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Emisario de Trump promovería acuerdos petroleros con Venezuela, según fuentes

Un intermediario ligado al entorno del presidente estadounidense habría impulsado contactos para reactivar contratos de crudo bajo la premisa de priorizar intereses de EE. UU.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Un hombre de confianza del presidente de EE. UU., Donald Trump, identificado como Betancourt, habría promovido acercamientos con el gobierno venezolano para explorar acuerdos petroleros bajo la lógica de «EE. UU. primero», según fuentes familiarizadas con las gestiones citadas este martes 18 de agosto de 2026.

El nombre de Betancourt figuraba hasta ahora en círculos diplomáticos como el de un operador cercano al entorno de Trump con capacidad de interlocución directa con funcionarios venezolanos, algo que adquiere relevancia mientras Washington evalúa el futuro de las licencias petroleras otorgadas a compañías extranjeras que operan en Venezuela. Según las mismas fuentes, hasta hace poco el intermediario evitaba pisar territorio estadounidense por temor a una investigación en curso en ese país, un dato que ninguna autoridad —ni estadounidense ni venezolana— ha confirmado públicamente y que introduce dudas sobre la naturaleza exacta de su papel.

Ni la Casa Blanca ni el gobierno de Nicolás Maduro han confirmado oficialmente el contenido ni el alcance de las gestiones atribuidas a Betancourt, por lo que el episodio permanece en el terreno de las versiones extraoficiales. Tampoco existe confirmación institucional de que sus contactos con Caracas cuenten con el respaldo formal del Departamento de Estado o de otras agencias del gobierno estadounidense, lo que relativiza el peso real de su intermediación mientras no haya pronunciamientos formales.

Por qué Bogotá mira de reerca cualquier movimiento con Caracas

Para Colombia, cualquier giro en la política petrolera hacia Venezuela tiene lectura inmediata. Los más de 2.200 kilómetros de frontera que comparten ambos países, según el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, sitúan a Bogotá como observador de primera línea de una eventual reactivación económica venezolana, con efectos potenciales sobre el contrabando de combustible, el tránsito migratorio y la seguridad en departamentos como Norte de Santander y Arauca. La migración venezolana se mantiene como uno de los mayores desafíos humanitarios del hemisferio, con cerca de 2,8 millones de personas registradas en el país, según Migración Colombia.

El gobierno colombiano ha mantenido una política de acercamiento con Caracas desde el restablecimiento de relaciones diplomáticas y la reapertura del paso fronterizo, decisiones adoptadas en los primeros meses de la actual administración. Ese giro contrasta con el historial de tensión de la última década: Bogotá rompió lazos con el gobierno de Maduro tras las elecciones presidenciales de 2018, en un distanciamiento que mantuvo cerrada la frontera y suspendida la cooperación consular durante años.

La política de Washington hacia Venezuela ha oscilado entre el aislamiento máximo y la flexibilización pragmática. Durante la primera administración de Trump se impusieron sanciones severas a Petróleos de Venezuela (Pdvsa), mientras que en periodos posteriores se autorizaron licencias específicas a operadoras extranjeras para extraer y exportar crudo bajo condiciones estrictas de supervisión del Departamento del Tesoro estadounidense. Ese mecanismo de licencias —revocables y condicionadas— es el marco jurídico bajo el cual se ha permitido, de forma acotada, la actividad de petroleras en territorio venezolano pese al régimen de sanciones vigente.

El precedente de la cooperación energética fronteriza

El antecedente más citado por analistas colombianos es la cooperación petrolera de los años noventa, cuando Ecopetrol y Pdvsa mantenían acuerdos de intercambio de crudos livianos y pesados en la zona de frontera. Aquella colaboración energética se interrumpió con el deterioro político posterior y hoy sirve de referencia para calibrar hasta qué punto un nuevo acercamiento entre Washington y Caracas podría reabrir espacios de coordinación regional.

Fuentes del sector energético colombiano advierten que Ecopetrol vigila cualquier señal de reactivación de la industria petrolera venezolana, dado que un eventual repunte de las exportaciones de crudo de ese país podría alterar los precios regionales y la dinámica de oferta en el Caribe. Las mismas voces sostienen, sin embargo, que es prematuro anticipar efectos concretos sobre el mercado colombiano mientras no se confirme el alcance de las gestiones.

La Casa de Nariño no se ha pronunciado oficialmente sobre las gestiones atribuidas a Betancourt.

En el Congreso de la República, congresistas de las comisiones de relaciones exteriores han reclamado en debates de control político anteriores mayor claridad sobre el rumbo de la política exterior colombiana frente a Venezuela, en un asunto que combina cooperación fronteriza, control migratorio y comercio binacional. Analistas en Bogotá recuerdan, además, que la política venezolana de EE. UU. ha estado sujeta históricamente a tensiones internas entre sectores partidarios de la presión máxima sobre Maduro y otros que privilegian la estabilidad energética y migratoria regional, un debate que repercute directamente en la agenda con Colombia.

De confirmarse un acercamiento sustancial en materia petrolera, Colombia tendría que definir su posición frente a un eventual repunte de la producción venezolana y sus efectos sobre los acuerdos de cooperación fronteriza vigentes, incluidos los mecanismos de control migratorio y comercial que ambos gobiernos han venido construyendo desde el restablecimiento de relaciones. Por ahora, el episodio queda pendiente de pronunciamientos formales de las partes implicadas, que hasta la fecha guardan silencio sobre el papel y el mandato del intermediario.

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