El casco histórico de Sovana puede recorrerse a pie en apenas un par de horas, pero su reducido tamaño no resta densidad patrimonial. Las callejuelas empedradas, flanqueadas por edificios de piedra, conducen a los principales puntos de interés sin apenas desplazamiento, una característica que comparte con otros núcleos medievales toscanos, aunque en este caso se combina con una afluencia turística sensiblemente menor.
Sobre un espolón de toba volcánica se levantan los restos de la Rocca Aldobrandesca, fortaleza que ocupó en origen el emplazamiento de antiguas ruinas etruscas. La construcción tomó su nombre de los Aldobrandeschi, familia de origen lombardo que ejerció el dominio feudal sobre buena parte de la Maremma durante la Edad Media. En el siglo XIII el castillo pasó a manos de los Orsini, otra de las grandes casas nobiliarias italianas, antes de quedar bajo la órbita de la República de Siena y, más tarde, de los Médici, la dinastía que gobernó Florencia y gran parte de la Toscana entre los siglos XV y XVIII.
Ese tránsito de poder —de los señores feudales locales a las repúblicas-ciudad y finalmente a la gran dinastía florentina— resume en miniatura la historia política de la región durante buena parte del segundo milenio. Tras perder su función militar y administrativa, la fortaleza fue abandonada y hoy solo quedan sus ruinas, desde las que se abre una panorámica de los paisajes agrícolas de la Maremma que rodean el pueblo.
El corazón cívico de Sovana es la Piazza del Pretorio, una plaza de trazado sencillo que conserva su pavimento original. En su perímetro se levantan la iglesia de Santa Maria, con frescos en su interior, y la antigua iglesia paleocristiana de San Mamiliano, integrada hoy en el Palazzo Bourbon Del Monte. El edificio más fotografiado del conjunto es, sin embargo, el Palazzo dell'Archivio o Palazzo Comunale, sede del ayuntamiento desde su construcción en el siglo XII, reconocible por su campanario y su reloj.
La localidad cuenta además con su propia catedral, dedicada a San Pedro y San Pablo, erigida entre los siglos VIII y IX sobre el solar que históricamente ocupó la acrópolis etrusca. El edificio se considera una de las muestras más relevantes del estilo románico-gótico en la Toscana, con una portada de esculturas y capiteles ornamentados.
Una alternativa a las rutas más saturadas
La Toscana concentra algunos de los pueblos medievales más visitados de Italia, entre ellos Volterra, San Gimignano y Pitigliano, que reciben un volumen de turistas considerablemente superior al de Sovana. Esa disparidad ha alimentado en los últimos años la búsqueda de «la otra Toscana», la de los núcleos rurales menos conocidos, como respuesta a la masificación turística que afecta a buena parte de las ciudades de arte italianas, desde Florencia hasta Venecia. El debate sobre la presión turística ha llevado a administraciones locales de distintas regiones italianas a promover itinerarios alternativos por comarcas menos transitadas, como la propia Maremma.
La gastronomía local forma parte de ese atractivo. Entre los platos que pueden degustarse en las tabernas del centro histórico figuran las elaboraciones con jabalí, habitual en la cocina de la Maremma por la abundancia de caza mayor en la zona; el acquacotta, sopa campesina tradicional a base de verduras, pan duro y huevo; y postres como la mousse de ricotta con piñones y miel, propios del recetario toscano.
La Via del Duomo articula el recorrido principal del pueblo, aunque las calles adyacentes ofrecen rincones adicionales de interés arquitectónico. La combinación de patrimonio religioso, civil y militar en un espacio tan reducido es una característica que comparten otros enclaves etruscos de la región, cuya continuidad urbana se remonta en algunos casos a más de dos milenios.
Sovana no es un caso aislado dentro de la comarca. En sus inmediaciones se encuentran otros núcleos de origen etrusco y medieval que completan la conocida como ruta del tufo —la roca volcánica sobre la que se asientan estas poblaciones—, que incluye vías cavadas en la piedra, las llamadas vie cave, utilizadas ya en época etrusca como rutas de comunicación y, según algunas hipótesis arqueológicas, con función ritual.
El interés por destinos rurales de este tipo responde a un objetivo doble: aliviar la presión sobre los enclaves más saturados y sostener económicamente a municipios pequeños con escasa población permanente. Sovana ofrece un recorrido pausado que combina patrimonio y gastronomía y que, según coinciden quienes lo han visitado, puede completarse en una mañana antes de continuar por el resto de la ruta del tufo, en el sur de la Toscana.


