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Vecinos del Trampolín en Ceuta denuncian intentos de entrar en sus casas

Un residente afirma haber gastado 6.400 euros en seguridad junto a un asentamiento migratorio; los afectados advierten de que acudirán a Fiscalía si no hay respuesta.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Vecinos de la playa del Trampolín, en Ceuta, denuncian desde finales de julio de 2026 intentos reiterados de acceso a sus viviendas en un entorno marcado por un asentamiento migratorio que, según fuentes policiales citadas por medios locales, reúne a miles de personas en la arena. Un residente que pide el anonimato asegura haber invertido 6.400 euros en alarmas, cámaras y vigilancia privada, y los afectados advierten de que recurrirán a la Fiscalía y a los juzgados si la situación no se corrige.

El barrio situado frente a la playa del Trampolín arrastra desde finales de julio una situación que sus residentes describen como insostenible. Un vecino que ha optado por el anonimato por temor a represalias afirma, según relatos recogidos por medios locales, haber gastado 6.400 euros en blindar su domicilio con alarmas volumétricas, cámaras de videovigilancia y un vigilante privado, tras sufrir lo que denuncia como intentos constantes de acceso no autorizado a su vivienda. «Llevo gastados 6.400 euros desde que entraron», resume el residente en las declaraciones citadas.

En la urbanización La Colina, cercana al mismo tramo de costa, los propietarios han instalado una puerta metálica de acceso restringido para controlar la entrada a la parcela común. Los residentes describen esa inversión privada como sustituta de un perímetro de seguridad que, sostienen, corresponde garantizar a las administraciones públicas.

Qué delito estaría en juego y qué haría falta para instruirlo

Ninguno de los hechos descritos ha derivado, hasta la fecha, en una causa judicial abierta con número de procedimiento conocido. Los relatos vecinales apuntan a intentos de acceso a domicilios que podrían ser constitutivos, en su caso, de un delito de allanamiento de morada —tipificado en el artículo 202 del Código Penal, con penas de seis meses a dos años de prisión— si se formalizara la correspondiente denuncia y esta prosperara en fase de instrucción. De momento no consta persona investigada, y cualquier calificación penal dependería de que los afectados presenten denuncia ante la Guardia Civil o la Policía Nacional y de que un juzgado de instrucción de Ceuta abra diligencias.

El contexto en el que se producen estos episodios es el de una presión migratoria sostenida sobre la ciudad autónoma. Ceuta mantiene desde el 30 y el 31 de julio un Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) que, según fuentes policiales, opera por encima de su capacidad ordinaria, además de un campamento estable en el arenal del Trampolín que, según estimaciones vinculadas al reparto de ayuda humanitaria por parte de Cruz Roja, se habría duplicado en los repartos. Las mismas fuentes cifran en miles a las personas asentadas sobre la arena, con más de un kilómetro de lonas.

Los vecinos consultados describen un deterioro de la convivencia: ruidos hasta la madrugada, hogueras, consumo de estupefacientes a la vista, venta ambulante de tabaco y alcohol y altercados que, según relatan, llegan a cortar el tráfico rodado cuando algún grupo se sienta en la calzada. Actividades cotidianas como pasear al perro o regresar a casa por la noche han dejado, según sus testimonios, de ser rutinarias.

El miedo a posibles represalias explica, según los propios afectados, la reticencia a protestar públicamente o a identificarse ante los medios. El vecino que cifra en 6.400 euros su gasto en seguridad condiciona cualquier declaración al anonimato, un patrón que dice repetirse entre otros residentes que temen que alzar la voz agrave la hostilidad del entorno.

En el barrio de El Guano, colindante con la playa del Trampolín, los vecinos rechazan que la zona esté perdida y reclaman poder dormir sin ruido, circular sin incidentes, acceder a sus viviendas con seguridad y utilizar la playa en igualdad de condiciones que en el resto de la ciudad. Sostienen que la presencia policial nocturna es insuficiente para cubrir el tramo y advierten de que, si no se adoptan medidas urgentes, trasladarán la inacción a la Fiscalía y a los juzgados. Esa afirmación sobre la cobertura policial no ha sido corroborada de forma oficial por el Ministerio del Interior ni por la Comandancia de la Guardia Civil en Ceuta.

Hasta la fecha, ninguna asociación vecinal ha confirmado la presentación efectiva de una denuncia colectiva ni la apertura de diligencias por parte de un juzgado de instrucción de Ceuta. La eventual judicialización marcaría el primer paso formal hacia una instrucción, que requeriría la valoración por el juez de la existencia de indicios de delito.

La Guardia Civil, según ha trascendido, mantiene activo un dispositivo de vigilancia sobre lo que las fuentes consultadas describen como un puente marítimo informal hacia Cádiz. De confirmarse oficialmente, ese extremo apuntaría a un fenómeno de movilidad posterior a la llegada que excede el ámbito vecinal y entronca con la gestión migratoria y fronteriza, competencia del Ministerio del Interior y, en su vertiente de asilo, de la Oficina de Asilo y Refugio.

Ceuta ha vivido episodios de presión migratoria intensa en el pasado, como la crisis de mayo de 2021, cuando miles de personas cruzaron la frontera con Marruecos en apenas 48 horas, un precedente que generó un intenso debate político y diplomático entre España y el país vecino, además de varias resoluciones judiciales posteriores sobre expulsiones y protección internacional. El episodio actual, más localizado en el entorno del Trampolín y el CETI, no ha alcanzado todavía una dimensión comparable en el plano institucional, aunque comparte con aquel la tensión entre capacidad de acogida y orden público.

Ni el Ministerio del Interior ni la Delegación del Gobierno en Ceuta han realizado, hasta la fecha, declaraciones públicas específicas sobre los hechos relatados por los vecinos del Trampolín y La Colina. Tampoco se ha confirmado oficialmente el coste ni la existencia de una unidad móvil de conectividad wifi en el entorno del CETI y la playa mencionada en algunos relatos vecinales, cuya instalación no ha sido corroborada por fuentes oficiales.

El desenlace del conflicto dependerá, en primer término, de si los residentes formalizan las denuncias que anuncian y de si un juzgado de instrucción de Ceuta decide abrir diligencias por los presuntos intentos de allanamiento. En paralelo, la evolución de la ocupación del CETI y del asentamiento en la arena seguirá marcada por las decisiones de la Delegación del Gobierno sobre traslados a la Península y por la respuesta del Ministerio del Interior a la presión sobre los recursos de acogida en la ciudad autónoma.

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