Los compradores desembolsaban cantidades a cambio de un papel de aspecto dorado con el argumento de que su valor se multiplicaría con el paso del tiempo. El respaldo real de esa revalorización nunca quedó acreditado en el reportaje, más allá de la palabra de quienes lo promocionaban, que presentaban los billetes como una inversión destinada a convertirse en fortuna.
Los reporteros del programa siguieron el rastro del dinero hasta localizar a compradores y a personas del entorno cercano de Romero, y recuperaron grabaciones de reuniones en las que se exponían previsiones de revalorización futura. El equipo logró además hacerse con algunos de los billetes adquiridos por los clientes, que exhibió como prueba material de la mercancía que circulaba en la operación.
La investigación periodística terminó con una entrevista al propio Romero, quien negó ante las cámaras haber estafado a nadie. El empresario reconoció, sin embargo, un extremo que el reportaje señala como el más comprometedor de toda la trama.
«Los billetes, en sí, no valen nada», declaró Salvador Romero, empresario gaditano señalado en la investigación, ante las cámaras de Equipo de investigación.
Romero sostuvo, pese a esa admisión, que un bufete de abogados le había trasladado la posibilidad de que esos billetes se revalorizaran en el futuro. El empresario se negó a identificar a ese despacho, lo que impidió al programa contrastar la versión con la firma aludida. La contradicción entre reconocer que el producto carece de valor y defender al mismo tiempo que un asesoramiento legal avalaba su rentabilidad constituye, según la propia investigación, el eje del presunto engaño.
El patrón de los fraudes de coleccionismo
El esquema descrito por el reportaje —un objeto de apariencia valiosa, la promesa de revalorización y la opacidad sobre quién lo respalda— responde a un patrón habitual en fraudes vinculados al coleccionismo y a productos de inversión alternativa, donde la ausencia de un mercado regulado y de un tasador independiente dificulta que el comprador verifique el valor real antes de pagar. La Comisión Nacional del Mercado de Valores advierte desde hace años sobre este tipo de productos no regulados, que quedan fuera de la supervisión que sí alcanza a los instrumentos financieros tradicionales.
En el ámbito penal, la estafa está tipificada en el artículo 248 del Código Penal, que exige engaño bastante para producir error en otra persona y un desplazamiento patrimonial en perjuicio propio o ajeno. El reportaje no precisa si existe una causa abierta contra Romero en algún juzgado ni en qué fase se encontraría. Mientras no conste una imputación formal ni un procedimiento judicial, el empresario mantiene la presunción de inocencia, y su negativa a haber estafado a nadie queda recogida en el propio espacio.
El reportaje de este viernes cambia de registro respecto al de la semana anterior, cuando el espacio dirigido por Gloria Serra dedicó el programa a los grandes tenedores de vivienda a raíz del caso de Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años desahuciada en el barrio de Retiro de Madrid tras 71 años en el mismo piso. Aquel reportaje, titulado Grandes caseros, repasó también el perfil de inversores que acumulan decenas de inmuebles, incluido un empresario que aseguraba haber llegado a poseer 200 propiedades y 200 hipotecas.
Aquella pieza sobre los grandes tenedores entronca con la actualidad política reciente: el caso Abascal cobró relevancia después de que se conociera que Pedro Sánchez pidió a José Luis Ábalos dar publicidad a otro caso de desahucio, tal y como recogió El Hemiciclo en la pieza sobre cómo Sánchez intentó promover con Ábalos otro caso Maricarmen.
Grandes caseros marcó un 3,9% el 2 de octubre
Grandes caseros logró el pasado viernes 2 de octubre un 3,9% de cuota de pantalla y 225.000 espectadores, según los datos de audiencia del propio espacio. Las repeticiones posteriores, tituladas La guerra por una habitación y Minipisos, registraron un 3% con 100.000 espectadores y un 4,9% con 95.000 espectadores, respectivamente.
Equipo de investigación continúa siendo uno de los programas de referencia de laSexta en la franja de los viernes por la noche, aunque sus cifras quedan por detrás de las que logran en las últimas semanas competidores como ¡De Viernes! y La Voz, que se disputan el liderato de audiencia en ese horario.
La fiscalización de operaciones que prometen rentabilidades extraordinarias con productos atípicos —ya sean billetes de colección, criptoactivos o inmuebles— es un terreno recurrente para el periodismo de investigación televisivo, en paralelo a piezas que han destapado opacidad en la gestión de fondos públicos, como la que reveló que Transportes ocultó en Transparencia 75.000 euros en viajes de un alto cargo.
La frase de Romero resume la contradicción que vertebra el reportaje: reconocer que los billetes no valen nada mientras se apoya en un bufete que no quiere nombrar para sostener que algún día se revalorizarían.

