La celebración tiene su epicentro en el Santuario Nacional de la Virgen de la Caridad, en el poblado de El Cobre, provincia de Santiago de Cuba, en el oriente de la isla. Ese templo fue declarado Monumento Nacional cubano en 2012 y constituye, según la tradición religiosa, el lugar donde reposa la imagen original de la Virgen desde hace más de cuatro siglos.
Según la leyenda recogida por la tradición católica cubana, en 1612 tres buscadores de sal hallaron la imagen flotando en las aguas de la bahía de Nipe, en el oriente cubano, sobre una tabla con la inscripción «Yo soy la Virgen de la Caridad». Desde entonces, la advocación se convirtió en símbolo de identidad nacional, con un arraigo popular comparable al que en otros países de la región tienen sus patronas marianas.
Una de las participantes en la procesión habanera, Natividad Sánchez, dijo a la agencia EFE que es devota de la Virgen desde hace tres décadas. «Soy devota de la Caridad del Cobre desde hace treinta años, es una santa que quiero mucho y hasta ahora he tenido felicidad, salud y hoy le he pedido que nos dé mucha salud, reunificación y mucha paz, que nos hace mucha falta», relató, en alusión directa a la coyuntura que atraviesa la isla.
Otra fiel, Maritza Abreu, contó que acude cada año con sus dos hijos, por quienes hizo una promesa durante el embarazo. «Le traigo ofrendas de velas, flores, pero también le he pedido mucha salud y bendiciones y que resguarde al pueblo cubano», señaló. Roberto Álvarez, otro de los asistentes, atribuyó a la Virgen su supervivencia tras un accidente: «Estoy vivo gracias a ella por un accidente que tuve y mi esposa pidió por mí: se hizo el milagro y estoy vivo aquí», agregó.
La Virgen Mambisa y su doble lectura religiosa
La Patrona de Cuba es conocida también como la «Virgen Mambisa», en referencia al papel que tuvo entre los independentistas cubanos durante su alzamiento contra la colonia española en el siglo XIX. La advocación mariana quedó así asociada tanto a la fe católica como al sentimiento nacionalista cubano desde sus orígenes, un vínculo entre religión y patria que en la región caribeña acompañó buena parte de las gestas de independencia.
Para la santería y otros cultos afrocubanos derivados de la tradición yoruba, la Caridad se identifica con Oshún, deidad vinculada a las aguas dulces, el amor, la fertilidad y la sensualidad femenina. Esta doble adscripción religiosa —católica y afrocubana— convierte la festividad del 8 de septiembre en una de las citas de mayor convocatoria popular en la isla, con una fuerte raíz sincrética característica de la región.
El Santuario de El Cobre resguarda, según la tradición eclesiástica cubana, miles de ofrendas y objetos dejados por fieles a lo largo de los siglos, entre ellos la medalla del Premio Nobel de Literatura de 1954 que depositó allí el escritor estadounidense Ernest Hemingway, junto con numerosos agradecimientos por milagros cumplidos. El templo funciona también como archivo viviente de testimonios de creyentes que atribuyen a la Virgen la resolución de situaciones personales críticas.
Las obras de restauración recientes en el Santuario devolvieron la iluminación a la cruz de la torre mayor de la basílica y repararon la escultura de un ángel de mármol en la entrada del recinto, además de vitrales y otros elementos dañados por el huracán Melissa a su paso por el oriente cubano en octubre de 2025. Ese fenómeno meteorológico afectó de manera significativa a la provincia de Santiago de Cuba, y la reconstrucción del santuario se sumó a los trabajos de recuperación que aún continúan en la región.
En la misa oficiada este martes en El Cobre, el arzobispo de Santiago de Cuba, Dionisio García Ibáñez, insistió en que «el único camino para el bien, para el progreso de los cubanos, nace de la libertad y el respeto, y de escuchar, aceptar, y cumplir en la vida personal y social la voluntad de Dios», un mensaje que se enmarca en el contexto de dificultades económicas y de suministro energético que enfrenta la población.
La coyuntura que atraviesa Cuba, marcada por restricciones en el suministro eléctrico y dificultades de abastecimiento, ha llevado a que las peticiones formuladas por los fieles durante esta festividad giren de forma recurrente en torno a la salud, la reunificación familiar y la paz social, según los testimonios recogidos durante la jornada. La procesión, en ese sentido, funciona no solo como acto de fe sino como espacio de expresión colectiva ante circunstancias que afectan la vida cotidiana de buena parte de la población.
La festividad de la Caridad del Cobre, que cada 8 de septiembre convoca a devotos de distintas generaciones, mantiene su condición de símbolo de identidad que trasciende las fronteras de la isla. En las comunidades cubanas radicadas fuera del país la fecha suele conmemorarse de manera privada en parroquias y encuentros comunitarios, aunque sin la escala ni la centralidad que reviste en Cuba, donde la advocación mariana articula desde hace siglos fe, memoria histórica y sentimiento nacional.