiones. La composición final del Senado, por su parte, seguirá marcando el límite de cualquier intento de destitución, tal como ocurrió en los dos procesos anteriores contra Trump.
El vuelco afectaría a una Casa Blanca que afronta varios frentes abiertos, desde la tensión con Irán que la diplomacia intenta desactivar junto a Israel y Estados Unidos hasta la gestión de la ayuda militar a Ucrania tras el reciente desbloqueo de misiles Patriot. Una Cámara de Representantes en manos demócratas complicaría la capacidad del Ejecutivo para avanzar su agenda legislativa durante la segunda mitad del mandato.