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Estudios: la IA sube 18% las notas de tareas y hunde 20% los exámenes

Investigaciones internacionales muestran que el uso irrestricto de chatbots eleva las calificaciones en tareas pero reduce el rendimiento sin ayuda. Panamá revisa su estrategia IA 2036.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Un conjunto de estudios internacionales, entre ellos uno que siguió a 27,000 estudiantes chinos de 12 a 18 años durante seis meses, encontró que el uso de inteligencia artificial en tareas escolares mejora las calificaciones hasta un 18% pero reduce el desempeño en exámenes sin asistencia hasta un 20%.

El hallazgo más citado proviene del estudio con estudiantes de secundaria en China. Los investigadores David Stromberg, Victor Lei y Wu Yanhui compararon a un grupo que usó asistentes de inteligencia artificial en sus tareas con un grupo de control durante seis meses. Las calificaciones de quienes usaron la herramienta subieron un 18% y el tiempo dedicado a cada asignación bajó de 64 a 45 minutos. Sin embargo, al presentar examen sin la IA disponible, el mismo grupo obtuvo resultados un 20% inferiores a los del grupo de control. Un experimento paralelo con una muestra de mil estudiantes de secundaria en Turquía, publicado en la revista PNAS por Bastani y colegas en 2025, confirmó el patrón en matemáticas: el acceso sin restricciones a un modelo de lenguaje avanzado elevó el desempeño asistido un 48%, pero los resultados en examen sin ayuda cayeron un 17%.

La explicación de por qué ocurre esto podría estar en un hallazgo del MIT Media Lab. Investigadores liderados por Nataliya Kosmyna midieron con electroencefalogramas a personas mientras escribían ensayos, con y sin asistencia de un chatbot. Quienes usaron la herramienta mostraron menor conectividad neuronal y apenas podían recordar lo que habían escrito minutos antes. Los autores del estudio denominaron ese fenómeno «deuda cognitiva», en referencia a un déficit de aprendizaje que se acumula pese a la mejora aparente en la tarea inmediata.

No toda la evidencia disponible es negativa. Un ensayo de la Universidad de Harvard, conducido por Kestin y su equipo en 2025, mostró que una inteligencia artificial diseñada para cuestionar y guiar —en lugar de simplemente responder— generó más aprendizaje en menos tiempo que una clase activa tradicional. Estudiantes universitarios del Middlebury College que aprendieron con chatbot mantuvieron la ventaja de conocimiento una semana después, y adolescentes británicos que usaron una plataforma llamada Eedi, supervisada por humanos, resolvieron problemas nuevos con más éxito que quienes solo tuvieron tutores humanos. La diferencia, según los propios investigadores, radica en el diseño: una IA que pregunta y explica frente a otra que entrega la respuesta final sin mediación pedagógica.

Lo que dice la estrategia IA 2036 y lo que le falta

La discusión no es menor para el sistema educativo panameño. La Estrategia IA 2036, presentada como hoja de ruta del país en materia de inteligencia artificial, contempla integrar el pensamiento computacional al currículo desde primaria y capacitar a los docentes para identificar errores generados por estas herramientas. El documento prioriza, además, el cómputo local en planteles sin acceso constante a internet, un problema que persiste en corregimientos rurales y comarcas indígenas según reportes del propio Ministerio de Educación.

Especialistas en política educativa señalan tres vacíos en el documento. El primero, que no diferencia entre una IA que guía y pregunta y otra que entrega la respuesta final —la distinción que, en la evidencia citada, separó a los estudiantes chinos que perdieron un 20% en la evaluación de los universitarios que aprendieron más—. El segundo, que no contempla rediseñar la evaluación para que las tareas asistidas dejen de ser el criterio principal de nota. El tercero, que no fija un límite de edad para el uso independiente de estas herramientas en el aula.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) recomienda no permitir el uso independiente de estas herramientas antes de los 13 años, bajo el argumento de que los niños en edad escolar temprana aún están formando habilidades básicas de lectura, cálculo y razonamiento que la inteligencia artificial puede sustituir antes de que se consoliden. La Estrategia IA 2036, a diferencia de esa recomendación, no establece ese umbral.

En el frente de la evaluación, la Universidad de Princeton, en Estados Unidos, anunció en mayo de 2026 que a partir de julio exigiría supervisión presencial en todos sus exámenes, poniendo fin a 133 años de un sistema de honor académico que permitía a los estudiantes presentar pruebas sin vigilancia directa. La facultad de esa universidad citó como razón la dificultad de detectar el uso de inteligencia artificial y de dispositivos electrónicos durante las evaluaciones, una medida que ilustra el tipo de rediseño que, según los estudios, resulta necesario cuando la tecnología se generaliza.

El Ministerio de Educación panameño ha defendido en distintas presentaciones públicas que la estrategia busca priorizar el objetivo pedagógico por encima de la tecnología, y que la capacitación docente contemplada apunta a que los maestros identifiquen cuándo una herramienta de IA está sustituyendo el razonamiento del estudiante en lugar de acompañarlo. Organizaciones gremiales de docentes, por su parte, han pedido en foros recientes que cualquier estrategia de digitalización educativa incluya protocolos claros sobre evaluación, para evitar que las tareas asistidas por IA se conviertan en el criterio principal de calificación.

El precedente panameño más cercano en materia de reforma educativa vinculada a tecnología se remonta a los programas de conectividad escolar impulsados desde la década de 2000, cuando el país buscó cerrar la brecha digital entre escuelas urbanas y rurales mediante dotación de equipos de cómputo, con resultados desiguales según evaluaciones posteriores del propio Ministerio de Educación. Ese antecedente alimenta hoy la cautela de especialistas que advierten que la sola introducción de tecnología, sin un diseño pedagógico y de evaluación que la acompañe, no garantiza mejores aprendizajes.

Las lecciones que se derivan de la evidencia internacional apuntan en una dirección relativamente consistente: usar la inteligencia artificial para explicar procesos y no para entregar respuestas finales, conservar espacios de práctica sin asistencia tecnológica, evitar el acceso irrestricto en la etapa escolar temprana y rediseñar la evaluación para que mida lo que el estudiante realmente sabe, y no lo que sabe pedirle a un modelo de lenguaje.

La discusión sobre estos ajustes a la Estrategia IA 2036 se anticipa como parte de la agenda educativa panameña en los próximos meses, en la medida en que el Ministerio de Educación continúe con la implementación de sus componentes curriculares y de capacitación docente. No consta, hasta el momento, un calendario oficial de revisión del documento ni anuncios de cambios normativos que incorporen límites de edad o protocolos de evaluación específicos frente al uso de estas herramientas en las aulas oficiales del país.

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