El artista mantiene una relación estrecha con el mundo académico que se remonta a su propia biografía. Antes de convertirse en uno de los grandes nombres de la música en español, Serrat estudió Bachillerato Laboral Superior en la Universidad Laboral de Tarragona, donde obtuvo el título de tornero fresador, y más tarde se graduó como perito agrícola en la Escuela de Peritos Agrícolas de Barcelona, en 1964.
Esa trayectoria, poco conocida frente a su carrera musical, explicaría en parte el peso que el cantautor concede a los docentes que marcaron su formación. Según sus propias palabras, aquellos profesores tuvieron un papel relevante no solo en el contenido de sus estudios, sino también en aspectos como el orden mental y la búsqueda activa de conocimiento, dos elementos que sitúa en el centro de lo que debería ser la enseñanza.
El cantautor defiende una enseñanza orientada a que el alumno desarrolle una mirada propia antes que a la mera acumulación de datos. Sostiene que los profesores enseñan a pensar y a no tener miedo de las preguntas, además de contribuir a despertar la curiosidad, una idea que enlaza con el papel que él mismo atribuye a la educación como herramienta para desenvolverse en la vida y desarrollar criterio propio.
«Los profesores enseñan mucho más que lecciones; enseñan a pensar, a mirar y no tener miedo de las preguntas», Joan Manuel Serrat, cantautor.
El artista vincula esa función con su propia experiencia como estudiante en una España donde el acceso a la universidad estaba lejos de ser universal. Según sus palabras, en la época en que él llegó a las aulas solo una pequeña parte de los hijos de familias españolas podía acceder a estudios superiores, un contraste que utiliza para reclamar el refuerzo de la enseñanza pública actual.
Serrat plantea la necesidad de aumentar los recursos destinados a la educación superior y defiende una universidad pública y accesible para el conjunto de la ciudadanía, junto con mejores condiciones económicas para el profesorado. A su juicio, una mayor financiación permitiría a los docentes dedicar más tiempo tanto a la enseñanza como a la investigación, dos tareas que considera inseparables de la función universitaria.
La reivindicación de la enseñanza como fábrica de criterio conecta a Serrat con una tradición de la canción de autor española que, desde la Transición, cruzó cultura y educación: el propio músico llevó a la música los poemas de Antonio Machado en 1969 y de Miguel Hernández en 1972, dos figuras ligadas a la enseñanza pública que sufrieron el exilio y la represión. Esa memoria late en su defensa de la universidad como espacio para generar conocimiento y ampliar las oportunidades de acceso a los estudios superiores.
El mensaje del cantante, alejado de los escenarios que ocupó durante casi seis décadas, sitúa así a los profesores y a la universidad pública como elementos esenciales para fomentar el conocimiento y el pensamiento crítico entre las nuevas generaciones.


