El término procede del inglés 'cushion', cojín. "Se trata de una conducta en la que, normalmente de una manera inconsciente, una persona mantiene conexión con otras personas fuera de la relación principal por si esta fracasa. Es como un colchón o una red de seguridad", expone Moreno, que matiza que ello no implica que quien lo practica quiera terminar su relación, que esta vaya mal o que busque un sustituto. Los expertos lo describen como una estrategia de regulación emocional frente a la incertidumbre.
La sexóloga sostiene que el contexto actual favorece el fenómeno: "Tenemos una ventana más abierta y generosa a tener más relaciones. Las aplicaciones nos han ayudado mucho a ello". A ello suma el llamado efecto FOMO —del inglés 'fear of missing out', el miedo a perderse algo— que lleva a dudar de si la relación vivida es la mejor opción. "Esto genera mucha ansiedad e incluso una parte de insatisfacción constante porque se puede dudar de si uno se está perdiendo cosas mejores", explica.
Moreno traza una frontera clara entre esta práctica y una relación extraconyugal, empezando por las expectativas depositadas en la tercera persona.
"Con un amante buscas una aventura, pasar un buen momento, vivir experiencias transgresoras sin necesidad de compromiso. En cambio, con el 'cushioning' mantienes a alguien en reserva porque lo proyectas como una posible pareja a largo plazo si tu relación actual fracasa", remarca Eva Moreno, sexóloga de Gleeden.
Uno de los rasgos más llamativos es el desconocimiento de quienes participan en el vínculo. "No es una infidelidad y la tercera persona no es consciente de que es un colchón", afirma la especialista, que va más allá: "A veces la primera persona tampoco tiene conciencia de ese 'plan B' aunque sabe que esa persona sería la primera a la que se recurriría si la relación principal fracasa, como un paño de lágrimas".
Preguntada por si algún perfil es más propenso, Moreno no señala ni un género ni una edad concretos, aunque apunta que ocurre menos entre mayores de 60 años, porque por lo general no cuentan con tantos vínculos relacionales como para sostener una alternativa de referencia. "Es posible que una persona más joven tenga una vida social más rica y más actividad digital", comenta. Sí identifica ciertas personalidades más proclives: "Personas inseguras, que tienen una tendencia más ansiosa o que no acaban de entregarse por miedo" a experiencias pasadas o rupturas traumáticas.
La sexóloga advierte de un posible efecto colateral: "El 'cushioning' puede tener un efecto rebote de que, por tener una tercera persona ahí (y aunque sea de una manera totalmente inconsciente), uno no se esté entregando del todo a la relación principal". Y señala un escenario recurrente, el del cojín en el entorno laboral: "En terapias de pareja veo muchos casos en los que esa tercera persona es el compañero o compañera de trabajo con quien se desahogan emocionalmente, con quien realmente se abren y cuentan todo lo que les pasa y cómo se sienten".