El deterioro económico que describe Alcoba se remonta a 2018, cuando Marruecos clausuró unilateralmente la aduana comercial de Melilla, que había funcionado durante más de un siglo como vía de intercambio de mercancías entre la ciudad autónoma y el norte de África. Aquella decisión, según el relato del líder empresarial, provocó la desaparición o el traslado a la península de más de un centenar de empresas dedicadas a la exportación hacia el continente africano.
Desde entonces, la economía melillense ha quedado más expuesta al consumo interno, sin la válvula de escape que suponía el comercio transfronterizo. Esa dependencia explica, en palabras de Alcoba, la magnitud de la caída actual de ventas, que sitúa entre el 20% y el 40% según el sector.
«Desde que es el cierre de la frontera y esta situación que nos ha creado Marruecos, todos estamos en un 20 o un 40% menos de ventas porque lógicamente el consumo es interno», declaró Enrique Alcoba, presidente de los empresarios de Melilla, a la COPE.
Como respuesta a lo que considera una crisis fronteriza prolongada sin solución, Alcoba reclamó la creación de una Zona Económica Especial para Melilla. La figura, empleada en distintos territorios europeos con regímenes fiscales o aduaneros singulares, permitiría según el planteamiento empresarial paliar la pérdida de actividad comercial derivada del bloqueo y ofrecer un marco de competitividad diferenciado respecto a la península.
El dirigente empresarial fue más allá al calificar de «tomadura de pelo y una falta de respeto continuo a las dos ciudades de Ceuta y Melilla» los sucesivos retrasos en la reapertura de las aduanas comerciales, pese a las reuniones mantenidas con el Ministerio de Asuntos Exteriores. Esa crítica sitúa el foco no solo en Rabat, sino también en la respuesta del Gobierno de España frente al cierre fronterizo.
El Ejecutivo central ha anunciado un plan dotado con más de 700 millones de euros para Ceuta y Melilla, aunque Alcoba admitió desconocer el destino concreto de esas inversiones. Esa falta de detalle, sumada a la percepción de abandono institucional, alimenta el malestar empresarial en una ciudad que se presenta como primera línea de contención migratoria.
El papel de frontera exterior
«Nosotros somos el primer paso que estamos aquí para frenar y para que no invadan más, pero todos los que pasan aquí a Melilla y a Ceuta quieren pasar a la península», afirmó Alcoba durante la misma entrevista, en referencia al papel de ambas ciudades autónomas como frontera exterior de la Unión Europea con Marruecos.
El aviso de Alcoba llega en paralelo a la situación de Ceuta, donde miles de personas continúan instaladas en playas y montañas de la ciudad después del acceso masivo de inmigrantes de los días 30 y 31 de julio. El Gobierno ultima allí varios campamentos para acoger a parte de esas personas, una medida que ha generado malestar entre los vecinos del barrio del Puerto, señalado como destino de esas instalaciones.
Ceuta y Melilla comparten una condición jurídica singular como ciudades autónomas fronterizas con Marruecos, con estatutos de autonomía propios desde 1995 y una relación con Rabat marcada por episodios de tensión recurrente. En mayo de 2021, más de 8.000 personas cruzaron la frontera de Ceuta en apenas dos días tras la relajación de los controles marroquíes, en plena crisis diplomática entre ambos países.
Aquel episodio de 2021 ilustra cómo las relaciones entre España y Marruecos han oscilado entre la cooperación en materia de control migratorio y los momentos de presión fronteriza vinculados a disputas diplomáticas, entre ellas la posición española sobre el Sáhara Occidental. El cierre aduanero de 2018 en Melilla se enmarca en esa misma lógica de uso de la frontera como instrumento de negociación bilateral.
Un tejido comercial dependiente del norte de África
El desplome de ventas que describe Alcoba afecta a un tejido comercial melillense que durante décadas dependió en buena medida del comercio atípico y la exportación hacia el norte de África. La desaparición de ese flujo desde 2018 aceleró, según el líder empresarial, el traslado de empresas hacia la península, un proceso que cifra en más de un centenar de compañías.
La crisis fronteriza de Melilla coincide con otros movimientos internacionales en los que las fronteras y los flujos comerciales se emplean como herramienta de presión entre Estados, como las sanciones que el Senado de Estados Unidos aprobó contra el proyecto gasístico ruso Arctic Yamal LNG.
Alcoba insiste en que la solución pasa por una respuesta institucional clara, tanto de Rabat como de Madrid, ante una situación que, según sus palabras, ya está teniendo un coste directo sobre la actividad económica de la ciudad autónoma.


